¿Dónde estaban las mujeres de Greenpeace?

Escribo esta primera Mecedora del nuevo año, y lo hago acompañada de María Luisa Toribio. Amiga y compañera de camino, sueños y trabajos durante muchos años. Ella está en la sierra de Madrid, observando desde su ventana la vida y el desarrollo de las cigüeñas que anidan a pocos metros de su casa. Yo estoy en el Mediterráneo que desde hace un tiempo que ha acogido como lugareña de este sitio maravilloso. Aquí no hay cigüeñas, pero las golondrinas y las gaviotas pasan tan cerca de mi ventana que casi las puedo tocar con la mano. A las dos nos encanta y nos preocupa la naturaleza, el medio ambiente, la Pacha Mama… A María Luisa mucho más que a mí, es una gran activista y desde hace mucho tiempo, tanto que se unió a Greenpeace casi desde sus inicios en España. Y ahora, en el 50 aniversario de esta organización, en nuestra conversación, a través de nuestro ordenador, ella en su mecedora verde y yo en la mía violeta, hablamos sobre ello.

María Luisa ¿cómo te enrolaste en Greenpeace y por qué? 

«Recuerdo las imágenes de las acciones de Greenpeace en sus primeros años. Se interponían con sus zódiac entre el arpón y la ballena, o se situaban debajo de los bidones con residuos radiactivos que tiraban al mar desde barcos. Me atraía profundamente aquella determinación.

Y recuerdo el impacto que me produjo la noticia de que Greenpeace abría una oficina en España. Era 1984 pero tengo grabado aquel momento.

Yo había estudiado biología y tenía claro que quería ser parte de lo que pasaba en el mundo. Pertenezco a la generación que se pegaba a la televisión fascinada con Félix Rodríguez de la Fuente y con los documentales de Cousteau. El medio ambiente era una de mis inquietudes.

Así que un día me presenté en la pequeña oficina de Greenpeace en Madrid: “soy bióloga y me gustaría colaborar”. Una mesa con un montón de cartas, sobres y sellos fue mi primera tarea.

Pero por aquellas imágenes pareciera que Greenpeace era una organización de hombres fornidos y aptos para las grandes acciones. Sin duda esa era la imagen. Siempre hemos mostrado con orgullo la foto de la tripulación del primer barco, el Philiphs Cormack, que en 1971 partió hacia Alaska para intentar evitar una prueba nuclear de Estados Unidos. Eran todos hombres… pero el tiempo nos depararía una sorpresa.

Hace unos años, el Equipo de Género de Greenpeace España decidió indagar en los orígenes, porque aparecían los nombres de algunas mujeres pero muy difuminados. ¿Qué papel jugaron Marie Bohlen, Dorothy Stowe, Zoe Hunter, Dorothy Metcalfe?

Pues resulta que la idea de fletar un barco para navegar hasta Amchitka (Alaska) fue de Marie. Y que Dorothy S. organizaba, acogía y cuidaba las reuniones del grupo; la cocina de su casa fue la primera “oficina” de Greenpeace. Dorothy M. montó una sala de radio en su casa para narrar al mundo la expedición y lideró los contactos con el Gobierno y parlamentarios canadienses para que presionaran a Estados Unidos. Zoe se centró en la expedición y el aprovisionamiento del barco. Participaron en la organización de un concierto para recaudar fondos… Fue desconcertante descubrir que además de fundadores habíamos tenido fundadoras.

Pese al trabajo fundamental de las mujeres, la imagen de Greenpeace ha sido la de un grupo de hombres fornidos y arrojados. De hecho, en la inspiración y el liderazgo de aquel grupo de mujeres estuvo el origen de la forma de hacer campañas de Greenpeace, pero no formaron parte de la tripulación y no estuvieron en la foto que dio la vuelta al mundo».

¿Crees que después de 50 años de historia, tiene presente y futuro Greenpeace?

«Lamentablemente, sí. Décadas de campañas ecologistas –de Greenpeace y de otras organizaciones– han logrado éxitos notables y una toma de conciencia mucho más amplia, pero a pesar de ello vivimos una profunda crisis ambiental a nivel global.

El cambio climático y la pérdida de biodiversidad ponen en jaque las bases de la vida en todo el planeta. Ya no basta con las organizaciones ecologistas, es toda la sociedad la que tiene que implicarse. Hacen falta muchas voces, muchas manos, para dar la vuelta al sistema y poner la vida por delante. Pero en este proceso de cambio radical, que necesariamente tiene que ser rápido, el conocimiento, la experiencia y la audacia de una organización como Greenpeace resultan inspiradores. Creo que sigue siendo imprescindible».

Y seguimos hablando. Y nuevamente compruebo cómo en todos los ámbitos sociales, también en los llamados progresistas, las mujeres hemos sido ninguneadas, ocultadas, olvidadas, invisibilizadas… parece como si la historia sólo la hubiesen hecho los hombres.

Y mira por donde me viene a la cabeza una frase que de joven tenía escrita en mi habitación: “No cansarme nunca de estar empezando siempre”. Voy a dar una mano de pintura violeta a mi mecedora. Seguimos, queda mucho camino por recorrer hasta la igualdad real.

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