Revuelta para el presente y el futuro

En la Iglesia, en ocasiones, decimos valorar lo pequeño pero, con frecuencia, no deja de ser una declaración de intenciones que no terminamos de incorporar a nuestro mapa mental y emocional.

Si escuchamos la palabra de Jesús, esta actitud en él es recurrente (la pequeña semilla de mostaza, el óbolo de la viuda, las palabras sencillas pero firmes de la mujer sirio fenicia, el suave toque de la hemorroísa a su túnica…).

La Revuelta de mujeres en la Iglesia nace pequeña y, a día de hoy es, también, una pequeña experiencia. Y convendría no olvidarlo para volver a ese origen cuando las fuerzas flaqueen y las dificultades se hagan más patentes. 

Que algo nazca pequeño en el contexto de la comunidad eclesial le da garantía para no perder el norte y mantener los pies asentados en la tierra buena del Espíritu/Ruah y, desde esa tierra, las mujeres de la Revuelta están recorriendo un camino con sentimiento de estar construyendo historia.

Los signos de los tiempos, otra referencia de la palabra de Jesús, venían avisando ya desde antiguo: la genealogía de mujeres a las que las de la Revuelta rinden homenaje en sus reivindicaciones, encuentros y celebraciones prefijaban una autoconciencia en la que no coincidían el saberse con el estar. Porque la reflexión de la que nacen las reivindicaciones de las revoltosas surge de un saberse sujetos de plenos derechos y un estar en un territorio físico e ideológico que se los niega: el sistema patriarcal que atraviesa a la Iglesia.

Este desajuste ha tenido diversas características en los diferentes tiempos históricos y es en el S. XX cuando el movimiento feminista, civil y laico, ofrece referencias que ayudan a mujeres en la Iglesia a interpretar y reivindicar su lugar en la institución.

Por eso muchas de las mujeres de la Revuelta de hoy son las de los colectivos que, en los años setenta, ochenta y noventa, iniciaron un camino de reflexión, reconocimiento y celebración como mujeres que ejercían y reivindicaban su realidad y sus derechos en el seno de la Iglesia, machista y patriarcal en sus reflexiones y comportamientos.

Una de las buenas noticias que acompañan este proceso que eclosiona como Revuelta en 2020 es que hermanas pequeñas, hijas y nietas de aquéllas también se han vinculado y se reconocen revoltosas. La otra buena noticia es que el movimiento se ha producido a nivel internacional lo que supone una diversidad que nos enriquece y hace más fuertes para soñar y prefijar la Iglesia otra por venir.

Vivimos, en medio de tanto dolor e incertidumbre mundial, un rayo de esperanza (entre otros), caminando en este 2022 hacia el Sínodo de mujeres que permitirá llevar en octubre, a Francisco y a la comunidad eclesial, voz, grito y propuestas de vida digna en la Iglesia, para todas y todos, hasta que la igualdad se haga costumbre.

Porque la Revuelta es imparable, no olvidemos que procede de lo pequeño.

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