El Via Crucis

Hace unos meses comentaba, en este mismo espacio, mi interés y mi gusto por el cine cuando este es un reflejo de lo que vive la sociedad.

Este año he podido disfrutar nuevamente del Festival de cine Málaga y les aseguro que he visto muy buenas películas.

Tuve la suerte de ver Sorda, ópera prima de la murciana Eva Libertad y ganadora del premio a la Mejor Película, Mejor Actriz, Actor y Premio del Público. Interpretada por una excelente Miriam Garlo, actriz no oyente, nos muestra los miedos y los retos a los que se enfrentan las personas sordas ante la maternidad y las relaciones de pareja. Si pueden, no se la pierdan.

Hay una película que no ha tenido tanta repercusión en los medios y que, al menos que yo sepa, no se ha llevado ningún premio; y sin embargo creo que se merece toda nuestra atención: La Isla de los Faisanes.

Quizás el título pueda despistar un poco; al menos a mí me pasó. También los resúmenes que me había encontrado: “La isla de los faisanes es el condominio más pequeño del mundo. La mitad del año pertenece al estado español y la otra mitad al francés. Emerge en mitad del río Bidasoa, una frontera natural que separa ambos estados. Laida y Sambou, una pareja local, pasea frente a la isla. De repente, ven a dos personas cruzando el río a nado para intentar llegar al otro lado. Días después un cadáver aparece durante el intercambio de soberanía de la isla. ¿Quién se hace cargo?”

El resumen puede inducir a pensar que detrás de esto podría haber una comedia, pero no; lo que hay, una vez más, es un drama: la pasividad o la solidaridad ante el tema de la inmigración. El de las personas que salen de su país huyendo de la guerra, del hambre, de la violencia… y después de un verdadero via crucis, cuando creen que han llegado al paraíso, lo que encuentran es un verdadero calvario. En este caso, y para mí era totalmente desconocido, ese calvario se encuentra en la frontera entre España y Francia, separados por el río Bidasoa. No es el Estrecho, no es el Mediterráneo, pero también son aguas en las que muchos emigrantes han encontrado la muerte cuando buscan una vida mejor.

Estamos cerca de la Semana Santa. En muchos lugares, las personas creyentes vamos a recordar, rememorar, la vida, pasión y muerte de Jesús. Se rezará el Via Crucis y haremos un recordatorio de las catorce estaciones por las que Jesús pasó hasta la muerte. En algunos lugares se incluirá una decimoquinta estación: Y Jesús resucitó.

Para el Via Crucis de este mes de abril hago una propuesta: actualizar el de tantas y tantas personas que transitan por el camino de la emigración.

El Via Crucis de Jesús empieza cuando es condenado a muerte. El de muchas inmigrantes comienza el día que tienen que decidir dejar a su familia, su hogar, su país y caminar hacia lo desconocido, sin apenas nada, sin nadie que los acompañe. Es un largo camino en el que son vejadas, explotadas, maltratadas, muchas veces violadas… En algunos momentos se encuentran con Cirineos que intentan aliviar el peso de la cruz o Verónicas que enjugan su rostro.

Pero no nos engañemos, para muchas y muchos, el via crucis acaba en el sepulcro, con los sueños rotos y las esperanzas truncadas. Pocos son los que pueden alcanzar el sueño por el que se pusieron en camino.

Estos días en los que recordamos la vida y la muerte, tengamos muy presentes a estos crucificados que muchas veces nos encontramos en nuestro camino y conviven en nuestros pueblos y ciudades, buscando una vida mejor.

Feliz Pascua de Resurrección para todas y todos.

Autoría

  • Charo Mármol

    Nací hace ya mucho tiempo en la huerta murciana. Cuando apenas daba los primeros pasos me trajeron a Madrid y aquí se ha desarrollado toda mi vida, personal, académica y profesional. Hoy estoy felizmente jubilada y jubilosa. Gracias a mi profesión, comunicadora, he tenido la oportunidad de viajar bastante: América, África, Asia, Europa… he conocido distintas culturas, distintas realidades… y según iba aumentando mi conocimiento, iban cayendo mis seguridades, esas que cuando eres más joven te hacen creer que son inamovibles y las únicas verdaderas. He visto de primera mano las injusticias, las desigualdades… por tener distinto color de piel, distinta opción sexual, por ser pobre y sobre todo por ser mujer. A lo largo de mis ya muchos años me he encontrado con mucha gente buena que trabaja por otro mundo posible y distinto. A ellas y ellos uno mi voz y mi trabajo, en la iglesia y en la sociedad, antes y ahora. Hasta que el cuerpo aguante.

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