Los beneficios de la medicina tradicional son ilimitados. Se estima que solo en África un 80% de la población depende de los médicos tradicionales para los cuidados primarios. Muchos países del continente, a pesar de los grandes avances conseguidos en las últimas décadas, todavía encuentran problemas para garantizar el acceso equitativo de su ciudadanía a la salud. Solo la mitad de la población africana tiene posibilidad de la atención médica convencional. Es por ello, además de por razones históricas y culturales, por lo que el recurso a la medicina tradicional sigue siendo tan popular.

Es verdad que en este campo hay mucho charlatán y engañabobos que se aprovecha de la ingenuidad y buena fe de las personas para enriquecerse a su costa. Sin embargo, los muchos profesionales honestos, que son la gran mayoría, ayudan realmente a los pacientes que acuden a ellos. Yo mismo he utilizado sus servicios en varias ocasiones para rotura de huesos o esguinces, por ejemplo.

Desde hace años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) está pidiendo que organizaciones y universidades trabajen conjuntamente con estas personas, que son porteadoras de una sabiduría milenaria, para producir evidencias científicas sobre la seguridad, la eficacia y la calidad de sus remedios y curas con el objetivo de promocionarlos, difundir su uso seguro y buscar los principios que permitan que se puedan utilizar en otros campos.
Animados por este llamamiento, desde hace tiempo, algunos investigadores, doctores y farmacéuticos, con la ayuda de antropólogos, vienen desempeñando esa labor de investigación.

En 2010, la OMS lanzó unas directrices para el registro de medicamentos tradicionales en África. Estas normas están dirigidas a las autoridades nacionales encargadas de la reglamentación farmacéutica, fabricantes, profesionales de la salud tradicionales y a las instituciones dedicadas a la investigación y desarrollo de medicamentos con la finalidad de garantizar la seguridad y eficacia de los productos utilizados en esta práctica.

Este año, coincidiendo con el Día Internacional de la Medicina tradicional africana, que se celebra el 31 de agosto, el organismo de la ONU dio un paso más en su reconocimiento y promoción de esta actividad al pedir la regulación oficial de esta práctica, justamente para poder proteger a la población de las actividades nocivas y del intrusismo que, como señalábamos más arriba, cada vez es más frecuente dentro de la medicina tradicional.

Resulta necesario que los distintos gobiernos africanos legislen para crear los mecanismos, tipo colegios profesiones o comités de expertos, que controlen y certifiquen a los y las profesionales que ejercen la medicina tradicional africana.

Estos organismos serían responsables de garantizar la calidad, seguridad y efectividad de los servicios y productos de la medicina tradicional. Esto resultaría muy beneficioso para esta práctica sobre todo en zonas rurales, donde muchas veces la medicina tradicional es la única fuente disponible y asequible de atención primaria. Por eso, la adhesión por parte de los facultativos tradicionales a regulaciones estrictas, emitidas y supervisadas por los organismos controladores, ayudaría a proteger la seguridad pública al garantizar que los médicos tradicionales están debidamente capacitados y que sus prácticas están aprobadas por un organismo regulador.

Debemos congratularnos del gran esfuerzo que la OMS está realizando, a través de su Oficina Regional Para África, para garantizar la seguridad y eficacia de una práctica que es intrínseca a las diferentes culturas africanas, que recoge la sabiduría acumulada a lo largo de muchas generaciones y que, durante tantos siglos, ha beneficiado a miles de personas. Esto ha servido para protegerla del intrusismo y la mala práctica, que puede generar graves daños para la salud o, incluso, desembocar en la pérdida de vidas.

Chester Chindebvu, mozambiqueño afincado en Malawi, aprendió la medicina tradicional de su abuelo. Foto. Elson Kambalu

Chester Chindebvu, mozambiqueño afincado en Malawi, aprendió la medicina tradicional de su abuelo. Foto. Elson Kambalu