La rueda de la contaminación

 

Por Sol Demaría

El incendio del cementerio de neumáticos de Seseña (Toledo) ha traído a la actualidad un problema que ya desde hace años ha estado siendo denunciado por las organizaciones medioambientales.

El caucho, también llamado hule, es un hidrocarburo de gran importancia que se obtiene del látex de ciertos árboles de la zona tropical. Cuando Colón conoció el caucho en las Américas carecía de valor. Hasta que en el año1839, Charles Goodyear descubrió que, amasando bien el caucho con azufre y calentándolo a una temperatura superior a 100ºC,  este material no se deformaba por el calor, no era quebradizo en frío y tampoco pegajoso.

Según datos de la ONG InspirAction más de  300.000 toneladas de neumáticos se acumulan al año en España. Cada uno de ellos tarda más de 100 años en descomponerse, a causa del material del que están hechos y de su elevada elasticidad, que impide su compactación.

[quote_right]Aunque se paga una tasa, la industria del reciclaje en España no tiene suficiente volumen como para absorber toda la demanda de desechado de neumáticos.[/quote_right]

Además, el caucho es un agente muy contaminante y con elevados riesgos al ser un producto altamente inflamable que puede provocar incendios. La acumulación de este material en vertederos provoca focos de infección y enfermedades. Y, como hemos comprobado con el caso de Seseña, la quema de neumáticos producen gases perjudiciales para la salud generando dioxinas, mercurio, hidrocarburos poliaromáticos y metales pesados. Los gases contaminantes que despiden incendios como este afectan al ser humano causando graves enfermedades respiratorias y nerviosas.

El reciclaje del caucho es la solución a la enorme cantidad de neumáticos que se usan en España y en el resto del mundo. Teóricamente, el proceso de reciclado de los neumáticos lo financia cada cliente, en parte, al comprar uno en un taller abonando una tasa que va desde 0’80 € (para una rueda de ciclomotor) hasta 37’34 € (para una rueda de vehículo pesado).

Ese copago se destina a financiar a las empresas de reciclaje, conocidas como “fábricas de valorización”, que almacenan los neumáticos en vertederos controlados. Sin embargo –y pese a que la tasa se cobra en todas las ruedas sin excepción– la industria del reciclaje no tiene suficiente volumen como para absorber toda la demanda de desechado de neumáticos. Se estima que solo se recicla entre el 50 y el 60% de ellos y eso provoca que broten vertederos ilegales.

Otra vida para los neumáticos

La reutilización más directa de las ruedas es el recauchutado, que trata de preparar el neumático para volver a rodar. Esto permite reducir el número de neumáticos nuevos que se producen y, sin embargo, es una práctica en declive. En 2014, una de las empresas gestoras de este residuo contabilizó 4.800 toneladas de ruedas “revividas”, tan solo un 2’5% de lo que recogió este circuito.

Existen industrias especializadas en el reciclaje de caucho como, por ejemplo, aquellas que fabrican pavimentos anti-caídas de caucho reciclado. Estas empresas de reciclaje separan los elementos que componen el neumático: el caucho vulcanizado, el acero y las fibras.

De los neumáticos puede volver a brotar vida. Foto: Lynn DombrowskiOtras industrias aprovechan el caucho reciclado para asfaltar carreteras. El procedimiento consiste en reducir a polvo el caucho hasta llegar al milímetro de espesor. A este polvo se le añade betún, en el momento previo al asfaltado y con el resultado se aplican dos capas a la rodadura de las carreteras. Según estas empresas se obtiene, como resultado, calzadas con mayor adherencia, más silenciosas y  con mayor capacidad para evacuar y filtrar el agua. Los céspedes artificiales, los pavimentos deportivos, las pistas de atletismo y el aislamiento acústico son algunos usos que se han dado al caucho reciclado.

La reutilización menos respetuosa con el medio ambiente es la llamada «valorización energética», es decir, la incineración como combustible que se utiliza muy a menudo en las fábricas cementeras. Según el Plan Nacional de Residuos aprobado por el Gobierno de España en 2008, esta práctica no debería superar el 20% del total de neumáticos desechados. En cambio, en 2013 se quemaron unas 100.000 toneladas, cerca del 50% de lo recogido, según las memorias de las dos empresas encargadas de la gestión de este residuo en nuestro país: Signus y TNU.

Esta incineración, aunque sea controlada, libera una alta cantidad de sustancias tóxicas. «Las fábricas de cemento no están especialmente preparadas para filtrar todas estas sustancias e impedir que lleguen al aire», afirmaron desde Ecologistas en Acción en una entrevista concedida a eldiario.es.

Para frenar este desastre medioambiental es urgente promover un uso más racional de este producto. Reducir el uso del coche sería la vía mas fácil para ello. Pero también es necesaria la incidencia política para hacer que se cumplan los objetivos establecidos por el Ministerio de Industria y que se lleve a cabo el reciclaje del 100% de los neumáticos, dado que se paga una tasa por ello. Hay tarea pendiente.

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