Habría jurado que el escandalazo del Maciel habría dado al traste con la beatificación de Juan Pablo II y, en cambio, nada de nada. Y, ¿sabéis por qué? Porque cuando fue papa anuló el abogado del diablo, figura que busca los rincones menos conocidos y más polémicos para hacer a uno santo, con lo cual no vale de nada que supiera lo del Maciel o lo de los pederastas y no hiciera nada. Así, el sucesor se lo agradece porque queda como el que ha limpiado debajo de la alfombra. Además, detrás de la canonización están Valls, la antigua mano derecha con la prensa, puro Opus, a quien tanto quiso y Lech Walesa con su anticomunismo y Polonia entera detrás. No parece realmente que este papa tuviera tantos méritos para ser santo… ¡y que todavía no lo sea Juan XXIII! Y que diga la Iglesia que ha hecho el milagro de curar a una monjita con parkinson… A mí me parece un cuento para niños, ¡con la que está cayendo!
Debajo de la alfombra
- por Colaboración
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