Las profundas rupturas en la Iglesia. La iglesia arde

Andrea Riccardi

“El gran riesgo de las crisis es contentarse en sobrevivir, permanecer anclado en el presente y mirando solo a un pasado mejor”.

Andrea Riccardi es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Roma III. Romano de nacimiento, a los 18 años fundó la asociación laica Comunidad de Cristianos de Sant’Egidio (1968), consciente de la necesidad de impulsar una Iglesia diferente, “presente entre los pobres, una “Iglesia de los pobres”, según sus palabras. Hoy cuenta con más de 50.000 miembros, presente en más de 70 países.

Riccardi es un estudioso del cristianismo y ha plasmado sus análisis en numerosos libros. Su preocupación por el futuro de esta religión se diría que se incrementó al ver el incendio de la catedral de Nôtre-Dame. Su último libro se titula La Iglesia arde y el autor reflexiona: “Nôtre-Dame arde y el cristianismo se apaga”. Para el autor, la imagen de la catedral en llamas materializa la crisis del cristianismo no solo en Francia sino también en el mundo entero; una crisis atizada por escándalos de pedofilia entre el clero y en congregaciones religiosas, la caída en picado de la práctica religiosa en Europa y la drástica reducción del clero, de los religiosos y religiosas, por citar algunos de los temas de más actualidad, sin olvidar la apremiante necesidad de reconocer el papel de las mujeres: “la comunión de mujeres y hombres”.

Ante este panorama, en La Iglesia arde Andrea Riccardi analiza las profundas rupturas existentes en la Iglesia y plantea muchos interrogantes derivados de una situación de crisis que, asegura, afecta tanto a creyentes como a no creyentes: ¿se está viviendo una grave crisis en la Iglesia católica en todo el mundo? ¿Está destinada la Iglesia a una progresiva desaparición? ¿Cuáles son las repercusiones de la falta de vocaciones? ¿Cómo puede resurgir una Iglesia cuya jerarquía, predominantemente masculina y envejecida, se halla anclada en el pasado? El debate está abierto y, en opinión de Riccardi, “hoy faltan propuestas y tal vez también entusiasmo, aunque es difícil medir objetivamente la temperatura del debate. […] Hoy la crisis responde sobre todo al descenso de los indicadores de la vitalidad católica. Es, pues, interna y no externa”.

En La Iglesia arde el afamado académico, que cuenta en su currículum con reconocimientos tan importantes como el Premio Carlomagno (2009), reconoce a las claras que la Iglesia “puede enfermar y morir” si no se llevan a cabo grandes reformas estructurales que deben acometerse con un espíritu y sentimiento de colaboración entre la jerarquía y el laicado. No estamos hablando de un problema exclusivo de los cristianos; en efecto, afirma Riccardi que “en la actualidad hay todo un mundo en Europa que cree que no puede decirse no cristiano; no forma parte de la Iglesia ni va a misa, aunque siente el significado objetivo y subjetivo del cristianismo”. 

¿Podemos imaginar un mundo sin la Iglesia? ¿Cuál es el futuro del cristianismo? Más preguntas que Andrea Riccardi expone con audacia, al tiempo que presenta propuestas claras y esperanzadoras porque “la esperanza es el motor de vida de la Iglesia”. Nos encontramos ante situaciones nuevas, asegura, porque el mundo del siglo XXI -un mundo globalizado- ha cambiado y a la Iglesia le está costando asumir la globalización.

A pesar de que en La Iglesia arde el autor se muestra optimista, al responder a la pregunta ¿hay futuro? reconoce que no existen fórmulas sencillas para abordar una transformación religiosa tan compleja y tan necesaria a la vez. Se trata de una labor ardua y no de una reforma proveniente, únicamente, de la iniciativa de la jerarquía eclesial y aboga por la toma en consideración del discurso de la sinodalidad que, en sus palabras, “requiere sujetos vivos y no publicaciones de documentos escritos por algún que otro buen teólogo”. Además, implica reconocer la participación de mujeres y hombres creyentes “en una fraternidad comunitaria” dentro de una Iglesia que todavía es vertical, con un modelo masculino de autoridad.

Andrea Riccardi se muestra convencido de que “sin una Iglesia viva, que alimenta los recursos espirituales y humanos o que dialoga con ellos, nuestras sociedades corren el peligro de caer en el vacío”. Y ¿cómo evitar esa caída en el vacío? Riccardi lo dice muy claro: comunicando el Evangelio.

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