Nicolás Castellanos en las distancias cortas y en las largas

El pasado 19 de febrero fallecía en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) a los 90 años Nicolás Castellanos. En 1991 presenta su renuncia como obispo de Palencia y marcha a Bolivia con un grupo de sacerdotes y laicos, donde ha desarrollado su compromiso con los más vulnerados hasta su muerte. Siempre fue persona próxima a Alandar, cuyo premio anual recibió en 1992. Emi y Julio nos ofrecen una perspectiva personal de Castellanos.

Septiembre del 77; nos hemos casado. Nada de particular, si no fuera porque es el matrimonio de un presbítero. Para algunos todavía resulta difícil de entender este empeño de conciliar, de buscar un doble presbiterado célibe y no célibe, incluso cuando la comunidad respalda y las normas eclesiásticas están ahí. Para no quebrar la comunidad hay que combinar la perseverancia por lo que queremos conseguir con los tiempos de la Iglesia. En el año 78 se funda el MOCEOP (Movimiento por el Celibato Opcional).

En Madrid (Vallecas), son los tiempos de nuestro valiente y cercano obispo Alberto Iniesta. Se avecinan tiempos difíciles en la archidiócesis para quienes siguen buscando la sinodalidad en la Iglesia y el diálogo con el mundo, para quienes soñamos con una Iglesia menos clerical y autoritaria que se despegue de la época de los “Píos”. Acaba la época de Tarancón, le queda poco al nuncio Luigi Dadaglio.

En septiembre de ese mismo año Dadaglio aún asiste a la ordenación episcopal del nuevo obispo de Palencia, Nicolás Castellanos (uno de los últimos nombramientos de Pablo VI), un leonés nacido en 1935 en Mansilla del Páramo, descendiente de familia humilde, pero comprometida con la educación de los hijos.

En los años 80, apenas ya 13 obispos se esfuerzan en seguir desarrollando el Concilio Vaticano II en nuestro país que, como decía Tarancón, pilló a la Iglesia española “con el pie cambiado”. Uno de ellos es Nicolás. Todas las navidades empezamos a recibir en casa (la primera vez con sorpresa) su felicitación como obispo. Felicitación también familiar donde reconoce a la pareja explícitamente. Se interesa también por la experiencia de los curas obreros, inspirada en la Misión de Francia, que -aunque siempre opción minoritaria- desde mediados de los 60 se desarrolla con fuerza en nuestro país.

Nos escribimos y nos vemos varias veces en el pueblo, uno más de los de Palencia, que él frecuenta. Aún hay curas que atienden a uno o dos pueblos y algunos están metidos de lleno en la vida rural, ayudando al desarrollo humano, social, comunitario…, insertando la espiritualidad en la vida cotidiana y compartida. Otros siguen la ruta clásica de las antiguas misiones y desde el púlpito siguen asustando con el infierno. Con todos ellos se encuentra Nicolás; son sus curas. Castellanos acude a alguna fiesta y, tras el acto litúrgico siempre sencillo y comprensible, se integra con la gente en las bodegas, en las casas, en las chuletadas al aire libre. No se deja llamar ‘monseñor’, ni usa ningún tratamiento. No viste de forma que se le distinga de otro paisano cuando está con la gente. Es un obispo al estilo de lo firmado en el “Pacto de las Catacumbas” por aquellos 40 obispos en el año 65, en el que renuncian a una serie de privilegios y se comprometen a ser servidores en una Iglesia pobre, con los pobres.

En 1991, fiel a esta trayectoria, toma una decisión irreversible y se convierte en el primer obispo dimisionario de Palencia, presentando su renuncia que fue aceptada por Juan Pablo II y marchando -como misionero- a un lugar remoto, donde están algunos de los más pobres de la Tierra, Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, donde permanece hasta su reciente fallecimiento por complicaciones de un ictus, este 19 de febrero de 2025.

Allí había marchado con un grupo nutrido de laicos y de sacerdotes curtidos en el mundo obrero y popular. Con ellos y con agentes locales inicia el proyecto “Hombres Nuevos”, con la finalidad de que aquellas comunidades pobres y desatendidas empiecen a ser protagonistas de su propio desarrollo, con un énfasis especial en las mujeres, los niños y la educación popular. Se van construyendo comedores, centros infantiles, viviendas y hospitales.

Va compaginando este trabajo con visitas esporádicas a España, centradas en buscar ayudas para los proyectos de “Hombres Nuevos”. En algunas de estas visitas nos seguimos encontrando como amigos, así como con otro obispo de Palencia, el también agustino, discípulo de Castellanos, Manuel Herrero, hombre inteligente, cercano, acogedor y buen pastor de toda su feligresía, incluyendo a los curas casados. En ocasiones, los cuatro hemos comido y disfrutado juntos con la sencillez, la confianza y el calor de una verdadera amistad, en profunda sintonía con la Iglesia que queremos ser y hacer, caminando juntos y dejando que el Espíritu nos siga alumbrando caminos nuevos que ayuden a la Iglesia a cumplir mejor su Misión.

La labor de Nicolás Castellanos ha ido acompañada de un reconocimiento público significativo. En diciembre de 1991 fue galardonado con el premio nacional Justicia y Paz, pero el más relevante y prestigioso de los reconocimientos quizás haya sido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, otorgado en 1998. Ese mismo año, el Concejo Municipal de Santa Cruz de la Sierra le otorga la medalla al Mérito Municipal y casi simultáneamente es nombrado “Leonés del Año”. Otro que nos puede resonar es el del 2006, cuando el gobierno de Rodríguez Zapatero le otorga la Medalla de Oro al Trabajo, que le impone la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega.

“En el Norte os sobran medios para vivir, pero os faltan razones para existir. En el Sur carecemos de casi todos los medios, pero nos sobran razones para vivir” son palabras de Nicolás en el documental “En Portada” que le hace RTVE en 2010. En 2015 es nombrado “hijo adoptivo” de Palencia.

Publicó varios libros de lectura fácil y atractiva y colaboró en numerosas publicaciones de la Iglesia. Por nuestra parte, hemos de decir que siempre accedió con cariño, libertad y presteza cuando le pedíamos un prólogo, un epílogo o alguna colaboración en algún libro que hemos publicado, fuera la temática de curas obreros, nuevos ministerios en la Iglesia o el memorial del Alberto Iniesta…

Por toda esta cercanía y amistad, por su compromiso con los pobres y excluidos y en favor de una Iglesia verdaderamente sinodal, agradecemos su vida en este mundo y celebramos que esté disfrutando ya de una Vida Plena, desde donde nos seguirá acompañando.

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