Felicidades Monseñor

Cumples, el 15 de agosto, tus 92 años de nacimiento y el próximo año, 24 de marzo, los 30 de resurrección. Seguro que “las mañanitas” sonarán en la mesa compartida del Reino, donde ya no hay luto ni dolor, donde gozas y gozaremos de la aspiración más profunda del ser humano: la felicidad.

Gracias por tu vida, la que regalaste a tu pueblo, tan comprometida y generosa, tan soñadora y utópica, como la misma vida de Jesús. Gracias por tus palabras, siempre iluminadoras y denunciadoras de una realidad injusta que tanto daño provocaba en tu querido pueblo. Gracias por tu valentía profética que aún nos guía en nuestro torpe caminar hacia la construcción del Reino. Gracias por tu compromiso con las causas justas del pueblo. Gracias porque la Palabra de Dios, interpretada desde tu carisma especial, se convertía en potente foco iluminador de la realidad y orientador seguro de la voluntad de Dios hacia este mundo herido.

Estamos ahora de fiesta. Sabes que un nuevo Gobierno, nacido de los ilusos-revolucionaroios-campesinos-estudiantes-curas-catedráticos-religiosos/as-jóvenes-viejos-desempleados/as-amas de casa, que apoyaban, de muchas maneras, a aquellos que eligieron el monte para no estar de rodillas toda la vida, al fin hoy, por elección democrática, llegaron al poder.

En el 92, con los Acuerdos de Paz, se terminó aquella etapa, negra etapa, donde el discrepar era delito, el denunciar era pecado, el exigir justicia, señalando a los injustos, era pena de muerte. Tú fuiste una víctima de ellos. La más preclara, la que más les estorbaba… por tu eco en el país y en el mundo. Y antes y después que tú, cientos de hombres y mujeres, laicos y religiosos/as.

Pero la paz, fruto de la justicia, como bien decías, no ha sido posible en estos años. Los poderosos de este país-, amarrados a sus intereses, gobernaron para enriquecerse más. El pueblo ha seguido con sus históricos problemas de siempre: pobreza, desempleo, salarios bajos, emigración, baja escolarización, viviendas indigna, etc.

Un pueblo al que no le han permitido soñar con un futuro mejor. ¿Resultado? Violencia, extorsiones, maras, tráfico de drogas, corrupción a todos los niveles (es el ejemplo de los que gobiernan), huida, miedo, desconfianza, etc.

Cada cual hace su “guerrilla” como puede, se las rebusca como puede, en el peor sentido de la palabra. Una triste realidad que reclamaba un cambio. Tus palabras, de conversión y cambio profundo, escuchadas hoy, son tan actuales o más que antes.

De ahí que, como te decía antes, estemos en fiesta. Con el gane del FRENTE ha renacido la esperanza en el pueblo. Ha renacido la esperanza en hombres y mujeres de buena voluntad, que no tienen intereses que defender, y que sueñan con otro El Salvador distinto. Ojalá no nos defrauden y, entre todos, apoyemos las decisiones más coherentes y justas para nuestro país.

El Presidente, joven periodista, ofrece confianza y quiere que su Gobierno sea un gobierno que trabaje por la justicia y la igualdad. Sus palabras, desde la toma de posesión, son palabras sensatas, teñidas de sinceridad y verdad, preñadas de un nuevo estilo de ser gobierno y de servir a nuestro pequeño pero entrañable país.

Pedirte que desde esa mansión celestial no nos abandones. Que sean honestos, transparentes, que cumplan lo prometido: gobernar para los más pobres, a los que tu tanto defendiste, a los preferidos por Jesús.

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