
¿Cuántas personas viven en la calle en la Unión Europea? ¿Y en el Estado español o en cada Comunidad Autónoma? No se sabe a ciencia cierta. ¿Cómo es posible que no existan datos? Porque, a fuerza de mirar para otro lado, las hemos convertido en invisibles. Si no las vemos vivas, ¿quién las recordará cuando mueren, a quién se le moverá el corazón y las manos para que tengan el duelo que merecen, celebren sus vidas y lloren sus muertes?
Las últimas cifras en Cataluña son de 2017 y cuánto ha llovido desde entonces, incluido el diluvio de una pandemia que ha cambiado la vida de muchas personas. Además, la cifra de 5.571 personas viviendo en la calle o en albergues proporcionada por la “Estratègia integral per a l’abordatge del sensellarisme a Catalunya” dibujan un retrato incompleto y borroso puesto que no todos los municipios organizan recuentos y, además, sólo contabilizan a las personas que han sido atendidas por los servicios públicos. En todo el Estado español ocurre algo similar. El Instituto Nacional de Estadística recoge datos cada dos años, contabilizando a quienes utilizan los recursos de alojamiento y comedor, dejando en la sombra a las que duermen en la calle y no acuden a estos servicios. No sabemos cuántas personas carecen de un techo en la Unión Europea, y sería casi imposible saberlo, pues no hay criterios comunes entre los distintos países.
En Barcelona sí que se conoce una cifra, aunque sea aproximada. En diciembre de 2023, se contabilizaron 1.384 personas durmiendo al raso, aunque la cifra real es mucho mayor. Incluso puede saberse en detalle, desglosada por barrios, sexo y causas inmediatas. Si sabemos este dato, es gracias a los recuentos periódicos que organiza la Fundación Arrels y que llevan a cabo una buena cantidad de personas voluntarias. “Desde Arrels, sin embargo, creemos que es una cifra de mínimos”, advierten.
Morir a la intemperie
«Vivir en la calle acorta la vida», denuncia la misma entidad. Las duras condiciones de vida pasan factura. A la frágil salud que soportan se unen los muchos obstáculos que encuentran para recibir una atención sanitaria adecuada.
El primer estudio sobre la salud de las personas que viven en la calle en Barcelona y la atención sanitaria que reciben, elaborado por Arrels a partir de encuestas a personas que viven en la calle y de la información recopilada sobre las fallecidas, arroja datos alarmantes. Si son hospitalizadas, la mayoría vuelve a la misma situación de sinhogarismo tras el alta. Una de cada 4 no puede tomar los medicamentos recetados y un 25 % carece de cobertura dentro del sistema sanitario público.
«Vivir en la calle acorta la vida», denuncia Arrels. El promedio de esperanza de vida de una persona sin hogar es de 25 años menos que la del resto de la población
Según datos de la misma organización, el promedio de esperanza de vida de una persona sin hogar es de 25 años menos que la del resto de la población. Las cifras son escalofriantes. Entre el 25 de octubre de 2023 y el 25 de octubre de 2024, han fallecido en las calles de Barcelona 84 seres humanos, casi 20 más que durante el mismo periodo anterior. Siete de cada diez murieron por problemas de salud, pero la situación vulnerable en la que viven los expone a otros peligros. El 10 % sufrió una muerte violenta y el 6 % se suicidó.
#nadiesinrecuerdo
Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, título de la película de Agustín Díaz Yanes, con unos enormes Pilar Bardem y Federico Luppi, podría describir el destino de estas personas. ¿Quién las llorará?, ¿quién hará memoria de sus vidas? Sin techo y ¿sin memoria? No. Al menos no todas. La Fundación Arrels se ocupa de que no sea así.
En la etapa final de sus vidas, ofrecen el acompañamiento de personas voluntarias que los visitan regularmente, ocupándose de que se encuentren bien y ayudándoles en decisiones importantes: si quieren reencontrarse con su familia de sangre, cómo quieren que sea su ceremonia de despedida y asegurándose de que se respeten sus últimas voluntades. “En 2017 acompañamos a Antonio a grabar sus canciones preferidas de forma profesional”, explican. Hicieron realidad uno de sus deseos antes de morir. Tras el fallecimiento, se ocupan de que sean enterrados ”con dignidad y en compañía”, contactando con la familia, si ese fue su deseo, e informando a todos los miembros de la entidad de la fecha y la hora del entierro. Además, lo hacen público en redes sociales, acompañando siempre con una rosa blanca.

Hoy han muerto en la calle dos personas que vivían al raso en Barcelona. Tenían sólo 32 y 38 años y a una de ellas la conocíamos desde Arrels. Sus muertes nos causan un dolor muy profundo y nos empujan a seguir adelante para conseguir #ningúdormintalcarrer.
La rosa blanca está muy presente en la ceremonia que anualmente organiza la Fundación para recordar a las personas que murieron. Durante algunos años, era un acto íntimo, pero en 2016 decidieron hacer una convocatoria pública y trasladar el acto a la calle para visibilizar todas esas defunciones, con la colaboración de otras entidades. En cada ocasión, algún elemento (una luz, un objeto…) junto al nombre de cada persona la hace presente; al nombrar a cada una, se deposita junto a su nombre una rosa blanca, mientras músicos voluntarios acompañan el silencio emocionado que sirve de fondo al recuerdo. En la última parte del acto se explican detalles de la vida de cada fallecido por parte de alguien con quien se haya relacionado.
En la ceremonia correspondiente a 2024, organizada en colaboración con una veintena de entidades sociales del mismo ámbito, 84 casitas, cada una identificada con el nombre de una persona, protegen su recuerdo, mantienen la memoria colectiva del sinhogarismo en nuestra sociedad y recuerdan a las administraciones que vivir en la calle no es algo normal y que el derecho a la vida de muchas personas depende de sus acciones.
Colocan, con grupos escolares, entidades, empresas y ciudadanía, placas de cartón con los nombres, las edades y las fechas de defunción donde estas personas dormían
Otra acción mantiene el recuerdo. Colocan, junto con grupos escolares, entidades, empresas y ciudadanía, placas de cartón con los nombres, las edades y las fechas de defunción en los lugares donde estas personas dormían o frecuentaban a menudo. “Se trata de un recuerdo sencillo que sirve para hacer llegar a la ciudadanía el mensaje de que tener que vivir en la calle supone estar expuesto a muchas vulneraciones de derechos, riesgos y violencias”, explican las organizadoras. En 2024 se pusieron más de 550, en recuerdo de quienes han muerto los últimos nueve años en las calles de Barcelona.
Y para que ninguna “memoria” se borre, un muro virtual recuerda permanentemente a cada una de estas personas.
