El talante católico

Hace unos meses, comentando una de esas actuaciones episcopales, un amigo me dijo: “Me han dado ganas de hacerme protestante”.

La verdad es que, en este momento, no supe lo que eso puede significar, si es buscar una parroquia luterana y participar en su culto o entrar en uno de esos grupos de tinte pentecostal que se autodenominan “evangélicos”, pero con este motivo he recordado que en 1994 Umberto Eco publicó un artículo en que defendía que MAC es católico y MS.DOS es protestante.

Windows 95 no saldría a la venta hasta un año después y el Windows existente (el 3.11) en aquel momento era mucho más transparente que el MS-DOS.

Así empieza la parte de su artículo que nos interesa:

“La realidad es que el mundo está dividido entre usuarios de Macintosh y usuarios de ordenadores compatibles con MS-DOS. Yo soy de la firme opinión de que el Macintosh es católico y que DOS es protestante.

Es más, el Macintosh es contra-reformista y está influenciado por la ratio studiorum de los jesuitas. Es alegre, amistoso, conciliatorio; le dice al fiel cómo debe proceder gradualmente para alcanzar, si no el Reino de los cielos, el momento en el cual se imprime su documento. Es catequístico: la esencia de las revelaciones se transmite por vía de fórmulas simples y de iconos suntuosos. Todos tienen derecho a la salvación.

DOS es protestante, incluso calvinista. Permite la interpretación libre de las Escrituras, exige decisiones personales difíciles, impone una hermenéutica frente al usuario, y tiene por principio la idea de que no todos pueden alcanzar la salvación. Para hacer que el sistema trabaje necesita interpretar el programa usted mismo: lejos de la comunidad barroca de juerguistas, el usuario está encerrado dentro de la soledad de su propio tormento interno

Cuarenta y dos años antes, José Luis López Aranguren había publicado su libro Catolicismo y protestantismo como forma de existencia, en el que analizaba el talante de las dos religiones, llegando a una conclusión semejante a la del autor italiano: el talante católico es alegre, amistoso, conciliador, comunitario; el protestante es solitario, urgido a la libre decisión, en una realidad siempre pecadora.

Eso puede explicar, por ejemplo, que en Alemania las ciudades que celebran el carnaval son las católicas (Munich, Colonia) y no las protestantes (Frankfurt, Hamburgo) e igualmente pasa en Suiza: sin duda no hay carnaval en Ginebra, la ciudad de Calvino ni tampoco en Berna, pero sí en Friburgo, católica, a unos 60 kilómetros de la anterior.

Todo esto me trae más recuerdos y, entre ellos, que siempre se ha hecho notar que la Merry England, la Inglaterra divertida, se terminó con la llegada del anglicanismo. Desde entonces todos los grandes humoristas han sido católicos o irlandeses: Oscar Wilde, George Bernard Shaw, Chesterton, Evelyn Waugh, Anthony Burgess.

Se podrá argüir que se trata únicamente de una casualidad pero, para acabar de redondear la tesis de este artículo, quiero traer una pequeña historia  relatada por André Maurois. Hace muchos años, el escritor francés publicó una novela titulada Los silencios del coronel Bramble. Reflejaba la situación de un francés que ejerce de intérprete entre un grupo de oficiales ingleses en la Primera Guerra Mundial. Un día, uno de ellos lanza la siguiente pregunta: ¿por qué los curas católicos tienen más éxito que los pastores anglicanos?  Y otro contesta contando una historia: un hombre había matado a otro pero el crimen no había llegado a resolverse. La culpa, sin embargo, le atenazaba. Resolvió acudir a hablar con un pastor y contarle su historia. Cuando le relató su crimen, el pastor se enfureció: “No sé si mi deber de ciudadano es denunciarle a la policía, pero mi deber de gentleman es no tenerle ni un minuto más en mi casa”. Cariacontecido, el hombre hizo otro intento con idéntico resultado. Al final, pasando ante una iglesia católica, entró, vio a un sacerdote en un confesionario, se acercó y se produjo el siguiente diálogo:

– Padre, yo no soy católico pero querría confesar una cosa.
– Dime, dime, hijo.
– Padre, he asesinado.
– Bueno, hijo, bueno ¿y cuántas veces?

Autoría

  • Carlos F. Barberá

    Nací el año antes de la guerra y en esta larga vida he tenido mucha suerte y hecho muchas cosas. He sido párroco, laborterapeuta, traductor, director de revistas, autor de libros, presidente de una ONG, dibujante de cómics, pintor a ratos... Todo a pequeña escala: parroquias pequeñas, revistas pequeñas, libros pequeños, cómics pequeños, cuadros pequeños, una ONG pequeña... He oído que de los pequeños es el reino de los cielos. Como resumen y copiando a Eugenio d'Ors: Mucho me será perdonado porque me he divertido mucho.

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