El desarrollo humano universal: objetivo realizable

Cuando hablamos de desarrollo humano nos referimos a la creación de capacidades humanas y mecanismos de participación activa para que las personas puedan mejorar sus vidas. De este modo, el crecimiento económico es un medio importante para el logro del desarrollo humano, pero no es el único. Tampoco es el fin último.

Lograr el desarrollo humano para todas las personas no es un sueño sino un objetivo realizable, en opinión de los expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que han elaborado el informe correspondiente a 2016, presentado recientemente. El informe, titulado “Desarrollo humano para todos”, tiene como telón de fondo acuerdos internacionales tan importantes como la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible y el Acuerdo de París para el cambio climático, poniendo el acento en la necesidad de que el desarrollo sea universal y una realidad para todas las personas. En definitiva, que “nadie se quede atrás”, como ya se señalaba en la Agenda 2030.

El desarrollo humano tiene como objetivo llevar adelante el potencial de las personas: es su dimensión universal que le confiere su singularidad, según se afirma en el informe en el que se presenta el panorama general de los desafíos al desarrollo existentes hoy. Algunos de ellos son persistentes, como las privaciones que están soportando millones de personas que van quedándose atrás. Otros desafíos se están reforzando, como las desigualdades de todo tipo y otros van apareciendo en todo el mundo, como los extremismos violentos.

Según destaca Helen Clark, administradora del PNUD, en los últimos 25 años se ha avanzado mucho en la reducción de la pobreza extrema, en el acceso a la educación, a la salud, al saneamiento y se han ampliado las oportunidades para las mujeres. Sin embargo, en el informe se nos recuerda que las carencias básicas siguen siendo enormes para amplios sectores de población: una de cada nueve personas en el mundo padece hambre y una de cada tres, malnutrición; el VIH infecta a dos millones de personas al año; hoy 65 millones de personas se han visto desplazadas forzosamente de sus hogares enfrentando condiciones extremas y, a menudo, son acosadas y violentadas en los países de acogida. En definitiva, millones de personas se están quedando atrás.

Deberíamos preguntarnos: ¿quién ha quedado atrás? ¿Cómo y por qué ha sucedido? Según el PNUD, han quedado atrás las personas pobres, las marginadas, los grupos vulnerables –como las minorías étnicas, los pueblos indígenas, los refugiados, los migrantes, las personas con discapacidad-, sin olvidar a las mujeres y a las niñas. Muchos grupos de personas son excluidas sistemáticamente debido a obstáculos políticos, económicos, sociales y culturales,  profundamente arraigados en leyes discriminatorias, normas sociales excluyentes, en la falta de participación política o la carencia de oportunidades.

Asimismo, muchas personas se quedan atrás porque el 1% de la población mundial posee el 46% de la riqueza, según cálculos de la oficina del PNUD (2016). “Las desigualdades de ingresos –se señala en el informe- influyen en las desigualdades en otras dimensiones del bienestar y viceversa”. Los datos relativos a la desigualdad actual suponen importantes trabas para las personas excluidas, dejándolas en una posición muy débil para actuar frente a las instituciones y participar en la toma de decisiones. Para superar las trabas, es necesario tomar en consideración el pilar fundamental del desarrollo que es, ni más ni menos, el reconocimiento universal y efectivo de los derechos humanos. De este modo, el desarrollo humano universal se convertirá en un objetivo realizable.

 

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