…en voz Alta

qpunto1a-2.jpgÚltimamente veo algo más cercana mi futura maternidad, no tanto el hecho, para el que faltan aún unos añitos, sino mi condición como madre, mis corresponsabilidades… La cuestión es que me horroriza pensar en todas las lanzas de las que voy a tener que ser escudo, vamos a tener que ser… [mi pareja y yo] para salvaguardar a nuestras posibles futuras hijas/os de tanto peligro acechándoles. Y no me refiero a la inseguridad, las drogas, el bullying… Esas serán otras batallas.

Mi primer miedo es a esos, no dudo, bienintencionados presentes que recibirá incluso antes de conocer el mundo y desde su primer día, antes de abrir sus ojos, de poder elegir, antes de saber quién es, cómo querrá ser, qué le gusta y qué no.

Y ya estoy cansada sólo de pensar en “pelearme” con nuestras familias, amigas/os y el mundo entero, para frenar las ideas que en el momento de saber el sexo del bebé diseñarán su vida, sus tareas, sus características, lo que puede y lo que no podrá nunca hacer… y, por supuesto, a qué deberá jugar.

En concreto hoy quiero traer a estas líneas un debate intenso, que considero imprescindible, que vienen realizando muchos padres y madres, educadores y educadoras, sobre los juguetes con los que juegan niños y niñas, con los que hemos jugado y aprendido, ¿pero qué nos han enseñado?

qpunto1b.jpgEsta es mi pregunta: ¿Juguetes o sentencias?

Hemos de acabar definitivamente con la idea de que los juguetes son inofensivos, aunque vengan pintados de rosa, y que todo esto son exageraciones, estoy un poco harta de que me digan que le saco punta a todo, perdonad: se llama ser ciudadana crítica, ir más allá, no dejarme llevar y sobre todo ser responsable, y como comunicadora, cristiana y coherente, desde mi escaloncito, afirmo a quien lo quiera leer la gran responsabilidad que es elegir un juguete.

Juegos y juguetes actúan directamente sobre las capacidades intelectuales, psíquicas, emocionales y motoras de la niña/o desde que es persona, y en función de los estímulos y experiencias que promueven se condiciona su personalidad. ¿Cómo entonces las personas responsables de su educación no buscan ofrecerle los mejores recursos para su desarrollo? Directamente porque no se piensa, no se es consciente de lo que compramos y enseñamos con ello. Tampoco resulta sencillo cuando anuncios y escaparates refuerzan todo lo contrario… en seguida lo vemos.

Si asumimos esta responsabilidad podemos elegir entre juguetes o sentencias. Sentencias que aprueban valores consumistas, belicistas, individualistas y, sobre todo, claramente sexistas. Estas sentencias determinarán en gran medida en el futuro su identidad, cómo se sientan, valoren y sobre todo, cómo se relacionen, sus actitudes y hasta su forma de entender el mundo. ¿De verdad nos parece que “sólo es un juego”? No, por favor, “Con la discriminación no se juega”.

qpunto1c.jpgPara favorecer un desarrollo madurativo correcto en el niño/a no necesitamos poner a sus pies infinidad de juegos y juguetes, eso sólo reafirma conductas consumistas, se trata de escoger aquellos que se adecúen a cada etapa de crecimiento, que sean atractivos, divertidos y estimulantes, ése es el verdadero reto para padres, madres, educadores/as y debería serlo también para fabricantes y, cómo no, para publicistas.

Digo debería porque no lo es, son muchos los estudios y acciones que año tras año denuncian las campañas de juguetes y los productos que se venden, que compramos. La pregunta es ¿por qué? ¿Por qué las niñas sólo pueden jugar a las tareas domésticas y el cuidado de los hijos/as? ¿Por qué se les incita a ser dulces, coquetas, cariñosas, consumistas, y a asumir los cánones de belleza de muñecas tremendamente desproporcionadas? Y una pregunta más que, con permiso, recojo literal de un artículo de 2002 y todavía hoy tristemente vigente “¿Es una actitud sumisa y de mero objeto sexual la que deseamos para las mujeres del mañana?”, llamadme observadora pero así sí que no se sostienen las pensiones.

Si a las niñas básicamente se les ofrece, con voz femenina claro, muñecos y sus accesorios, productos domésticos y todo lo relativo al embellecimiento, los niños optan a una mayor variedad que abarca coches, muñecos de pelea, juegos de aventuras o de construcción, etc., en los que se potencia la creatividad y el desarrollo motriz, algo positivo si a su vez no se reforzara con una voz muy varonil su rol de héroes, aventureros y “machos-protectores”.

En el caso de juegos de desarrollo intelectual y cognitivo, como las construcciones, los protagonistas son los niños, y las niñas empiezan a aparecer de manera secundaria, pero a los niños no se les muestra participando en juegos domésticos o de cuidado. Esto deja claro que la evolución de la sociedad no se refleja en la mayoría de los anuncios, no es cierto que lo padres no cambien a su hija, no bañen a su hijo, ni que la mujer sólo trabaje dentro de casa, y únicamente le preocupe estar guapa, tenemos distintos modelos de familia y una realidad multicultural invisibilizada en la publicidad, los juguetes y sus anuncios presentan y perpetúan una sociedad del pasado.

Si bien deberíamos denunciarlo y pedir las reformas de leyes necesarias, a lo que no nos podemos negar es a buscar lo mejor para nuestras hijas e hijos, sobrinos, nietas y ahijados, y eso exige no dejarse llevar por el rosa y el azul, por los catálogos que dicen quién juega a qué, cómo y hasta dónde.

Al final no sólo los anuncios incitan a los comportamientos sexistas. Nosotras y nosotros hemos aprendido con esos juegos, yo con unos y mi hermano gemelo con otros (aunque casi siempre casábamos a la Chabel con Heman). Los propios juguetes en su gran mayoría son válidos para ellas y ellos, el modo de jugar marca su valor igual o des-igualitario.

Las personas que eligen los juguetes deben superar la dualidad tradicional de lo que es de niños o niñas e invitar a que los juguetes sean utilizados y compartidos por igual, pero las niñas/os necesitan coherencia entre lo que ven y lo que juegan.

No se trata de imponer o prohibir, sino de reconocer que es algo aprendido y no innato, los niños/as repiten los comportamientos y roles de su entorno y la valoración que de éstos hace la sociedad, debemos ofrecerles nuevos patrones.

qpunto1d.jpgY de nuevo tomo literal: “ese niño algún día será padre, y ningún permiso de paternidad será suficiente para que asuma su corresponsabilidad si desde pequeño le han enseñado que los cuidados son cosa de niñas”. Y añado yo: …y compartirá una casa y ninguna tabla de tareas será suficiente para que el trabajo doméstico sea asumido equitativamente si ha vivido y jugado a lo contrario.

Me dejo fuera mucho cuestionable de los juegos y otros contra-valores importantes que transmiten juguetes y anuncios: etnocentrismo, competitividad, violencia, etc. Mucho de lo dicho nos valdría, será en otra ocasión… De momento os invito a deconstruir vuestras ideas sobre los juguetes, los juegos, y a sumaros a esta reflexión. Hay muchas otras fantásticas opciones, ¡buscadlas! ¡Reaprendamos a jugar y así a vivir!

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