ÖDOS: Acogida de mujeres y niños africanos

El programa ÖDOS acoge a mujeres subsaharianas que llegan en patera con niños pequeños o embarazadas. 

La imagen de los cruces del Mediterráneo es la de jóvenes varones, son la mayoría. Mucho menos visibles son las llegadas de mujeres solas, embarazadas o con niños de corta edad, aunque las cifras son crecientes. Su migración presenta especificidades propias. El programa ÖDOS acoge y ayuda a mujeres subsaharianas que llegan en patera con niños pequeños o embarazadas. Tenemos un hogar en la campiña cordobesa (Montilla) con 50 plazas y en los últimos años hemos recibido a 369 mujeres, 151 niñas y 105 niños de corta edad que viajaban con ellas. La mayoría son personas francófonas y proceden de diversos países de África Occidental.

Cuando se habla sobre las causas de la emigración subsahariana, el discurso mayoritario, tanto de las Administraciones como de las ONG, habla de migración económica o laboral o/y de inestabilidad política en los países de procedencia. Sin embargo, dichos análisis nunca mencionan los motivos por los que han emigrado muchas de las mujeres que recibimos. Su realidad queda siempre oculta en la visión global de los flujos migratorios. Aunque la migración tiene muchas causas, como sabemos, si ponemos foco en mujeres solas o con niños descubrimos dos condicionantes específicos de la migración femenina.

Una es la violencia sexual y de género que han sufrido en sus países de procedencia. Con frecuencia, sus historias hablan de matrimonios tempranos, a veces forzados, de violencias de género, de mutilación genital femenina, de abandono con niños a su cargo, de imposibilidad de estudiar por ser chicas, etc. En un momento dado de sus vidas, hay mujeres que han visto en la emigración una alternativa de escape.

La otra es la reagrupación familiar. En una Europa fortaleza, muchas mujeres tienen que venir irregularmente, jugándose la vida, para reagruparse con sus parejas y/o familia. En ocasiones, la reagrupación familiar que intentan llevar a cabo no es de la mujer con su pareja sino del niño o niña con sus padres. En estos casos, el padre, la madre o ambos, buscan una mujer de confianza, normalmente de la familia, para que le traiga a su hijo, una vez ellos se han asentado un poco en Francia u otros países. Las llegadas de un menor con una persona adulta que no es su progenitor biológico son miradas con mucha desconfianza por parte de las autoridades españoles. La sospecha de trata lleva a separaciones traumáticas de los niños, que pasan a ser tutelados por las Comunidades Autónomas. Sin embargo, nuestra experiencia es que, sin desconocer la situación de riesgo en que puede encontrarse el menor, la explicación más frecuente a estos viajes son la reagrupación de familias migrantes. Desde ÖDOS hemos puesto en marcha un programa específico para gestionar estos casos tan delicados y está dando muy buenos resultados. Abogamos por mantener juntos, cautelarmente, al menor y la mujer adulta con quien viaja mientras se desarrolla, lo más ágilmente posible, un trabajo de protección transnacional de la infancia. 

Ödos es un proyecto que les ofrece un hogar en la campiña cordobesa (Montilla) con 50 plazas.

Otro aspecto de la migración femenina donde discrepo del discurso público mayoritario radica en la mirada (colonial) que tenemos hacia estas mujeres negras. Con mucha frecuencia, se habla de mujeres posibles víctimas de trata o con otras necesidades de protección, a quienes autoridades y entidades pueden y deben proteger.  Si viajan con niños pequeños, como llegan sin documentación, las alarmas se disparan ante la posibilidad de que los menores sean también víctimas de la trata. Sin embargo, la trata, existiendo, no puede ser ni es la explicación generalizada a la migración femenina ni la de los niños que viajan con estas mujeres, aunque no sean sus hijos biológicos. Por otro lado, la mirada a las mujeres como meras víctimas es muy peligrosa, porque anula su capacidad de agencia, que la tienen y mucho. Sin embargo, no solemos pararnos a escuchar y tratar de comprender sus proyectos migratorios, el de cada una, y sus necesidades. Es compatible haber sufrido violencias y tener proyectos y capacidad de ir tomando decisiones, poco a poco. Con frecuencia, las tratamos como personas a quienes hay que guiar y decirles lo que tienen que hacer en España y marcamos para ellas el rumbo que deben seguir. Esta actitud, que puede venir cargada de buenas intenciones, humilla e impide desarrollar el potencial y talentos de cada persona. Creo que una narrativa mucho más poderosa es la del acompañamiento, donde nos situamos en un plano horizontal, reconocemos sus capacidades y conocimientos y ayudamos para que ellas puedan ir tomado decisiones propias sobre sus vidas.

Las mujeres también migran, solas o con sus hijos y su realidad es diferente a la de los hombres. Para conocerla y poder ofrecer mejores respuestas, necesitamos fortalecer el enfoque de género y de infancia en la gestión de las llegadas y la acogida posterior.

Autoría

  • Cristina Manzanedo

    Abogada. Acompaño a personas migrantes y refugiadas desde 2009. Desde 2018, está implicada en el desarrollo del programa ÖDOS, especializado en acogida de mujeres con niños que cruzan el mar y llegan a nuestras costas

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