Red EFES es un espacio para repensar la economía, poniendo en el centro a las personas y al planeta, en torno a la Educación Secundaria. Estuvimos en su encuentro anual de profesores y reflexionamos sobre ello.

«Había una vez, alrededor del año 2025, un grupo de profesionales que daban clases de Economía en los Institutos de Educación Secundaria de su reino. Estos, hartos y hartas de enseñar el gráfico del equilibrio de mercado, la oferta y la demanda, la relación de su materia con el dinero, entre otras «teorías», decidieron reunirse, por primera vez, a repensar su disciplina y diseñar otros recónditos modelos que explicaran la realidad actual un poquito mejor. Ya se llevaba muchos años, pensaban, dando la razón a una única (sesgada y simple) manera de explicar la realidad económica actual…. Había llegado su momento.»
Bueno, quizás no es del todo cierta la anterior historia, pues esos profes no se han reunido una vez, sino cinco, y no han estado diseñando ningún nuevo modelo que explique mejor nuestro sistema, porque ya existen. Lo que sí es verdad es lo de que ha llegado su momento.
Los días 17 y 18 de enero se celebraron las V Jornadas de profesorado de laRed EFES con el título «Por una educación económica que ponga las personas y el planeta en el centro», un encuentro organizado, como no podría ser de otra manera, bajo una red que conforman Economistas sin Fronteras, Fundación Finanzas Éticas, Finançament étic i solidari, «Finantzaz Haratago y Oiko Credit.
No se puede educar como si nada estuviera pasando. Hay que educar de manera lenta para la desobediencia, para la paz, para el compromiso.
Yo, como profesor de Economía de Plasencia con poca experiencia, me uní con mucha ilusión a este generoso intercambio de ideas, planteamientos y proyectos que llevan a cabo compañeras por todo el territorio español. Estas jornadas se complementaron con la intervención de varios expertos en nuestra materia que nos intentaban guiar por la Economía del siglo XXI.
De la teoría…
Al comenzar, nos invitaron a un dulce, y no fue para comer, sino para presentar la «Economía Rosquilla», un modelo económico diseñado por Kate Raworth en su libro homónimo que nos invita a cambiar el objetivo y pasar de una economía degenerativa a una regenerativa, de una divisiva a una distributiva… en definitiva, de un crecimiento infinito, al donut, donde existen límites planetarios (anillo exterior) y mínimos sociales (anillo interno).

Para ello, habrá países que deberán ascender para situarse dentro de los mínimos sociales por cubrir, algunos tendrán que reorientar su camino hacia el desarrollo y otros que reducir para situarse dentro de los máximos ecológicos (definidos por la ciencia). Es decir, situarse dentro de un espacio sostenible para la vida. Entonces, el decrecimiento como modelo económico parece ya no solo una opción política, sino una realidad material. La humanidad se dirige (y no lentamente) hacia el precipicio.
Por lo tanto, no se puede educar como si nada estuviera pasando. Tenemos que desaprender y reaprender a vivir más simplemente. En la escuela tenemos una gran responsabilidad, y no solo debemos educar a nuestro alumnado, sino al resto de la comunidad educativa. Hay que educar de manera lenta para la desobediencia, para la paz, para el compromiso.
… A la práctica…
Pero, como siempre, surge una pregunta: ¿y esto cómo lo hacemos? En la Educación Secundaria ya hay magníficos docentes trabajando en ello en ciudades como Madrid, Barcelona, Alicante o Valladolid. Desde temarios de 4º de ESO atravesados por la rosquilla, hasta tiendas de ropa de segunda mano con monedas propias, pasando por la radio como herramienta educativa en la economía. Es decir, toda una motivación por ver qué cosas se pueden hacer o qué agentes implicar, que se mezclan con las ganas e ideas que yo traía de casa y que en algunos momentos se convirtieron en desmotivación surgida por no parecer suficiente lo aportado en la inmensidad que supone una causa como la descapitalización de la economía y, al fin y al cabo, de la sociedad.
En la Educación Secundaria ya hay magníficos docentes trabajando en ello en ciudades como Madrid, Barcelona, Alicante o Valladolid.
En cambio, esa desmotivación es (y debe ser) pasajera, no puede paralizar, sino poner sobre la mesa las posibilidades para empezar a trabajar y hacerlo en red. Tengo claro que la educación es uno de los espacios donde nuestro discurso tiene que estar y que, si no ocupamos ese espacio (en libros de texto, clases, claustros, proyectos, excursiones…), otras lo harán por nosotras. Y puede que no nos guste.
La Economía de Francisco
Desde la Iglesia también se están dando pasos. El 23 de septiembre de 2024 se constituyó oficialmente la Fundación Economía de Francisco, siguiendo la guía y la inspiración del Papa y él, a su vez, de Francisco de Asís, con el objetivo de conectar la economía a la Tierra y a las personas que más sufren. Un movimiento internacional que, desde el 2019, aúna a economistas, empresarios, profesores… comprometidos en un proceso de transformación de la economía. «Se trata de transformar una economía que mata en una economía de la vida, en todos sus aspectos».
Y mientras tanto, hay que seguir en el día a día de nuestras aulas, con nuestros jóvenes, a los que me niego a catalogar como «peores que antes» ni «mejores que los que vengan»… Si lo pensara, ¿qué futuro tendría como profe? Sí que reflexiono sobre el mundo en el que crecen y se desarrollan, donde todas somos presa fácil de bulos, caemos en la inmediatez y vivimos sin pausas.
«Se trata de transformar una economía que mata en una economía de la vida, en todos sus aspectos».
Es difícil pedirles conciencia crítica si no tienen a su alrededor referentes que luchen por la justicia, que se comprometan con su entorno, que se responsabilicen de sus actos, que admitan sus errores, que recuerden que el planeta es nuestra casa, y que, sobre todo, lo cuiden. Desde la escuela, seamos un espacio que no conquiste lo material, lo inmediato, la desinformación, la ofensa…; seamos, los y las docentes, suficientemente valientes como para ponernos manos a la obra por una nueva economía que ponga en el centro de todo al planeta y a las personas.
Por mi parte, procuro no olvidar el consejo de Sampedro: educar con amor y provocación. O en palabras del Papa Francisco a la delegación de The Economy of Francesco el 25 de septiembre de 2024: no son los grandes y los poderosos los que cambian el mundo a mejor: es el amor el primer y mayor factor de cambio.
Nos vemos en las aulas.
