El pasado mes de septiembre, una revuelta juvenil hizo caer al Gobierno de Nepal. Los jóvenes se echaron a la calle por el cierre de redes sociales, la corrupción generalizada, el nepotismo y las desigualdades existentes en el país. La muerte de 70 personas fue una de las consecuencias de la represión.

A los jóvenes se sumaron otros grupos con diferentes reivindicaciones, en una sociedad profundamente empobrecida y desigual, con una tasa desempleo juvenil de aproximadamente el 20% y con miles de personas que migran a Oriente Medio; allí vive el 17% de los nepalíes, que envían remesas a su país de origen para que sus familias sobrevivan.
Lo que ocurre en Nepal no es un fenómeno aislado. La furia de la llamada Generación Z -los nacidos a finales de la década de 1990 y principios de la de 2010- está recorriendo el mundo. Para esa generación con Internet y smartphones las redes sociales suponen un canal de comunicación y socialización fundamentales.
En 2022, hubo protestas similares en Sri Lanka, donde la chispa fue el alza de los precios, la carencia de productos básicos, la inflación, los apagones diarios de varias horas, la escasez de combustible y la mala gestión de la economía por parte del Gobierno. Los manifestantes ocuparon la Casa Presidencial, lo que provocó la huida del presidente y la caída del primer ministro.
En 2024, en Bangladesh, las protestas se iniciaron a raíz del establecimiento de unas cuotas en la función pública discriminatorias, cuyo objetivo era favorecer a los miembros del partido en el Gobierno; asimismo protestaban por la corrupción gubernamental, el aumento del desempleo y la insuficiencia de servicios públicos. Tras un mes de revueltas, la primera ministra dimitió y huyó a la India.
En 2025, la Generación Z se echó a la calle en muchos países. Durante el verano, el Gobierno de Kenia anunció reformas fiscales que incluían nuevos impuestos para productos básicos y servicios digitales. La respuesta fue una oleada de movilizaciones de jóvenes, estudiantes, trabajadores informales y usuarios de redes sociales, que ampliaron sus protestas contra el corrupto sistema de partidos y contra un sistema económico que excluye a la mayoría de las personas y favorece a una élite cada vez más vinculada a intereses extranjeros.
En Indonesia, el anuncio gubernamental de un subsidio mensual de vivienda de unos 2.800 euros mensuales para los legisladores (equivalente a 10 veces el salario mensual promedio) indignó a la población indonesia, especialmente a la población joven, harta de frustraciones económicas y políticas y de recortes en educación, sanidad e infraestructuras.
Más recientes han sido las protestas en Perú, donde los jóvenes se han movilizado en todo el país contra una nueva ley de pensiones, la falta de oportunidades y la inseguridad. En Filipinas, las protestas se han dirigido contra la corrupción política y empresarial, concretamente, en proyectos de control de inundaciones, un tema muy sensible en este país.
En Madagascar, se han producido manifestaciones por la escasez de agua y electricidad, la corrupción y el mal gobierno. El presidente ha huido del país y una unidad militar de élite ha asumido el gobierno.

En Marruecos, la gente joven ha estallado a raíz de la decisión del Gobierno de construir estadios e infraestructuras para la copa mundial de fútbol (por unos 5.000 millones de dólares), mientras crece la degradación de los servicios públicos. Y la indignación se ha desbordado al conocerse que, en la ciudad de Agadir, ocho mujeres embarazadas han muerto a finales de septiembre en el hospital, al practicarles cesáreas con material anestésico en mal estado. Asimismo, exigen justicia social y acabar con la corrupción política y gubernamental.
En Ecuador, la chispa ha surgido con la decisión del Gobierno de eliminar el subsidio al diésel, derivando en un rechazo a las políticas de ajuste que han supuesto despidos masivos de empleados públicos, la disminución del gasto social, aumento del IVA, aceleración de concesiones mineras y energéticas, y el aumento del autoritarismo. En Paraguay, ha sido la corrupción, el nepotismo, las deficiencias en los servicios públicos, la falta de oportunidades laborales para la población, especialmente para la población joven.
Un fenómeno global
Las protestas han sido impulsadas y protagonizadas por la Generación Z, jóvenes con escasa o nula vinculación con partidos políticos, sindicatos, ONG… Más bien son una expresión de la creciente desconexión entre una clase política privilegiada y una ciudadanía cada vez con menos oportunidades. No se definen en los parámetros de derecha-izquierda, lo que les permite recibir apoyos de sectores ideológicamente diversos.
Se trata de un fenómeno global, no necesariamente articulado y planificado. Son estudiantes, trabajadores, personas sin empleo…, muy afectadas y frustradas por la corrupción, la desigualdad, el abuso de la ley y las injusticias. Personas que no pretenden ser alcaldes o diputados… No protestan contra un partido político concreto, sino contra un establishment corrupto e inoperante. Perciben que, mientras se les exige mayor preparación académica, se les ofrecen trabajos precarios y mal pagados, mientras, sus gobiernos favorecen sistemáticamente los intereses de las élites económicas antes que los de la ciudadanía.

La Generación Z es la primera generación nativa de Internet y, como tal, utiliza las redes sociales como herramienta movilizadora. Representa el hartazgo y la decepción frente a un sistema en el que aumenta la desigualdad, la corrupción, el abuso de la ley y la injusticia, en el que sus expectativas de futuro son bloqueadas. Ante esta situación, no encuentran respuestas a sus necesidades y aspiraciones. Defienden los derechos sociales y exigen justicia, libertad, fin de la corrupción, mejor distribución de la riqueza y mejores servicios públicos, y arrastran a otros sectores sociales que comparten las mismas reivindicaciones
La Generación Z ya ha logrado triunfos concretos: derrocar a los Gobiernos de Nepal y Madagascar, al presidente del senado y otros funcionarios de alto nivel de Indonesia; en Perú, Marruecos y Madagascar han logrado detener determinadas medidas gubernamentales…
Falta por ver si seguirá soplando el vendaval de la Generación Z, si todo quedará en pequeñas victorias parciales y pasajeras o si llegará a soplar con la fuerza necesaria para lograr transformaciones sistémicas profundas.
