En España, la movilidad de los casi 30 millones de vehículos de su parque automovilístico y el actual modelo energético están generando problemas de contaminación, congestión y pobreza. Los ciudadanos podemos poner en prácticas muchas iniciativas, personales y colectivas, para afrontar esta situación. Desde la campaña Si cuidas el Planeta, combates la pobreza se nos invita a tomar conciencia y a adoptar hábitos más sostenibles con el medio ambiente.

Por Equipo Confer-Justicia y Solidaridad

El 19 de marzo National Geographic publicaba un artículo que señalaba cómo el parón provocado por el coronavirus está beneficiando al medio ambiente. Ciertamente, la disminución del tráfico rodado en las carreteras y calles de las ciudades españolas durante estos días por la alerta sanitaria hace que el aire sea más puro y limpio. Esto es evidente en lugares como Madrid y Barcelona. Las imágenes satélite de la región de la Lombardía, en el norte de Italia, muestran también una reducción significativa de la contaminación atmosférica durante los días del confinamiento. No se trata de darle las gracias a la COVID-19 por habernos mostrado lo que ya sabíamos: que la contaminación atmosférica es fruto de la actividad humana, pero sí puede ser una ocasión que nos ayude a reflexionar para que cuando volvamos “a la normalidad”, optemos por hábitos de vida menos contaminantes.

En el mundo la contaminación del aire causa 4,2 millones de muertes prematuras cada año, de las cuales más de 500.000 se producen en Europa. Se calcula que un 90% de la población urbana de la Unión Europea está expuesta a elevadas concentraciones de contaminantes atmosféricos especialmente nocivos para la salud, como los óxidos de nitrógeno y las partículas en suspensión. No todas esas emisiones provienen del transporte, pero sí porcentajes muy importantes. En nuestro país, alrededor del 25% de las emisiones de CO2 que se vierten en la atmósfera corresponden al transporte.

El papa Francisco, en el número 153 de la encíclica ‘Laudato si’ afirma que “la calidad de vida en las ciudades tiene mucho que ver con el transporte, que suele ser causa de grandes sufrimientos para los habitantes”. Por eso sería importante priorizar el transporte público. En Barcelona, la ciudad más congestionada de España, se calcula que cada conductor pasa 6 días al año atascado en su coche. Autolimitar el uso del vehículo privado a lo meramente imprescindible puede ser una buena decisión porque “cada vez que decides cómo moverte, decides en qué mundo quieres vivir”. Por supuesto a nivel político se necesitaría una mayor inversión en transporte público para aumentar los servicios y bajar los precios, medidas que podrían motivar a los ciudadanos a dejar más sus coches en casa.

Coche eléctrico

Otra alternativa que se nos presenta es cambiar los vehículos de motores de combustión por vehículos eléctricos. Ello puede tener algunas ventajas obvias en cuanto a la disminución de emisiones y a nuestra salud, pero también sus limitaciones. Los vehículos eléctricos no están exentos de problemas ya que, si bien no producen gases de escape, sí generan emisiones de partículas finas. Además suelen ser vehículos más pesados que producen más partículas que los convencionales por el desgaste de la calzada, ruedas y frenos.

Cabe preguntarse también sobre otros aspectos de los coches eléctricos, como de dónde procede la electricidad que alimenta sus baterías, que muchas veces se genera en centrales que emplean combustibles fósiles o energía nuclear. Además la extracción de algunos de los componentes para la fabricación de las baterías, como el cobalto o el litio, está en relación directa con la explotación laboral, degradación ambiental y conflictos. Por último, el reciclaje de las baterías no es posible todavía llevarse a cabo de una manera medioambiental segura.

Mercado energético

Hay más que sospechas de que el modelo de transporte actual está favorecido por el oligopolio que domina el mercado energético. Parece que las grandes eléctricas españolas están más preocupadas por los beneficios económicos que por garantizar la energía para todo el mundo. De hecho, existen en nuestro país núcleos de población que sufren pobreza energética, lo que provoca más de 7.000 muertes prematuras cada año.

Afortunadamente existen alternativas para impulsar una transición energética y para que se considere el suministro eléctrico como un bien común. Se trata de una gestión más democrática de los recursos gracias a las iniciativas ciudadanas. Por ejemplo las cooperativas que están surgiendo por toda España para generar y comercializar energía  por aerogeneradores o plantas solares socializadas y que es posible contratar ya. Muchas de esas alternativas ciudadanas para la transición energética se pueden consultar en la web del proyecto Greenpeace: Alternativas de energía ciudadana contra el cambio climático.

Actuemos

Desde la campaña Si cuidas el planeta, combates la pobreza que lleva a cabo Enlázate por la justicia se plantean numerosas posibilidades que podemos aplicar en nuestro día a día y que tienen como objetivo fundamental que todos y todas podamos vivir mejor, apostando por una movilidad que reduzca la contaminación y por una energía que sea más sostenible.

Camina, monta en bici y aprovecha el transporte colectivo. Si finalmente por la causa que sea tienes que usar el coche, busca formas para compartirlo. Plantéate cómo se genera, distribuye y financia la energía que consumes y cuáles son sus consecuencias. Tal vez descubras que te conviene cambiar de compañía eléctrica o invertir tu dinero en iniciativas ciudadanas de producción propia de energía. Cuando vayas a comprar por Internet, pregúntate si realmente lo necesitas hoy, porque el reparto a domicilio multiplica los desplazamientos en las ciudades y agrava los problemas medioambientales. ¿Por qué no aprovechar alguna salida prevista para comprar lo que necesitas en un comercio? Todas estas sugerencias y otras muchas las puedes encontrar en la web: https://www.enlazateporlajusticia.org/conecta-pobreza