y 9. Vivir en la abundancia

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En los artículos y viñetas de este año quise plantear preguntas que yo mismo me hago a mi edad y ofrecer algunas reflexiones con las que voy buscando respuestas.

Lo primero fue (“Lo primero: arriesgarse”) insistir en que hay que ser muy libres-pensadores para ser totalmente honestos en nuestras creencias: no hay que tenerle miedo a nadie (ni a nosotros mismos), a ningún pasado o tradición, a ninguna autoridad, a la pérdida de ningún estatus, a ninguna amenaza o castigo (presente o futuro)… Hay que atreverse a pensar en libertad, so pena de acabar en la ignorancia o en el fanatismo.

Lo segundo (“La complejidad”), ser conscientes de lo extremadamente multiforme que es eso que interpretamos como realidad, misteriosa, asombrosa, inconmensurable, excesiva… (Cada cosa son tres cosas). Enemiga de la pereza, el provincialismo, de todo dogmatismo, la estupidez, el prejuicio, el autoritarismo (toda violencia es fruto de inseguridad).

Siguieron mis muchas dudas sobre la idoneidad de las propuestas del viejo (“Cosas viejas”) y del nuevo testamento (“El hijo de mujer”) como base sobre la que sustentar en el futuro una religión mayor de edad, sin revelaciones prodigiosas ni redenciones gore ni mundos imaginarios. Su dios –a mi juicio- es un dios casero, antropomórfico, pequeño. Un dios de minorías y para minorías (en todos los sentidos).

En “Histeria eclesiástica” (I y II) expresé mi convencimiento (discutible, pero convencimiento) de que la historia de esta Iglesia, la de ayer y la de hoy, demuestra, a quien quiera ver y oír, que el catolicismo representa solo una brevísima etapa, ya agotada, de la historia de la humanidad (occidental). Con imposibilidad intrínseca de cambiar seriamente sin autodestruirse.
Y terminé apuntando lo que yo pienso que significa hoy ser “Católicos=universales”, cósmicos (hay otros mundos que no están en éste) y “Cristianos=Encarnados”, inmanentes, de carne y hueso (la realidad ya no es lo que era).

De todos modos, en las NB con que terminaban mis artículos fui apuntando los límites de mis reflexiones:

 “El viñetista se contentaría con que estas viñetas dieran para un diálogo”…

 “El viñetista se contentaría con que estas viñetas animasen a sospechar de estas viñetas”…

 “El viñetista sabe que lo que él dice y dibuja es también, en gran parte, cosa vieja”…
Etc.

Hoy termino esta pequeña serie con esta síntesis. Yo no sé lo que hay después de mi muerte; pero sí sé lo que hay antes de mi muerte: la vida. La vida mía y la vida alrededor. Ésa es mi evidencia: todo (bacterias, nubes, geranios, peces, pan, música, amigos y amantes) forma parte del prodigio primordial que es la vida. Vivir totalmente, ésa es mi religión; vivir la vida en abundancia es para lo que yo he venido a este mundo.

Adiós. Feliz año nuevo (y día nuevo y hora nueva y minuto nuevo…).

NB. Quod pinxi, pinxi.

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