4. El hijo de la mujer

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¿Y qué hacemos con Jesucristo?

? ¿Seguimos confesando que es el hijo de Dios, ahora que reconocemos nuestra incapacidad para entender qué significa “Dios” y lo antropomórfico que resulta que “Dios” –realidad total, energía oscura radiante, sentido del sentido…– tenga hijos?

? ¿Seguiremos apostando por una divinidad que se hace terrícola en este planeta residual de un extremo perdido del universo, en un momento perdido del proceso de evolución de la inteligencia, en un pueblo “elegido” (a juicio de los propios elegidos, claro), en un cuerpo de hidrógeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno…? Hasta 1920 ni siquiera sabíamos que existían otras galaxias además de la nuestra.

? ¿Continuaremos invocándolo como nuestro salvador, dando por bueno que tenemos que ser salvados de alguna oscura culpa ancestral hereditaria, para así poder entrar limpios en un “más allá” eternamente fantástico, con o sin huríes?

? ¿Y le reconoceremos como fundador de una Iglesia única verdadera de verdad (no la budista, no la judía, no la musulmana, no la hindú…) y, además, de “esta” Iglesia (pero ese ya es otro cantar)?

A partir de ahí, la resurrección, la ascensión “a los cielos”, el Sagrado Corazón, la presencia real eucarística, la sábana santa, el Cristo de Medinaceli… y el juicio final, cuando llegue el big crunch con trompetas (porque sonará la trompeta). Pero mucho antes ya se habrá apagado la estrella Sol.

Todo resulta demasiado primitivo, demasiado naíf, demasiado de andar por casa en chancletas, demasiado de una época a la luz de velas de sebo.

Quizá valdría la pena valorar a Jesús de Nazaret por lo que fue y no por lo que le han hecho ser en estos veinte siglos; por lo que dijo e hizo, sin megalomanías ni mitologías interesadas (aunque resulte difícil saber qué dijo realmente y qué hizo y por qué lo hizo). Como un buen camino, como una personalidad amiga.

A menos que lo que necesitemos sea un amiguete invisible en el que refugiarnos cuando nos dé miedo crecer. Como el primo de Zumosol.

NB. Preguntado al respecto, el viñetista respondió: “Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”.

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