Los rigores del invierno sumados a la falta de una respuesta institucional ágil y en condiciones están dejando a decenas de personas migrantes recién llegadas a la capital desprotegidas y a la intemperie. Con todos los recursos para esta población colapsados y con listas de espera de meses, personas subsaharianas y solicitantes de asilo se ven abocadas a recurrir a los dos centros habilitados para la Campaña del Frío de la ciudad de Madrid, un recurso limitado y planteado para población sin hogar. Aún así, hasta 83 personas se han quedado sin plaza y en las calles dependiendo de la solidaridad de vecinas y organizaciones puntuales. Desde Alandar nos hemos acercado al punto donde cada noche los autobuses del SAMUR social recogen a las personas que dormirán en los albergues y hemos entrevistado a Carmen Cabrillo, de SERCADE, para que nos explique la situación.

Sabíamos que estaban. Manejábamos los datos a partir de organizaciones amigas… Pero cuando hace una semana empezamos a estar con ellos cuerpo a cuerpo en las filas de la Campaña del Frío su situación se nos hizo escandalosamente intolerable. Una amiga vinculada a Sercade y a la Red Interlavapiés, buena conocedora de la población subsahariana recién llegada, hizo de guía en este primer acercamiento. Un amigo senegalés que se quedó en calle, al derrumbarse parte de la casa ocupada donde vivía, fue nuestro compañero de fila en esta primera noche

Muchos migrantes esperan ser atendidos por SAMUR Social para dormir bajo techoDesde las 9 de la noche hasta las 10 van apareciendo, formando distintos grupos, las personas que buscan un lugar protegido para pasar noche en Campaña del Frío. El SAMUR decide quién entra y quién se queda a partir de unos criterios bastante imprecisos y subjetivos. Un momento especialmente tenso es cuando se empieza a llamar a los privilegiados que podrán acceder a una cama y protegerse del frio, para lo cual son transportados en un autobús plagado de gente cuyo aforo incumple toda normativa.

El personal del SAMUR nos dice que existen unos criterios de vulnerabilidad muy rigurosos. El caso es que muchas personas subsaharianas, la mayoría muy jóvenes y procedentes de Frontera Sur, que desde Tarifa, Málaga o Algeciras llegan a Madrid desorientados y con la mirada perdida, no los cumplen y se quedan en la calle. Van buscando un lugar protector para dormir bajo las escaleras de la estación de Atocha o en un banco de la Iglesia de San Antón, que en este mes de enero ha tenido ocupados los recursos de acogida.

Otro grupo que suele quedarse fuera y terminar durmiendo en la calle es el constituido por personas solicitantes de asilo o de protección internacional. El sistema de citas de la Oficina de Asilo y Refugio (OAR) se encuentra actualmente colapsado, de modo que con un poco de suerte si la han pedido este mes les atenderán en junio. Entre la gente excluida del derecho a cama se encuentra también un numeroso grupo de personas senegalesas a los que les expiró el plazo de su encierro de 60 días en el CIE y no les acogieron en ningún recurso. Junto a ellos, un grupo de menores marroquíes a los que el SAMUR se niega a llevar al Centro de Hortaleza.

Hace mucho frío y el viento seca los labios. Mientras tanto, la gente que sale del AVE cruza la calle con sus maletas, absorta en sus pensamientos, acostumbrada a naturalizar la exclusión y la criminalización de los migrantes, más aun si son “negros” o del Magreb. La globalización de la indiferencia no es un slogan del papa Francisco, sino que está cargado de una densa realidad cotidiana. Preferimos no ver para no dejarnos afectar, antes que reaccionar ante las personas en situación de exclusión y la negación de sus derechos humanos y sociales, como si fueran diferentes a nosotras.

En total 83 personas migrantes han sido excluidas del derecho cama en este mes de enero en la Campaña del Frío. “No cumplían los perfiles ni las temperaturas eran tan bajas como para activar 40 plazas más que se mantiene en reserva, porque iba contra el reglamento”, nos dicen los responsables técnicos con los que hemos intentado hablar en este tiempo.

El cartel de “Bienvenidos refugiados” en la puertas de Centro Cultural de Centro nos parece una burla ante la situación de estas personas, así como el lema propuesto del papa Francisco en la Jornada mundial de los migrantes: “Acoger, Defender, Integrar”, que si no lo llevamos a la práctica habría que borrarlo de las páginas web de todas las las iglesias diocesanas.

Algunas gentes de SERCADE, Red Interlavapiés, San Carlos Borroneo o comunidades religiosas como la Casa general de las Apostólicas del corazón de Jesús están acogiendo en sus casas a la vez que presionando a las instituciones para que gobiernen desde abajo y para todos, también para quienes hacen cola en Campaña del Frío y se les niega la acogida.

¿Para cuándo una respuesta eclesial y ciudadana que afronte la situación de quienes siguen llegando a nuestros barrios buscando la vida y aspiran a ser vecinos y amigos?