“Pese a todo, tenemos razones para la esperanza”

personal-9.jpgLleva 30 años en la República Centroafricana, país pobre entre los pobres de África. Este misionero cordobés tiene demasiados frentes abiertos: la lucha contra el sida, la malnutrición, el analfabetismo… Ahora, también tiene en su diócesis los efectos de la salvaje huída de Joseph Kony y los rebeldes del LRA ugandés.

¿Cómo está ahora la situación?

El LRA lleva tres años en Centroáfrica. Salieron de la gran reserva de Garambá, en el Congo, donde fueron atacados por helicópteros y se les ocurrió defenderse utilizando a niños raptados como escudos humanos. Entonces se dividieron en pequeños grupos y se desperdigaron. Un grupo llegó a Centroáfrica. Otra cosa que hicieron fue atacar de una forma violentísima a la población civil. Para robar y para demostrar que como se les persiguiera, las víctimas iban a ser de la población civil. Como los militares piensan que las víctimas civiles son “efectos colaterales”, las cosas han seguido mal. Los dos grupos que llegaron a Centroáfrica hace tres años se supone que están allí de paso. Están en cierta medida cercados por las tropas ugandesas que han llegado a esa zona del país y que los están intentando exterminar. Yo creo que están intentando escapar hacia el norte, hacia el Darfur. Pero, claro, necesitan comer y como son gente acostumbrada a la violencia, pegan el tiro antes de preguntar. Y roban así. Antes de que se les haya abierto la puerta, ya han matado al dueño del almacén o de la tienda y roban lo que sea. Han entrado hace unos días en la ciudad de Nzako y mataron a varias personas que se negaron a abrir su almacén, saquearon el mercado y se llevaron a una treintena de chicos y chicas como porteadores. Eso es lo que buscan: llevarse muchos víveres para poder comer durante una larga temporada.

¿Y los jóvenes secuestrados?

Los chicos probablemente volverán porque se escaparán. Las chicas no sabemos qué harán con ellas. Esto está pasando ahora mismo, a mediados de febrero.

El LRA se ha convertido en una secta, guiada por un líder carismático como Joseph Kony. Por eso están haciendo todo lo posible por acabar con él. Los militares han eliminado a su lugarteniente y él, que seguramente está en Centroáfrica, es al que persiguen. Posiblemente cuando acaben con él, la secta también se disolverá. Las tropas ugandesas y efectivos norteamericanos le están siguiendo el rastro por Centroáfrica.

Hace unos días has visitado Obo, ¿que te encontraste?

A la misión de Obo llegaron 4.500 refugiados congoleños huyendo del LRA y que viven en una situación lamentable. En ese momento, reuní a las mujeres de la parroquia. Me acordé del Evangelio cuando Jesús dice: dadles vosotros de comer y los discípulos encuentran cinco panes y dos peces. Y entre todos buscamos comida y preparamos unas cacerolas enormes y logramos darles de comer hasta que llegasen la Cruz Roja y otros organismos internacionales.

Entre esos 4.500 había una mujer anciana tirada en el suelo. Me senté junto a ella y me contó que habían estado huyendo durante 20 días. El catequista me dijo que habían estado a punto de dejarla porque la familia tenía una sola bicicleta y allí tenían que cargar las cacerolas y las mantas. Algunos eran partidarios de dejar a la abuela. Otros, no. Al final dejaron algunas cacerolas, las mantas y en una pequeña silla colocaron a la abuela en la bicicleta.

Y la población que no tiene nada que ver es la que más sufre.
Dice el proverbio que “cuando dos elefantes se pelean la que más sufre es la hierba que está bajo ellos”. La hierba es la población civil. Hemos asistido, sobre todo en el norte del Congo, a situaciones verdaderamente dramáticas. Hace dos años, en Navidad, un grupo de 150 jóvenes coristas que estaban reunidos fueron asesinados a golpe de machete por los rebeldes del LRA. Aquello fue una auténtica barbaridad. Una carnicería. Y en Centroáfrica han matado y violado a mucha gente y están haciendo mucho mal. Es gente que da mucho miedo.

Calificas a Centroáfrica de “país fantasma”

Porque no cuenta para nadie. La gente me pregunta que dónde vivo. Le digo que en Centroáfrica y me responden: vale, pero en qué país. Es decir, no saben que existe una nación que se llama así. Es un país que está en el segundo lugar por la cola en el índice de desarrollo, que es casi tan grande como Francia pero con algo más de cuatro millones de habitantes que tienen una esperanza de vida al nacer de 49 años. Es un país sin industria, donde la poca riqueza que hay se va sin control y con una historia de muchos amotinamientos seguidos y una gran inestabilidad política, lo que hizo que las inversiones se fueran. El país sólo interesa a las tres o cuatro multinacionales que van allí a llevarse los recursos naturales: el uranio, los diamantes, el oro, las maderas nobles, etc. Por lo demás, nadie sabe nada ni a nadie le interesa.

Es que África está siendo recolonizada

África vivió su años de independencias políticas pero ha habido decenas de conflictos armados y de guerras. Esto ha hecho que África ande siempre cojeando. Es un continente rico en materias primas pero siempre dependiente de otros. En los años ochenta llegaron multinacionales y ahora llegan países como China, que se está metiendo en todos y cada uno de los países africanos, que está hincándoles el diente de una forma silenciosa. Construyendo carreteras y hospitales pero llevándose muchísimo más de lo que dejan. Y esta batalla la libran contra otros países con el telón de fondo de los recursos naturales. Por ejemplo, el conflicto de Darfur es una lucha a muerte por el petróleo que está debajo. Grandísimas extensiones de tierra están siendo de nuevo repartidas con tiralíneas para que las grandes compañías puedan buscar el petróleo. Esto está pasando en Sudán y en Chad. Esta irrupción, además, está trastocando la vida y trayendo muchos problemas. En Chad está pasando con el oleducto de la compañía Exxon, de más de mil kilómetros, que atraviesa parte de Camerún, llega a la costa y termina mar adentro para que así los barcos carguen y no tengan ni siquiera que tocar el continente. Es un petróleo de mala calidad que se vende a China para hacer plástico pero que ha traído graves problemas al Chad, ha fragilizado el Gobierno y lo que el país recibe de esta explotación es apenas nada. Hasta que la compañía no recupere la inversión, el Chad no recibirá casi nada. Esto es un pequeño ejemplo de lo que supone la invasión de compañías en el continente africano. Porque, además, donde llegan estas industrias todo sube de precio, sube el consumo de alcohol, sube la prostitución y, al final, ¿para qué?

¿Y esto tiene arreglo?

Sin ninguna duda. Tenemos la virtud de la esperanza para pensar que hay arreglo. Hemos visto que un conflicto violentísimo como el de Angola, al final se arregló. O la guerra de Mozambique que, gracias a la intervención de la Comunidad de Sant Egidio, de Roma, se terminó. Hemos visto cómo un personaje de la talla de Nelson Mandela consiguió tanto para Sudáfrica. Hay razones para la esperanza. Pero hay sitios donde tardaremos en salir: la corrupción, la degradación del medio ambiente y la pobreza lo dificultan.

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