“Es parte de mi responsabilidad confrontar a mi Iglesia cuando se equivoca”

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Foto. Harper Collins.A finales de octubre un obispo emérito de la Iglesia Episcopaliana en EEUU visitó Madrid, John Shelby Spong. Pero no es un obispo cualquiera, sino un hombre valiente que lleva desde hace décadas hablando sin tapujos sobre igualdad de género, pidiendo apertura eclesial y reclamando respeto e integración en las Iglesias para el colectivo LGTB y las minorías étnicas. Durante su visita a nuestro país ofreció una conferencia, organizada por el Ateneo de Madrid en colaboración con el Área de Asuntos Religiosos de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB). Alandar pudo conversar con Spong, que ha sido duramente criticado por su propia Iglesia –e incluso amenazado de muerte por extremistas– a causa de este activismo.

Hace algunos años escribió un libro titulado Why Christianity Must Change Or Die (Por qué el cristianismo debe cambiar o morir). ¿Cree usted que se han dado algunos de los cambios que usted pedía entonces?

Algunos se han dado, no todos. La Iglesia no cambia de un día para otro, comienza por un movimiento pequeño y luego crece y se convierte en una reforma. Pero veo muchos movimientos en la dirección correcta en las comunidades cristianas a lo largo del mundo, aunque la resistencia ante cualquier cambio es muy profunda en todas las tradiciones cristianas.

¿Cree usted que se han llevado a cabo más cambios en las Iglesias protestantes que en la Iglesia católica?

Es difícil de decir, no soy lo suficientemente experto en la tradición católica, pero me da la sensación de que sus obispos pasan la mayor parte de su tiempo alejados de la realidad. Hasta 1991 la Iglesia Católica Romana no admitió que Galileo estaba equivocado y que la Tierra no era el centro del mundo. Cinco años después de eso declararon que Darwin y la cristiandad no eran necesariamente incompatibles. Todavía están operando en base a teorías sobre la homosexualidad que nadie en la comunidad científica aceptaría hoy en día, siguen definiendo a la mujer como complementaria al hombre, han convertido a la mujer en una “segunda clase”. Pero también en las Iglesias protestantes se dan estas corrientes, por ejemplo en el fundamentalismo evangélico que todavía piensa que la Biblia fue dictada por Dios y que todo lo que se dice en ella es literalmente cierto, lo cual no tiene sentido hoy en día. Por ejemplo, en el Deuteronomio pone que si un niño contesta mal a sus padres o les desobedece, debe ser ejecutado en las puertas de la ciudad… pero ¡hoy nadie haría eso!

Entonces, ¿las Iglesias son mutables?

Parte del problema es que hemos ido construyendo la Iglesia en la que parece que no se puede ser crítico con la Biblia, ni con las doctrinas, ni con el magisterio de la Iglesia, creyendo que el papa no puede equivocarse. ¡Y se ha demostrado muchas veces a lo largo de la historia que el papa puede equivocarse! Incluso hubo dos papas en un momento de la historia y se excomulgaron mutuamente. Así, la historia deja en evidencia los cambios que son necesarios ante cosas que son bastante absurdas.

Algunos pasajes de la Biblia han sido históricamente malinterpretados y causan mucho dolor a las personas, especialmente a aquellas a quienes se considera fuera de la doctrina. ¿Cómo puede la Iglesia mitigar ese dolor?

Tenemos que ser libres siempre para debatir y dialogar sobre lo que creemos y decir que lo que tenemos es una experiencia de Dios, pensar cómo la podemos explicar. La Biblia es una explicación de la experiencia de Dios aproximadamente entre los años 1.000 a.C. y 100 b.C. Muchas de nuestras expresiones litúrgicas provienen del siglo XIII. No hay nada malo en esos periodos de la historia, pero sabemos ahora mucho más de lo que la gente sabía en aquellos siglos, por eso hay que tomar actitudes que muestren que el núcleo de la fe cristiana es que Cristo nos hace ser profundamente humanos, que la tarea de Jesús en el mundo fue darnos vida y dárnosla en abundancia. Y no se puede dar vida en abundancia si estás constantemente odiando o teniendo prejuicios o definiendo a alguien en categorías muy negativas, como se hacía antaño con los zurdos y como se hace ahora con las mujeres o más allá con personas homosexuales, transexuales…

Precisamente la integración de las personas homosexuales ha sido uno de sus caballos de batalla, ¿cómo afronta usted este tema?

Cuando se escribió la Biblia la gente pensaba que la Tierra era el centro del universo, no conocían las bacterias ni los virus, pensaban que todos los signos provenían de un castigo divino. No entendían el funcionamiento de los mecanismos naturales, por lo que todo lo que sucedía en la Naturaleza era un milagro. Pensaban que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos. Y ahora ya nos hemos comprometido con Darwin y con la teoría de la evolución. Ha habido un cambio enorme en el mundo que las Iglesias están siendo muy lentas en aceptar, en términos de actitud están enraizadas en un periodo de la historia donde las mujeres se consideran “menos humanas”, con una humanidad inferior a la del hombre. Asumen que ser homosexual supone haber elegido llevar un mal estilo de vida, ni siquiera entienden las posibles causas de la homosexualidad. No conozco un solo científico profesional de la medicina en el mundo Occidental que hoy en día siga afirmando que la gente elige su identidad sexual. La gente descubre su identidad sexual y ahora vemos eso no como algo malo, es un aspecto más de la sexualidad humana, que está presente en todos los países, en todas las épocas de la historia. Es una parte normal de lo que significa el ser humano, esos son los cambios que están llegando desde el punto de vista de la sociedad y del conocimiento interno cristiano. Hay que confrontar el hecho de que quien escribió el libro del Levítico probablemente no tenía mucho conocimiento de las causas y los orígenes de la homosexualidad, no entendía que era una parte natural de nuestra humanidad, igual que una minoría de la población es zurda. Pensaban que la enfermedad mental era posesión demoníaca, en el siglo XIV tuvimos la Inquisición, que mató a mucha gente. No tiene que ver con decisiones morales, sino con la manera en la que se organiza el cerebro.

Ha sido usted criticado por sus opiniones y escritos sobre homosexualidad, mujeres e igualdad racial en la sociedad y en la Iglesia. Como obispo, ¿cómo afronta esas críticas?

Ciertamente no les presto mucha atención. Por supuesto que he tenido críticas y no solo críticas, sino enemigos: he sido amenazado de muerte 16 veces en mi vida y todas esas amenazas provenían de creyentes cristianos, nunca he sido amenazado por ateos o budistas. En cualquier caso, alguien que quiera intervenir en un debate tiene que estar informado y esto implica tener que leer las más recientes definiciones científicas de los temas sobre los que se está hablando. Cuando uno se da cuenta de que la base de los prejuicios es la ignorancia, entonces en nombre de Dios hay que confrontar la ignorancia y eso hacemos. No me gusta ser parte de una Iglesia que sigue persiguiendo a las personas homosexuales o que realiza discriminaciones, no es una manera de entender a Jesús con la que yo me sienta feliz de convivir, por eso creo que es parte de mi responsabilidad confrontar a mi Iglesia cuando se equivoca y llevarla por el camino de lo que es cierto.

Un grupo de teólogos escribió un libro sobre usted titulado Can a Bishop Be Wrong? (¿Puede un obispo equivocarse?). Entonces, cabe preguntar: ¿pueden tantos obispos [católicos, protestantes, evangélicos, ortodoxos…] estar equivocados?

Nunca me mandaron una copia de ese libro y si era todo sobre mí, ¡al menos deberían haberme mandado uno! La gente que escribió ese libro –conozco a la mayoría de ellos–, son personas muy conservadoras, muy de derechas. No creo que sea un libro que merezca mucho crédito, nadie lee ya ese libro hoy en día y, sin embargo, leen los míos. Pero, respondiendo, por supuesto que un obispo puede equivocarse, sí, la respuesta a esa pregunta es una sola palabra: sí. Los obispos se equivocan a menudo. Pero, por ejemplo, en ciertos casos de abuso sexual en la Iglesia católica, los obispos han decidido proteger a la Iglesia y no proteger a las víctimas de ese abuso y eso es claramente un error. Creo que si alguien abusa de otra persona la Iglesia debería participar en un proceso de investigación para determinar quién tiene razón y quién no, confrontar las pruebas. Y los obispos anglicanos y protestantes también se pueden equivocar, no solo los católicos.

Cambiando de tercio, ¿cómo ve la situación actual de crisis económica?

En todos los países tenemos que afrontar la crisis económica. Hay que asegurar que todo el mundo sea remunerado por su duro trabajo y que todos estén protegidos cuando no tienen empleo. Esos son los dos lados de la ecuación. Siempre hay gente que protegerá solo a aquellos que tienen dinero y a esos los llamamos “conservadores” o “gobiernos de derecha”. Y hay gobiernos que quieren destruir el sistema de clases y proteger y ahí tenemos el sistema comunista, que tampoco funcionó muy bien. Tenemos que tener un sistema que sea justo para todo el mundo, donde puedan tener acceso a capitales para poder comprarse una casa e iniciar negocios, no creo que el sistema capitalista sea tan malo. Lo que pasa aquí en el sur de Europa es que quienes están sufriendo son las clases medias y los pobres, no están sufriendo los ricos y creo que eso no le interesa a nadie. Me defino como “capitalista modificado” en el campo de la economía.

En un contexto como el actual (crisis económica, gente que pierde sus casas por no poder pagar la hipoteca, retroceso en derechos humanos…), ¿cómo deberíamos actuar las personas que nos decimos cristianas?

Para mí uno de los puntos más importantes del cristianismo es que se llama a la gente a amar a sus vecinos: no puedes amar a tu prójimo si tu prójimo se está muriendo de hambre, no puedes amarle si le están quitando su casa… tenemos que asegurarnos de que el sistema sigue funcionando para que la gente no se endeude tanto. Tenemos que ser responsables para crear equilibrio. Todo el país es rico si se tiene una clase media fuerte, si proteges los derechos de las personas entonces se crea riqueza. Nadie necesita ganar mil millones de euros al año.

Y, en esta situación, ¿qué deberíamos esperar de nuestras Iglesias?

Debemos esperar más liderazgo, ser testigos de lo que significa, ante la economía y la política, actuar bajo el principio de que amas a Dios con tu corazón y con tu mente. No hay que machacar a las personas que viven en la pobreza y no hay que tener miedo a subir los impuestos a las personas que acumulan riquezas. Siempre hay batallas políticas y no sé dónde está el punto medio entre los partidos conservadores y los progresistas, que existen en todos los gobiernos. Si compiten de manera justa en la campaña, a veces los conservadores ganan y a veces los progresistas ganan y, en general, parece que funciona bastante bien. Pero si un partido vence totalmente a otro y hace lo que le da la gana, puede generarse una gran crisis para una gran parte de la población. No es posible tener un país próspero si hay una mayoría de personas que están en paro o que viven en la calle. La gente no va a tolerarlo y, finalmente se levantarán para protestar si piensan que el gobierno dificulta sus vidas, es lógico y forma parte de la historia de lo que significa ser humanos.

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