“Es necesario lanzar un proceso de diálogo desde las victimas”

personal-3.jpgUna tierra fértil inmensa, que ocupa más de cuatro veces el territorio español. Un paisaje con lagos enormes, con agua, con selvas. Una región con oro y diamantes, llena de coltán y casiterita que hace funcionar móviles y ordenadores. Un país, en suma, lleno de riqueza pero que, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es el tercer país más pobre del mundo –superado en índice de pobreza únicamente por Sierra Leona y Rep. Centroafricana. El Congo es un país rico, en el que el más del 40% de la población está por debajo del umbral de la pobreza. Donato Lwiyando desarrolla una intensa labor con la población de Bukavu, capital del Kivu Sur. Pero también le impulsa un fuerte compromiso de denuncia de la situación del Congo y de las profundas injusticias que ha sufrido dicho país.

¿Cómo vive el pueblo esta dicotomía tan fuerte entre riqueza natural y pobreza?

El pueblo está reducido a vivir el día a día y tiempo de pensar en muchas cosas, no lo tienen, porque hay que luchar hoy para sobrevivir. Porque no se puede explicar que el Congo, teniendo 80 millones de hectáreas cultivables sólo cultive seis millones y tenga personas que mueran de hambre. No se explica que en el Congo, teniendo el 25% del agua de toda África, haya gente que no tenga agua corriente. No se puede explicar si no es porque siempre hemos tenido guerras donde muchas personas se han enriquecido: las multinacionales y los dirigentes.

Pero, ¿hay personas o grupos que sí son conscientes?

Los que saben todo eso lo viven con un sufrimiento tremendo, pero el común de los mortales nacen en esa miseria y se dice ‘pues no hay más’. Las personas que se están movilizando son las que están cambiando las cosas. Claro que algunos desaparecen, algunos se corrompen y se callan, algunos huyen para venir a Europa y vivir más tranquilos, escapar de esa situación inhumana… Pero se necesitaría decir al pueblo lo que es y lo que tiene. Por eso estamos pensando poner en marcha una radio para sensibilizar al pueblo, no hay mejor medio que la radio para decir a la gente ‘¡Despierta!’, para decir a la gente lo que está pasando.

¿Cuál es la situación de la mujer en todo este panorama?

Si no tuviéramos a la mujer en Congo, ya no existiríamos, porque la economía y la vida hoy en Congo está en las manos de las mujeres. Con la situación que estamos viviendo algunas mujeres son la referencia, no sólo de la economía sino de la familia, porque son ellas las que traen algo de comer, las que ayudan cuando se desanima el marido. Hay gente que se cree que en África las mujeres son las que vienen después y son las más olvidadas… pero eso no es verdad, porque las mujeres son una referencia. Pero a pesar de eso las mujeres han sufrido muchas barbaridades, son las que más han padecido en esta guerra.

¿Cuál es ahora mismo la situación del país?

Oficialmente el 20 de enero empezaron las operaciones conjuntas Congo-Ruanda cuyo objetivo era “cazar” a los Interahamwes –exmilitares ruandeses que fueron derrotados en 1994 que, desde aquel día, se encuentran refugiados en la selva del Congo– y obligarlos a volver a Ruanda. Entre ellos están los genocidas, pero hay también niños, mujeres y pequeños que llegaron con un año o con 15. Esta operación, con el apoyo de la comunidad internacional, lo que está haciendo es “cazar” a esa gente, como si no tuvieran dignidad humana, como si se convirtieran en animales que hay que cazar y matar.

¿Cuáles han sido los resultados de la operación conjunta?

Aunque en los medios de comunicación se está presentando como un éxito, eso ha sido una mentira porque esta operación ha sido un fracaso rotundo. Esos refugiados ruandeses, en vez de entregarse, se han adentrado más en la selva –porque ya hace quince años que viven allí y la conocen muy bien. Entonces los militares llegaron, encontraron a algunos, mataron a unos cuantos y mataron a cien civiles congoleños. Y, después, “oficialmente” volvieron, porque se sabe muy bien que entraron cerca de 10.000 militares ruandeses pero sólo salieron 1.500.

¿Qué papel está teniendo la iglesia católica en el conflicto?

La Iglesia católica es una referencia, en el ámbito de la justicia está muy comprometida, es la que anima a la sociedad civil, sea de parte del obispo sea de parte de muchos curas. En todo el país normalmente la Conferencia Episcopal se compromete muchísimo con la suerte de la gente, denunciando, publicando cartas que llegan a muchos sitios. Y en Bukavu en particular la iglesia está comprometida en la justicia con la sociedad civil y en la búsqueda de la paz y en un diálogo. De hecho, la Comisión Justicia y Paz de Bukavu está en diálogo con la Comisión Justicia y Paz de Ruanda, se reúnen, hacen reflexiones juntas e intentan desarrollar algunas orientaciones juntas. Algunas veces lo hacen en Congo, algunas veces lo hacen en Cyangugu, en Ruanda. Y cuando hay acontecimientos importantes, se invitan mutuamente y, con eso, hay un contacto fluido entre estos dos pueblos. También hay un compromiso muy concreto con las mujeres violadas, de hecho en todas las parroquias de la ciudad hay una oficina de escucha.

¿Qué salidas puede haber a la situación que vive el Congo?

Hay dos salidas, la primera es que la comunidad internacional salga de su hipocresía, que tenga en cuenta que la vida humana es más importante que la riqueza. Porque la comunidad internacional por vía de la MONUC (Misión de Naciones Unidas para la República Democrática de Congo) está favoreciendo el asesinato, la masacre de muchas personas.

En este sentido, ¿sirvió de algo la dimisión del general Díaz de Villegas, militar español que fue nombrado comandante en jefe de la MONUC y dimitió después de 20 días de ocupar el cargo?

Dimitió porque había cosas que no aceptaba. Yo quisiera que nos dijera a los congoleños por lo menos por qué dimitió y quisiera también decirle a este señor que es un valiente, porque al dimitir obligó a la ONU a darse cuenta de que esa MONUC no solamente no estaba haciendo nada, sino que estaba implicada en muchas barbaridades, y por eso se lo agradecemos muchísimo. Este hombre está viviendo un sacrificio por sus decisiones pero en bien del pueblo congoleño, y yo quisiera que sepa que el pueblo congoleño se lo agradece.

¿Cuál sería la segunda vía de salida?

El pueblo congoleño y el pueblo ruandés necesitan sentarse a la misma mesa a dialogar como víctimas y, a partir de eso llevar a cabo un proceso desde las victimas, desde los oprimidos. Y con ese proceso tal vez llegar a decir a nuestros dirigentes: tenéis que sentaros pero por nuestros intereses. Influir en la política del país y no siempre sufrir la historia sino también ser actores en ella.

Para más información: [http://www.africatumaini.org/

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