“En el Corán hay que buscar valores, no leyes”

personal-6.jpgDe todos es conocido que mezclar la teología y la lingüística puede ser peligroso. Sobre todo si eres un creyente musulmán y amas la filología de corazón. Nasr Hamid Abu Zayd, egipcio de 66 años, arabista y filósofo, sabía que, en los tiempos que corren, no es precisamente fácil ser exégeta del Corán, pero no pudo traicionar ninguno de sus dos amores. Y sufrió las consecuencias, malas y menos malas: por un lado, la censura, el exilio y el divorcio –en sentido jurídico islámico-; por el otro, la consideración como una de las figuras reformistas más relevantes en el islam.

Doctor en Estudios Árabes e Islámicos y profesor en la Universidad de El Cairo hasta 1995, Abu Zayd pronto descubrió “la necesidad de comprender el Corán en su contexto histórico y cultural” y se dedicó a la interpretación filológica del libro sagrado musulmán, revelando las transformaciones que ha vivido el islam en su contacto con otras culturas, “para que sea comprendido hoy”. Su obra parte de una premisa simple y clara: el Corán debe analizarse como texto y como literatura. En su opinión, “la filología es la única y posible vía para ahondar, esclarecer y adecuar el mensaje coránico a la comunidad islámica globalizada”.

Pero esto es algo que a muchos musulmanes, temerosos de que se ponga en cuestión la autoridad de Mahoma, no les gusta oír. No es de extrañar, pues, que sus libros fueran tildados de constituir una “ofensa a Dios y al islam” y surgieran las amenazas de muerte por parte de grupos fundamentalistas. En 1993, un colega lo denunció y, dos años después, el Tribunal Superior de Egipto lo declaró “apóstata” y declaró nulo su matrimonio con la hispanista Ibtihal Yunis porque, según la ley egipcia, una musulmana no puede estar casada con un infiel. La pareja rechazó la sentencia –“¿cómo pueden separar a una pareja que se quiere? Mi mujer se negó”, cuenta – y acabó exiliada en Holanda, donde el teólogo ocupa hoy la cátedra Averroes de Islam y Humanidades de la Universidad de Utrecht.

Abu Zayd no lo lamenta. Antes al contrario: “Yo les he perdonado. Querían silenciarme pero ahora mis ideas son más conocidas. Mis obras han sido traducidas al farsi, al turco y al indonesio. He vuelto a visitar Egipto. He salido ganando”. Está claro lo que, para él, es importante: la difusión de sus ideas en el mundo islámico. Se ha visto obligado a trabajar en Occidente, pero no ha perdido sus raíces ni aparece como un pensador de corte o influencia occidental: “Me gustaría decirle a la nación musulmana que nací, crecí y viví como musulmán y moriré como musulmán”, ha llegado a contar en alguna ocasión.

Una religión encinta de modernidad

Por eso, en sus escritos apenas hace alusión a autores europeos o de otras religiones. Lo que no significa que no se difundan por nuestras tierras. En España, la editorial Herder acaba de publicar, precisamente, su última obra, El Corán y el futuro del islam. Es este libro una suerte de síntesis de los postulados que Abu Zayd ha mantenido toda su vida. El punto de partida es el análisis de la sagrada escritura como un texto histórico: detectando la presencia de diferentes estilos literarios, el filólogo distingue entre el texto y la enseñanza divina que contiene. Además, sostiene, la relevación utiliza un lenguaje y unos esquemas narrativos de la cultura árabe original que deben ser adaptados al mundo global de hoy: “Debemos cambiar el paradigma de pensamiento. No podemos seguir pensando según normas establecidas hace 900 años”. Sin olvidar las sucesivas transformaciones que ha sufrido el islam a lo largo de los siglos: “sin las interacciones con la India, con Irán o con el helenismo, sin ir más lejos, el islam no puede hoy concebirse”, explica.

personalbis.jpgLas costumbres, la técnica, los modos de vida han evolucionado desde los inicios del islam en casi todos los países musulmanes: las leyes comerciales o penales, los sistemas escolares, las relaciones hombre-mujeres, las aspiraciones alimentadas por imágenes o ideas externas, etc. que deben adecuarse a la herencia islámica”, continúa el teólogo. “Hay que repensar el Corán a la luz de las necesidades actuales. La casi totalidad del Corán está formada por exhortaciones, no por leyes. Dios nos indicó su voluntad de impulsar a la humanidad por un camino de conversión continua; no fijó un marco de reglas intocables que han acabado por bloquear el impulso inicial. Para leer bien el Corán hay que buscar valores, no leyes”. Y de esta lectura surgen no sólo una visión moderna del texto sagrado y de Mahoma, sino también de aspectos espirituales, de la práctica religiosa y de temas tan candentes –y políticos- como la democracia, los derechos humanos, la violencia o el feminismo.

Opina Abu Zayd, en cualquier caso, que la cultura islámica está atravesando por un duro periodo de intransigencia y hermetismo a manos de un discurso religioso dañino y mortal, que embellece el pasado y hace un mal uso de la tradición. Pero también cree que son ellos mismos los que deben evolucionar. En sus palabras, “de la misma manera que los musulmanes no deben ser empujados a los límites definidos por los reaccionarios, tampoco deben ser definidos en términos de retraso y resistencia al progreso”.

El mundo musulmán, viene a decir, “es como una mujer que está encinta de modernidad, pero cuando acude al quirófano a parir, en vez de hallar la calma, se encuentra con mucha gente y mucho ruido, y eso le impide dar a luz”. Los musulmanes nunca están solos, concluye: “siempre existe la injerencia de alguna potencia externa; y esto bloquea a la gente, que se cierra y busca protección en la tradición”.
Un ejemplo paradigmático es, a su juicio, la cuestión del velo. En consonancia con su radical defensa de los derechos de la mujer, denuncia que el Corán no impone velo, sólo “recomienda modestia en el vestir”. Pero también piensa que la prohibición de su uso en lugares públicos, como ocurre en Francia, “es un caso de fundamentalismo secular. Yo comparo el laicismo francés con el wahabismo (la versión rigorista del islam que impera en Arabia Saudí). Cosas como éstas sólo sirven para provocar el enconamiento integrista”.

Y de enconamientos e integrismo es de lo que más huye Abu Zayd, como ha hecho toda su vida. Por eso, avisa, hay que tomar sus propias obras con las debidas precauciones: “ésta es mi comprensión moderna del islam, que se ha formado en un tiempo determinado, bajo ciertas condiciones y que no es eterna. Está abierta a nuevas interpretaciones; de lo contrario volveríamos a fabricar un nuevo dogma”. Léanlo, pues, como merece, pero no se lo tomen al pie de la letra.

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