El avance vertiginoso de la desigualdad

El informe Desigualdad S.A. presentado por Oxfam en el Foro Económico Mundial, más conocido como Foro de Davos (ciudad suiza en la que se celebra), refleja el creciente poder de las grandes empresas y los milmillonarios que las representan. Los datos son abrumadores; presentamos algunos, sugiriendo la lectura completa del informe.

Opulencia y pobreza: tan cerca, tan lejos. Fotos: Informe Oxfam «Desigualdad S.A.»

Cuatro personas se suman cada semana al número de milmillonarios en el mundo, ya son 2.769 y poseen una fortuna conjunta de 17 billones de dólares, mientras 3.600 millones de personas (el 44% de la población mundial) viven por debajo del umbral de la pobreza, establecido por el Banco Mundial en 6,85 dólares al día.

En 2024 aparecieron en el mundo 4.000 nuevos millonarios y 204 milmillonarios (más de mil millones de dólares). “Cada vez son más y cada vez son más ricos», según el informe. La riqueza conjunta de los milmillonarios se incrementó en dos billones de dólares (5.700 millones de dólares al día), y su crecimiento fue tres veces más rápido que en 2023. La concentración del ingreso avanza a ritmo acelerado. La fortuna de cada milmillonario creció en promedio dos millones de dólares al día; y, en el caso de los diez milmillonarios más ricos (Elon Musk, Jeff Bezos, Bernard Arnault, Mark Zuckerberg, Larry Ellison, Warren Buffett, Bill Gates, Larry Page, Sergey Brin y Steve Ballmer), 100 millones al día. “Son tan ricos que, aunque perdieran el 99% de su riqueza de la noche a la mañana, seguirían siendo milmillonarios”.

El 1% más rico de la población mundial posee el 38% de las riquezas, o sea, más que el 90% menos rico de la población. En otras palabras, 80 millones de personas, casi todas del norte global, concentran más riquezas que los 7.900 millones restantes. En 2023 ese 1% de ricos obtuvo 263.000 millones de dólares de los países del sur global a través del sistema financiero (30 millones cada hora), lo que Oxfam califica de “colonialismo moderno».

La actual brecha económica entre una minoría adinerada y una gran parte de la población de clase media y baja se profundiza. Los niveles de pobreza han quedado prácticamente estancados desde hace más de 30 años, debido a las crisis económica y climática, así como a los conflictos mundiales. El 79% de la población, que vive en los países del sur global, solo disponen del 31% de la riqueza mundial. Como leemos en el citado informe, “cuatro de cada cinco países del Sur han debido recortar sus presupuestos en educación, salud y/o protección social, y otros tantos han retrocedido en materia de fiscalidad progresiva; nueve de cada diez lo han hecho en derechos laborales y salarios mínimos”.

Los súper ricos suelen decir que hacerse ricos requiere habilidad, determinación y trabajo duro, pero el 60% de su patrimonio tiene su origen en herencias, en sus contactos con personas poderosas o en la corrupción.

Oxfam explica que esa pequeña élite privilegiada no solo acapara la riqueza, sino también el poder político, que utiliza para defender sus intereses, y menciona a Donald Trump, un milmillonario que se ha rodeado de 13 milmillonarios y del hombre más rico del mundo (Elon Musk) en su gabinete de Gobierno. Los milmillonarios y las grandes multinacionales utilizan su enorme poder de influencia para favorecer su propio enriquecimiento en detrimento de la igualdad y la justicia social, para frenar los esfuerzos internacionales por resolver los principales problemas del planeta, como el cambio climático, la salud pública o el sobreendeudamiento de los países más pobres. Tales países destinan casi el 40% de sus presupuestos anuales al servicio de su deuda, es decir, un 60% más de lo que invierten en ámbitos como educación, sanidad o medidas de protección social.

La reducción de los impuestos a las grandes fortunas y a las grandes empresas ha disminuido los recursos de los Estados y ha aumentado la riqueza privada. A mediados del siglo pasado, el 1% de los más ricos de Estados Unidos pagaban impuestos del 50% sobre sus ingresos; hoy pagan el 30%. Por el contrario, la mitad más pobre de la población pagaba el 8% y hoy paga el 25%. En el Reino Unido, el impuesto a los mayores ingresos era de cerca del 100% a finales de 1970, hoy es del 40%.

El aumento de las desigualdades sociales es, en efecto, un elemento característico del actual sistema económico-social, que produce el enriquecimiento a niveles indecentes de una ínfima minoría de personas, mientras el hambre y la extrema pobreza ganan terreno.

En su informe, Oxfam reitera la necesidad de diseñar un sistema fiscal internacional con impuestos progresivos a las grandes fortunas y empresas, suprimiendo los paraísos fiscales y gravando las herencias. Demanda que los gobiernos garanticen que los ingresos del 10% de la población más rica no superen los del 40% más pobre, y exige democratizar las normas de propiedad intelectual y garantizar salarios dignos. 

La desigualdad avanza vertiginosamente y los derechos adquiridos a lo largo de décadas, que parecían consolidados, se tambalean. ¿Cómo revertir “la edad dorada de la desigualdad” y lograr una economía al servicio de todas las personas? En el informe encontramos medidas dirigidas a los gobiernos y a la ciudadanía para que no caigamos en el derrotismo, al tiempo que nos presentan causas ganadas en favor de la disminución de la desigualdad.

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