Demandas desoídas y desatendidas en Bolivia

Artículo 2.1. de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”

Los derechos de los Pueblos Indígenas  incluyen el derecho sobre las tierras, los territorios y los recursos, así como el derecho a que se solicite su consentimiento previo, libre en aspectos que afecten a sus tierras.

Cumplidos ya los 75 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en Bolivia nos preguntamos cómo se cumplen los derechos humanos: ¿tienen las políticas públicas el enfoque de derechos humanos?  ¿Experimentamos avances o retrocesos? Si hiciésemos una encuesta nacional, ¿cuál sería el resultado? ¿Cuál sería la opinión de los pueblos indígenas de Bolivia?

Recogiendo la memoria histórica de un poder dominante que esclavizaba, violentaba, avasallaba y asesinaba a los pueblos indígenas cuyos derechos eran pisoteados y vulnerados; recogiendo la voz de quienes marcharon por el territorio en los años 90 y siguientes, donde hubo muertes; recogiendo la voz de quienes hoy siguen luchando para ser escuchados y no son escuchados ni atendidos, al contrario, son silenciados, amenazados… surge con más fuerza el desafío de hacer cumplir los compromisos asumidos por el Estado en materia de derechos humanos, contemplados en la propia Constitución y en los convenios internacionales.

En sintonía con Esmeralda Arosemena de Troitiño, actualmente comisionada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: “Es fundamental que los Estados cumplan sus compromisos… El desafío es que los pueblos indígenas sean considerados con absoluta dignidad e integridad de sus derechos, con un enfoque particular en la no discriminación por ninguna causa. El foco debe estar en los sectores más vulnerables, asegurando el respeto a su dignidad y evitando la exclusión, para que se preserve el sentido pleno de la humanidad”.

Desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se argumenta que “Las funcionarias y funcionarios públicos, autoridades y agentes estatales pueden comprometer la responsabilidad internacional del Estado, en caso de aplicar una norma de manera incompatible con los referidos instrumentos interamericanos. En particular, el Estado puede ser internacionalmente responsable por actos u omisiones emanadas de cualesquiera de sus poderes u órganos por los derechos internacionalmente consagrados, tanto según el artículo 1.1 de la Convención Americana como respecto de otros instrumentos interamericanos en la materia”. 

Es bueno refrescar la memoria para recordar que los acuerdos internacionales de derechos humanos, tanto la Declaración Universal como otros instrumentos interamericanos, son vitales porque no están para tenerlos como “poemas de amor” en la Constitución sino para aplicarlos en políticas y prácticas que reflejen claramente el “reconocimiento y respeto al otro como persona”.

Entre tantas situaciones preocupantes en Bolivia, las demandas de los pueblos indígenas ni son escuchadas ni atendidas, como las de los hermanos indígenas tsimanes del Sector Yacuma, en el municipio de San Borja – Beni,cuyos derechos son vulnerados desde hace más de 30 años. El Estado, a través de funcionarios públicos, niega el derecho a su existencia y a continuar con su forma de vida ancestral. Les niega los derechos sobre su territorio, les niega su dignidad. Privarles de sus derechos es privarles de los derechos humanos fundamentales que contempla con rango de ley la actual Constitución de Bolivia o la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas; la Convención Americana de 22 de noviembre de 1969; el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre los derechos de los pueblos indígenas, entre otros instrumentos internacionales.

Son incontables los testimonios de abuso de nuestros hermanos indígenas tsimanes que viven en el Sector Yacuma. Derechos que no pueden seguir siendo vulnerados: “Queremos decirle al Estado boliviano que reconozca nuestro territorio, respete nuestros derechos y cumpla sus compromisos nacionales e internacionales. Nosotros también somos personas, ciudadanos ahora que ya tenemos carnet de identidad; somos guardianes de la naturaleza y preservamos la vida para todos, para usted también”.

Todo está conectado porquelo que afecta a sus territorios afecta también directamente a su vida, a sus derechos y nos afecta a todos. Hacernos eco de la voz de los tsimanes nos duele porque nos revela la indolencia, la deshumanización del ser humano que por diversos motivos determina la vida de los pueblos, su existencia o no, sus proyectos de vida, de desarrollo, atándolos cada vez más al cordón umbilical de la dominación colonial. Las comunidades del Sector Yacuma se encuentran sin acceso a la educación, a la salud, al agua, a la justicia; por el contrario, experimentan la crueldad de las violaciones sexuales a mujeres y niñas tsimanes, los maltratos, las amenazas y, en muchos casos, la muerte.

El relator especial de Naciones Unidas para los derechos de los pueblos indígenas, José Francisco Calí Tzay, recomienda a los Estados que adopten las medidas necesarias para “reconocer y respetar los derechos de los Pueblos Indígenas consagrados en los instrumentos internacionales de derechos humanos, incluida la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Dichos derechos incluyen el derecho a la libre determinación y el derecho sobre las tierras, los territorios y los recursos, así como el derecho a que se solicite su consentimiento previo, libre e informado en los procesos de toma de decisiones que afecten a sus tierras y sus comunidades”.

“Cuanto haces a uno de estos pequeños, mis hermanos, a mí me lo haces” dice Jesús. Los seres humanos necesitamos vivir conectados, hermanados como prójimos para que entre todos vivamos como una familia unida, sin fronteras, sin distinción, respetándonos unos a otros, forjando juntos, “el buen vivir”, una vida digna para todos.

¡No los dejemos en un futuro incierto!
La ley está al servicio de la Vida y no al revés.
¡Dignifiquemos la vida!

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