Begoña Iñarra, de las Misioneras de África, lo tiene claro: sólo se logrará erradicar la trata de mujeres, el tercer negocio más lucrativo del mundo, si se elimina la demanda de prostitución que está en su base. Su experiencia directa con las víctimas, la aleja de cualquier tolerancia en esa materia.

Entrevista a Begoña Iñarra, que trabaja apoyando a las víctimas de trata

Begoña Iñarra. FOTO LALA FRANCO

Pregunta: Eres radical al rechazar la legalización o permisividad frente a la prostitución…

Respuesta: Llevo unos años trabajando con víctimas de trata y con mujeres que están intentando salir de la trata y lo que veo es que la trata está vinculada a la prostitución de modo que si no se elimina la prostitución, que es la causa, no se elimina la trata. Hay que eliminar ambas. He trabajado mucho con mujeres africanas y han pasado cosas terribles durante el trayecto a Europa. Las proxenetas son mujeres de su país que las envían en grupo, vigiladas por sus hijos o sobrinos que, una vez que llegan al país limítrofe, las venden para la prostitución. Las mujeres saben el peligro que sufren, pero lo único que quieren es llegar a Europa porque piensan que en Europa llueve el dinero y que aquí todo el mundo es feliz. Sé que la proxeneta ha pagado máximo mil euros por cada chica y a ellas les exigen luego una deuda de 50.000 euros. A veces las embarazan para poder traficar también con esos niños ¿Dónde están esos niños?

P: ¿Quién está detrás de esto?

R: Un negocio muy lucrativo, el tercer comercio más lucrativo del mundo tras el comercio de armas y de la droga.

P: ¿Qué datos tenemos sobre la trata en España?

R: Tenemos solo los datos de la policía y la justicia, que hablan de unos cientos de personas. Esas son mujeres cogidas por la policía y con juicio, pero las ilegales son muchísimas más. En Francia hubo el año pasado un estudio conjunto de organizaciones sociales, policía y judicatura y se calculó que son 6000 víctimas de trata, la mayoría para prostitución pero también algunas para trabajo forzado. Y en España deben de ser más porque somos el principal país de Europa en prostitución. El país donde hay más prostitutas y más jóvenes, porque los clientes – yo prefiero llamarlos consumidores de sexo- son también muy jóvenes . Como la edad del consumidor baja, ahora estoy viendo llegara chicas de 13 y 14; de África, de Rumania y países del este, y también de América Latina.

P: ¿Cómo hemos llegamos a eso?

R: Creo que por la banalización del sexo. Y por la pornografía. Los chicos hoy ven mucha pornografía desde los 11 o 12 años, se dan cuenta de que no pueden vivir lo que ven y se van a buscar prostitutas para ello. Pero detrás de todo está una sociedad en la que el hombre tiene todos los derechos sobre la mujer. Yo no he vivido eso, nunca he sentido esa diferencia que empiezo a notar en estos últimos años, en mi casa he sido considerada igual, y en los estudios y en el trabajo. Pero ahora trato con cantidad de mujeres que viven esa desigualdad, sin contar las mujeres asesinadas por hombres, es una vergüenza.

P: ¿Estamos peor que antes?

R: Muchísimo peor. Hace poco, en una conferencia sobre la trata, al hablar con mujeres supervivientes, decían que hace unos años las condiciones tanto de la trata como de la prostitución no eran las de hoy, que son muchísimo peores. Cuando ves los maltratos que yo he visto a chicas en Francia que habían pasado por Libia o Marruecos: cuerpos con cicatrices enormes, quemaduras, heridas de mordeduras terribles, golpes, las obligan a hacer burradas y encima luego les robaban el dinero. A la mujer se la cosifica y maltrata cada vez más.

P: ¿Qué pasa con estas chicas en España?

R: En España hay una policía especial contra la trata que está formada y forma a otros, también una fiscalía especial, lo que pasa es que no son suficientes, pero están haciendo un gran trabajo. Muchas de las mujeres que inician procesos de salida de la prostitución llegan a las organizaciones de apoyo gracias a la policía que las ha traído. Pero hay otras que la policía no detecta porque, por la Ley de Extranjería, no estamos preocupados por la persona que es víctima sino de que no haya un inmigrante más, y cuando llegan en condiciones de vulnerabilidad muchas pasan como si fueran inmigrantes normales cuando son víctimas de trata.

P: ¿Cómo es posible que estas mujeres vengan a pesar de los peligros?

R: Conozco el caso de una chica nigeriana detenida en Italia a la que una organización de religiosas ayudó para reinstalarse en su país. Allí tiene un pequeño comercio y quiere hacer propaganda contra esa idea de Europa ideal, y su propia familia se lo reprocha y le dicen: “dices eso porque eres una fracasada que no conseguiste quedarte”, y no la creen. Muchos jóvenes saben que hay muertos, pero creen, con la prepotencia de la primera juventud, que a ellos no les va a tocar; y sobre todo no ven salida hacia ningún lado, no tienen trabajo, ni dinero. Porque sus países, algunos muy ricos, son países empobrecidos. Y países corruptos, a los que mantenemos porque nos interesa beneficiarnos de sus materias primas.

P: Las mujeres que salen de la trata ¿se recuperan?

R: Hay programas muy buenos, como el proyecto Esperanza de las Adoratrices, en el que tienen ayuda de todo tipo y acompañamiento hasta que rehacen totalmente su vida. En mi experiencia en Francia, acompañándolas y escuchándolas, hemos logrado que un grupo grande salga de esa situación. Son mujeres que no tienen confianza en nadie, por la experiencia que han sufrido.

P: ¿Qué hay que hacer, entonces?

R: Hay que abolir la prostitución, hacerla lo más difícil posible, siguiendo el modelo sueco; y educar y formar desde pequeños en la igualdad. Hoy es el 10 aniversario de Talita Khun, red que depende de la Unión de Superioras Sayores, que está en todos los continentes en un esfuerzo coordinado de todas las religiosas que trabajan en ese campo y cooperan también con entidades civiles. En España se llama Renate. El Papa, el día de oración y acción contra la trata, ha tomado partido vinculándola a la lucha contra la prostitución. No habría prostitución sino hubiera demanda, es increíble que seamos el primer país del mundo en la materia.