Una llamada a compartir nuestros bienes, nuestra fe y nuestro tiempo

Foto. Franciscanos MisionerosEl impulso a vivir el Evangelio es lo que marcó a San Francisco de Asís a estar allí entre las personas más necesitadas y olvidadas. Y, como San Francisco, quien se toma en serio el Evangelio no puede quedárselo para sí, sino que trata de comunicarlo sabiendo que en otra persona, en lo profundo de su corazón, también habita Dios. Es la esencia de todo misionero y misionera. La misión es llevar el Evangelio con la vida y las palabras allí donde no se conozca. Los Franciscanos Conventuales de España tienen una llama encendida hacia las misiones de toda la Iglesia y la orden pero, más concretamente, en Colombia. Allí nos vamos a detener en un pueblo que se llama Corozal.
Foto. Franciscanos Misioneros
Corozal está en la costa Atlántica, situado en el Departamento de Sucre. Tiene una población aproximada de 50.000 habitantes y un clima tropical, con una temperatura media de 30 ºC y mucha humedad, que condiciona el ritmo cotidiano. La parroquia Santa Clara de Asís abarca la periferia de la ciudad de Corozal y toda la parte rural del municipio. La parte urbana comprende nueve barrios, muchos de ellos surgidos por el fenómeno de invasión de terrenos. Debido al fenómeno de la violencia que invade Colombia, muchas familias se han visto obligadas a abandonar sus tierras y han llegado a Corozal ocupando un terreno que no les pertenecía. Ahora se ven obligados a pagar de por vida un alquiler, pese a las condiciones infrahumanas en las que tienen que vivir. En estos barrios viven aproximadamente 12.000 habitantes, muchos de ellos menores, en casas fabricadas por ellos, sin agua ni luz corriente. La parte rural de la parroquia, abarca diez corregimientos (pequeñas pedanías) situadas en un radio de unos 20 kilómetros y a los que se accede por carreteras intransitables.
En la actualidad son cinco los hermanos encargados de la atención pastoral, labor difícil por la extensión y características propias de esta parroquia. Dada la situación de extrema pobreza en la que viven las familias del barrio (el 80% vive en situaciones de extrema pobreza), se puso en marcha el comedor social Santa Clara de Asís para garantizar, al menos, una comida al día a niños desplazados por la guerra y la violencia y provenientes de familias con escasos recursos económicos de los barrios marginados surgidos por el fenómeno de la invasión de terrenos. El desarraigo familiar es importante y son muchas las situaciones de violencia familiar. Viendo también la precaria situación en la que viven las personas ancianas del barrio (no pueden acogerse a ningún sistema de pensiones ni garantía social), se amplió el servicio de comedor a personas mayores en extrema necesidad que estuviesen solas o abandonadas. En la actualidad son 150 niños y niñas y 50 personas ancianas las que acuden al comedor diariamente.
Con el objetivo de ofrecer una atención integral, se inició desde España un programa de apadrinamiento de menores con el objetivo de sufragar los gastos de escolarización. Los menores acuden al comedor y también participan en un programa de apoyo escolar y animación socio-cultural. Lo viven como un pequeño oasis de paz y esperanza, donde se les acoge, se les tiene en cuenta y se les abren posibilidades de futuro.
Foto. Franciscanos Misioneros
Para sostener todo este proyecto se necesita una buena aportación económica, que no siempre puede venir del exterior. Para ello se ha puesto a producir una finca como autosostenimiento, de momento de un modo experimental, con ganado vacuno, gallinas y diferentes tipos de animales de granja, con una plantación de ñame y yuca. Es de admirar cómo la comunidad está bien implicada en este proyecto con su dedicación y entrega.

Ante esta situación surge una pregunta: ¿qué podemos hacer? Pues, primeramente, unirnos a ellos en nuestra oración. Y, como seguidores de Sam Francisco, estamos llamados a compartir nuestros bienes, entre ellos la fe. Lo segundo que podemos hacer es compartir nuestro tiempo. Un modo es participar a lo largo del año en un grupo misionero, en las diferentes comunidades que tenemos en España, en las que se reza, se forma y se preparan campañas solidarias. Otro modo, si se dispone, es estar un mes de verano compartiendo experiencia en Colombia, en un campo solidario misionero, colaborando con los frailes de allí en todas las tareas pastorales y del proyecto social de Corozal. Es un tiempo para abrir los ojos y ponerle rostro a una realidad que nos interpela desde la fe y desde la tarea misionera. Lo tercero que se puede hacer es compartir nuestros dineros. Se puede apadrinar un proyecto. Consiste en aportar 200 € al año y con ese dinero se puede sufragar los gastos de material escolar y calzado escolar para un niño o niña y la posibilidad de continuar los estudios. Otro modo es hacer un donativo periódico o puntual, que puede ser por domiciliación bancaria o transferencia. Lo poco aquí significa mucho allí.

En general, sorprende la alegría con que acogen, a pesar de las muchas dificultades, de un modo especial entre las personas más necesitadas, quizá porque su vivir es más frágil y han de vivir más confiados. Quizá porque de “ellos es el Reino de los Cielos”.
Para terminar, unas palabras de unos voluntarios del último campo solidario misionero:
Foto. Franciscanos Misioneros
Me quedo con dos cosas. La primera, la generosidad de la gente. Una generosidad que a veces nos hacía sentir incómodos porque veíamos cómo compartían con nosotros aquello que ellos tenían para vivir. Allí nos invitaban a sus casas, a sus fiestas de cumpleaños, nos abrían las puertas, nos invitaban a café, nos dejaban entrar de lleno en sus vidas, sin barreras. La segunda, la entrega desinteresada de los hermanos franciscanos, tanto los que están allí como los que desde aquí hacen posible que este proyecto sea realidad. Impresiona ver cómo alargan las horas del día o el dinero para abarcar a tanta gente” (Rocío González Tejada (22 años).

Yo me planteaba la idea de misión como un «salir de tu tierra», pero no solo en un sentido físico sino de una manera más integral, un salir en busca del otro, un estar abierto a lo inesperado, dejarme empapar de otras realidades y de otras experiencias.. Y eso es lo que yo recomiendo a la gente que se plantee este tipo de experiencias. Si vas con el espíritu abierto y dispuesto, la experiencia es muy enriquecedora.” (Fernando Marco Carrasco, 42 años).

El tiempo que estás allí, ves y sientes la injusticia de un mundo en el que las oportunidades y las necesidades están cubiertas por algo tan fortuito como el lugar en el que naces. Y te das cuenta de que tienes mucho que agradecer y mucho que valorar.” (Esther Hernández, 35 años).

Para más información :
e-mail: misionesofmconv@pazybien.org
WEB : www.misionesfranciscanas.org

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