Una imagen detenida en busca de movimiento

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Foto. Toby Adamson/Intermón Oxfam.Los meses, más cuanto menos se sufre, pasan volando. Tanto, que el pasado 12 de enero se cumplió el primer aniversario del gran terremoto de Haití. El adjetivo no califica al seísmo como grande por su elevada puntuación en las escalas que se encargan de medir la magnitud de estos fenómenos naturales. Precisamente Chile sufrió un terremoto de mayor intensidad que el haitiano pocas semanas después, pero sus efectos devastadores no son comparables a la catástrofe haitiana. Así, la más clara consecuencia de aquel gran terremoto fue hacer que el país más pobre de América, sin duda uno de los más pobres de todo el planeta, se hundiera más en la miseria material, política, sanitaria y cuantas clases de miseria puede conocer una sociedad actual. Se hundiera, se entiende, cuando fácilmente cabía pensar que estar aún más abajo era casi imposible.

Por eso, estos doce meses han debido parecer una eternidad para la sufrida población de Haití. Una eternidad tan eterna que casi parece puro estatismo: la vida prácticamente detenida, como en una fotografía, en el 12 de enero de 2010. Esto se debe a que, a pesar de que el gran terremoto trajo consigo una movilización internacional (política, económica, periodística, humanitaria) sin precedentes, las operaciones de ayuda a Haití después de su terremoto pasarán a la historia de las operaciones de ayuda por ejemplificar la ineficiencia y la ineficacia que convierten un pretendido esfuerzo planetario de ayuda en un acto poco menos que fallido. El mundo, una vez más, le está fallando a Haití.

A principios de enero, Oxfam publicó su informe Del alivio a la recuperación, en el que señala una triste combinación de factores (la indecisión del gobierno haitiano, la búsqueda demasiado frecuente por parte de los ricos países donantes de anteponer sus propias prioridades a la hora de ayudar y una Comisión Intermedia para la Recuperación de Haití deslucida en su labor de coordinar los esfuerzos para la reconstrucción y sacar a flote las capacidades estatales). Elementos que hacen que un año después la fotografía del país caribeño varíe demasiado poco a la del momento de producirse el terremoto.

Esa fotografía muestra a cerca de un millón de personas que aún viven en tiendas de campaña porque la cantidad de escombro que se ha retirado asciende a un raquítico 5%. Como señalan los responsables de la ONG en Haití, “a pesar del éxito de la ayuda de emergencia posterior al terremoto, la recuperación del país a largo plazo apenas ha comenzado”. Roland Van Hauwermeiren, director de Oxfam en Haití, es consciente de que “reconstruir este país trastocado no se conseguirá de la noche a la mañana”. Pero también llama la atención sobre la importancia de poner orden –y rápido- en la organización de la ayuda: “hay decisiones clave en las labores, limpieza de escombros, reparación de casas, asignación de terreno para la población que no podrá regresar a sus hogares” que deben tomarse “urgentemente”. Para ello se insta al gobierno haitiano entrante a que tome la iniciativa, como le corresponde, en estas decisiones, del mismo modo que le corresponde a la comunidad internacional apoyarlo de una manera coordinada.

Foto. Toby Adamson/Intermón Oxfam.El mundo, sus desgracias, no son sólo el terremoto de Haití. Hay muchos haitíes, conocidos y desconocidos, en nuestro planeta. Muchas fotografías detenidas aquí y allá, tanto o más penosas, la maquinaria encasquillada impidiendo que los fotogramas avancen hacia un final de la película medianamente feliz. Sin embargo, la estática estampa de Haití –porque simboliza a todas las demás– tiene que servir para que el tiempo de a los que menos les vuela les vuele un poco más rápido, con menos fallos, aunque sólo sea para que el 12 de enero de 2012 la imagen haya cambiado a mejor. La reconstrucción es movimiento.

Del terremoto al cólera (extracto del testimonio desde Haití de la religiosa Isa Sola, rjm)

Me decís que las imágenes de la tele son terribles, no las he visto más que en directo. Aunque no me hallo en medio de los disturbios, pero bueno, nuestra calle esta cortada con escombros, las calles están vacías o llenas de ruedas quemadas, la basura corre por todas partes… Los restos de los disturbios si los veo, los tiroteos, gritos y jaleo lo oímos de noche casi siempre y de día a ratos. A veces hay un silencio que estremece y nos decimos a nosotras mismas: esto no nos gusta nada… A veces oímos un rumor lejano que sale de los disturbios.

La radio la escuchamos a todas horas y van dando el parte en cada punta del pais o de la ciudad. No salimos, sólo vamos a la parroquia o damos una vuelta por el barrio si vemos que está tranquilo. Todo está cerrado, los comercios -que no son muchos- y los bancos, que desde el terremoto son menos y las gasolineras, todo esta cerrado. Con lo cual, ni comprar podemos. Ya llevamos cuatro días así y nos dicen que puede ir para largo.

Esto es lo que faltaba a Haití. Del terremoto al cólera y del cólera a la cólera en los disturbios por los resultados de las elecciones. Nos sentimos como acumulando todos estos acontecimientos dolorosos y nuestro vaso se va colmando. Desde la fe tampoco es fácil entenderlo, ¿qué quiere Dios de Haití, de cada uno de nosotros, los que vivimos aquí? ¿Hacia dónde camina este pueblo? Es complicado hacer una lectura de todos estos sucesos dolorosos, uno detrás de otro, que van llevando al desastre a un pueblo que tiene tanta fe, que es tan fuerte, que lucha por sobrevivir cada día.

No veáis las imágenes como lo único que ocurre en Haití. Es cierto que esto ocurre, pero no os quedéis con la violencia que veis en las imágenes. El pueblo haitiano tiene muchas cosas buenas que a mí me impiden perder la esperanza. Pero el pueblo haitiano esta cansado, agotado, dolido y dolorido, herido y enfermo, porque ve que todo esto ya es demasiado. Si hasta la posibilidad de que su líder entre en la segunda ronda se les niega, esto colma el vaso y la gente explota, literalmente. Es la rabia contenida durante tanta catástrofe que al final acaba por salir de la peor manera, de la forma más violenta.

No lo justifico, pero lo entiendo. Después de comprobar que yo he sido incapaz de controlar mis instintos por algo de comida, después de descubrir una Isa diferente ante estas circunstancias, entiendo por qué ellos se vuelven agresivos. Especialmente los jóvenes con menos recursos, pero con mucha fuerza física, son los que dominan las calles. Para mí es como un grito de justicia, de socorro, o de hartura, de dolor…

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