“Nuestro compromiso es luchar contra todas estas estructuras que generan muerte para que la vida resplandezca”

  • por

Foto. FRP.Querido Fernando, si te parece, preséntate un poco para los lectores de alandar.

Mi nombre es Fernando Redondo Pavón, nací en Asturias. Cuando tenía 11 años mis padres se trasladaron a Getafe, donde me crié. Estudié el bachiller y a los 19 entré en el seminario de los Misioneros Javerianos, ya que siempre sentí mi vocación sacerdotal unida a la vida misionera.

Ya hace veintisiete que soy sacerdote, cinco como misionero javeriano. Después pasé a la diócesis de Getafe, a la que pertenezco y donde durante diez años trabajé en varias parroquias, aunque mi trabajo más significativo fue como capellán en el Centro Penitenciario Madrid III de Valdemoro y delegación de Pastoral Penitenciaria.

¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Brasil?

Ya hace doce años, de los cuales siete trabajé en la región del Valle del Ribeira, la más pobre del Estado de São Paulo, atendiendo varias parroquias rurales y en la Pastoral Indigenista con indios guaraníes.
Invitado por el obispo de la prelatura de Lábrea, que se encuentra al sur del Estado de Amazonas, en plena selva amazónica, a orillas del río Purus. Sabéis que junto con el río Madeira es uno de los grandes afluentes del Amazonas, lugar en el que me encuentro desde hace cinco años. Ésta es una región poblada por varias etnias indígenas: apurinã, banawa, deni, jamamadi, jarawara, paumari, suruaha y otras poblaciones tradicionales de la selva amazónica que nosotros llamamos de ribereños por vivir en las orillas de los ríos. Son mezcla de blanco e indígena y por vivir de los productos que recolectan de la selva (pescado, caza, castaña, caucho y otros productos naturales) son llamados de “poblaciones extrativistas”. A todos ellos los denominamos habitantes de la selva.

¿Cuántos sois y cómo os organizáis?

En la misión somos unos veinte, entre misioneros y misioneras. El trabajo es inmenso y las distancias son enormes, ya que trabajamos en un área de 230.000km² (la mitad de España) con una población muy dispersa que llega a unos 100.000 habitantes. Lo que hacemos es que nos dividimos el trabajo y cada equipo atiende a unas determinadas poblaciones.

¿Cómo hacéis para llegar a la gente en medio de la selva?

Nuestro medio de transporte es el barco. Por eso muchas veces digo que mi casa es un barco, ya que paso la mayor parte de mi tiempo navegando por el río, visitando y atendiendo a estas poblaciones en sus necesidades más básicas.

¿Cuál es vuestro medio de subsistencia?

Son poblaciones que, a pesar de vivir en una región rica en biodiversidad, tienen un nivel de vida muy precario, tanto en lo que se refiere a la alimentación como a la salud y educación, ya que difícilmente tenemos lo que vosotros llamáis subvenciones del gobierno. A esto se une el agravante de que en cualquier momento pueden ser expulsados de sus tierras por los grandes terratenientes o madereros que invaden la selva (empresas internacionales con el beneplácito del gobierno) talando y quemando de manera descontrolada, arrasando con todo lo que encuentran a su paso para enriquecerse con la venta de la madera y la creación de grandes campos de cultivo de soja o caña de azúcar para la producción del mal llamado biocombustible, o pasto para criar ganado.

Este es el mayor peligro que hoy vive la selva amazónica y sus habitantes: la amenaza del gran capital que llega hasta estas tierras a través de la invasión del “agronegocio”, que para imponerse no tiene el menor escrúpulo de acabar con la riqueza natural, cultural y humana que desde siglos puebla esta región.

¿Cómo se desarrolla la convivencia entre las diferentes etnias?
Foto. FRP.
Es una región conflictiva, ya que estamos en la frontera de la invasión del “agronegocio” que viene empujando desde el sur del país. Por eso vivimos en un clima de violencia y amenazas. Están amenazados los líderes indígenas, ribereños, campesinos y también los que junto a ellos defendemos su derecho a la tierra y a la vida. En el sur del municipio de Lábrea, que es donde está la sede de la prelatura donde yo trabajo, sin ir más lejos, este año han muerto dos líderes comunitarios y otros tres están con protección policial por amenazas. Ante esta situación puedes imaginarte en qué consiste nuestro trabajo misionero.

¿A qué te sientes llamado en este lugar en el que poca gente se atrevería a quedarse?

Como misioneros, somos enviados a evangelizar y evangelizar significa en primer lugar hacer presente el Reino de Dios, donde reinan la vida, la justicia, la fraternidad, la igualdad, justo todo lo que falta por aquí. Por eso nuestro compromiso principal como misioneros es luchar contra todas estas estructuras que generan muerte para que la vida resplandezca. Es trabajar para hacer realidad aquéllas palabras del evangelio de Juan (Jn 10,10): “He venido para que todos tengan vida y vida en abundancia”.

¿En qué consiste tu trabajo principalmente?

Soy el coordinador en toda la prelatura de una pastoral que se llama Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) cuyo trabajo consiste en defender por todos los medios los derechos de todas estas comunidades ribereñas e indígenas que se ven amenazadas por la invasión del “agronegocio” al que me refería anteriormente. En primer lugar está su derecho a permanecer en estas tierras que habitan desde tiempos inmemoriales, viviendo de acuerdo con sus costumbres y cultura. Estas poblaciones viven en armonía con la naturaleza, extrayendo solo lo que precisan para vivir. No tienen el hábito de acumular, entre otras cosas porque no tienen donde conservar los productos perecederos (caza, pesca) y sobre todo porque siempre los tienen al alcance, aunque últimamente por causa de estas invasiones y de la pesca comercial, en algunas comunidades está empezando a faltar el pescado, que, junto con la harina de yuca, es el alimento básico de estas poblaciones. Nuestra cultura occidental, consumista, derrochadora y depredadora del medioambiente tiene mucho que aprender de estas poblaciones. Su manera de vivir “El bien vivir”, se presenta como una alternativa de vida que nos puede ayudar a preservar la vida en nuestro planeta, amenazado de muerte por la polución y la sobreexplotación, derivados de una cultura derrochadora, consumista e insolidaria. Considero un privilegio poder compartir mi vida con estas poblaciones porque son una escuela de vida donde te enseñan a valorar lo que realmente es importante: la solidaridad, el amor a la madre tierra que nos alimenta, vivir el momento presente, valorar al otro por lo que es y no por lo que tiene. En una palabra: descubrir que para ser feliz no necesitamos tener muchas cosas.
Foto. FRP.
Volviendo a mi trabajo concreto, en toda la prelatura tenemos cuatro equipos de esta Pastoral de la Tierra (CPT), uno en cada una de las cuatro parroquias en que está dividida la prelatura donde atendemos a más de 300 comunidades. Para llegar a ellas tenemos que navegar tres o cuatro días. Cada viaje significa estar fuera de casa 20 o 30 días. Por eso, gran parte de mi tiempo lo paso “viviendo” en un barco que surca las aguas del río Purus, hacia arriba y hacia abajo, visitando estas comunidades. En estas visitas, a parte de conocer la realidad, realizamos encuentros de formación y concienciación para que conozcan sus derechos y las causas que los están llevando a esta situación de inseguridad y pobreza. También intentamos buscar junto a ellos posibles vías de solución a esta situación, como la creación de Reservas Extrativistas que les permitan continuar en sus tierras y vivir según su cultura, utilizando los recursos que da la selva, sin el peligro de ser expulsados. Gracias a esta lucha el gobierno federal decretó hace tres años la creación de dos de estas reservas (más de un millón de hectáreas). Esto garantizó la permanencia en sus tierras a más de 2.000 familias que viven en armonía con la naturaleza, conservando su cultura y estilo de vida, sin el peligro de ser invadidos y evitando que la selva sea depredada. Una victoria de las comunidades ribereñas apoyadas por la Comisión Pastoral de la Tierra y otras organizaciones solidarias.

¿En qué consiste vuestro mayor compromiso aquí?

Una vez creadas estas reservas, nuestro compromiso, por llamarlo de alguna forma, es ayudarles en la organización social. Por eso en estas visitas también realizamos encuentros de formación para los líderes comunitarios, les orientamos en la organización comunitaria, dando formación sobre cómo crear una asociación o una cooperativa para que puedan vender sus productos en el mercado (castañas, frutas, pesca) a un precio justo. Les ayudamos a elaborar proyectos para mejorar la infraestructura de las aldeas en las áreas de educación, salud y comunicación. Todo un trabajo y acompañamiento cuya finalidad es contribuir para que puedan tener una vida más digna.

Ni que decir tiene que toda esta labor que como misioneros realizamos está guiada e impregnada por los valores del Evangelio, teniendo como modelo a Jesús de Nazaret que vino para traer vida y vida abundante, mostrando así un rostro de Dios que es Padre y que no soporta que a ninguno de sus hijos les falte lo necesario para vivir dignamente.

¿Cómo les acercáis al Jesús del Evangelio?
Foto. FRP.
Todos estos pueblos son religiosos por naturaleza, muchos de ellos fueron hechos cristianos hace cien o doscientos años. Por eso, junto a todo este trabajo social y sin hacer dicotomías, puesto que fe y vida deben de ir unidas, realizamos todo un trabajo de educación en la fe que va incluye la formación bíblica, catequesis, fortalecimiento de la vida comunitaria y celebración de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía como centro de la vida cristiana, que ilumina y orienta todo nuestro ser y hacer. Por eso en estas visitas a las comunidades, la Eucaristía es celebrada siempre al final de los encuentros como un momento de acción de gracias por todo lo vivido y donde la Palabra de Dios, el pan y vino compartidos iluminan y orientan la vida (nuestra y de las comunidades) sintiendo fuerza para continuar luchando contra toda forma de explotación e injusticia, intentando transformar esta realidad para que se asemeje lo más posible a eso que llamamos Reino de Dios, que es la razón de ser de toda Evangelización.

Querido Fernando, gracias por tu testimonio de vida por partirte y repartirte como lo hizo nuestro Señor, por no conformarte con un simple despacho y misa diaria en cualquier parroquia en nuestra acomodada cultura y mundo occidental.

Últimas entradas de Colaboración (ver todo)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.