Instituciones internacionales contra África

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Una mujer de participa en un programa de reforestación en Nyando (Kenia).

El futuro de África está en la agricultura. El continente posee una cuarta parte de las tierras fértiles de nuestro planeta -la mayoría de ellas sin cultivar-, la fuerza laboral más joven y potente de todo el mundo y crecientes mercados que cada vez demandan más productos. Estos tres elementos pueden estar en la base de lo que podría ser una verdadera revolución que cambiase la suerte de miles de personas en el continente: jóvenes, trabajo y agricultura.

Sin embargo, da la impresión de que los gobiernos africanos no están explorando todo este potencial ni invirtiendo suficientemente en él sino que, por el contrario, estén enajenando las tierras más fértiles a favor de grandes multinacionales del sector agrícola. Esto provoca el desplazamiento de miles de personas que se dedican a la agricultura y ganadería desde los lugares que han ocupado durante generaciones y pone en riesgo la seguridad alimentaria de los países africanos.

Cada vez más, los gobiernos africanos están abriendo las puertas a la apropiación de tierras por parte de las grandes corporaciones empresariales extranjeras. Este fenómeno de gran magnitud, que amenaza la supervivencia de millones de personas en todo el continente, también pone en peligro los ecosistemas, los bosques, las selvas y las especies animales en riesgo de extinción.

Las tierras fértiles africanas se han convertido en el principal objetivo de corporaciones multinacionales y de grandes empresas agrícolas, que han adquirido y siguen adquiriendo, con la complicidad de los gobiernos locales, millones de hectáreas de tierra cultivable por todo el continente.

Detrás de este movimiento están las políticas propiciadas por las instituciones internacionales. Muchas de estas, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y similares, exigen a los gobiernos africanos reformas que faciliten los negocios en el continente y que regulen temas como la propiedad, la compra-venta, el leasing y todas las acciones que se realicen sobre la tierra para permitir un mejor control de la misma y poder utilizarla, dicen ellas, para el desarrollo sostenible del continente.

Pudiera ser que estas políticas sobre las tierras y, de paso, sobre la agricultura, que promueven estas instituciones no ayudaran tanto al desarrollo como sus defensores proclaman. Es por eso que los expertos del Oakland Institute se preguntan a quién sirven instituciones como el Banco Mundial o el FMI. Aunque ellas dicen querer erradicar la pobreza en África y mejorar la vida de sus habitantes más desfavorecidos, sus prácticas y las políticas que patrocinan sugieren todo lo contrario. Por ejemplo, las inversiones que realizan muestran una clara priorización de las necesidades de las grandes corporaciones agrícolas multinacionales. Por otro lado, las reformas que imponen a los distintos países para favorecer que se puedan hacer negocios en ellos se centran en crear las condiciones que favorezcan el acceso de las grandes industrias agrícolas a la tierra y los recursos naturales de los países en desarrollo.

Por estas y otras muchas razones, los países africanos tienen que establecer medidas que les protejan de estas reformas impulsadas por las instituciones internacionales y buscar las que de verdad favorezcan los intereses de su ciudadanía y garanticen la seguridad alimentaria. Para ello, deben establecer agendas de desarrollo que aprovechen la disponibilidad de las tierras de cultivo para expandir la producción nacional y garantizar la seguridad alimentaria en el continente. Esos son elementos que se consiguen con reformas agrarias y no solo con políticas sobre la tierra que, como hemos visto, tienden a garantizar las inversiones de las multinacionales frente a los derechos de las personas más desfavorecidas.

Autoría

  • Alandar

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