FINES para mejores comienzos

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El proyecto FINES tiene como horizonte la inclusión y universalidad de la enseñanza. En América Latina y el Caribe, que es la región con mayor desigualdad social a nivel mundial, hay 45 millones de personas vulnerables que, en gran parte, abandonaron sus estudios por carencias económicas o falta de oportunidades.

Por su parte, según sostuvo recientemente UNICEF, aproximadamente un 50% de los y las jóvenes en Latinoamérica (que, mayoritariamente, viven en barrios humildes) dejan la escolaridad sin haber desarrollado capacidades suficientes para insertarse socialmente. Claro está que, sin educación formal y de calidad, no lograrán acceder a trabajos bien remunerados o emanciparse de quienes intentan mantenerlos en la ignorancia.

Uno de los intentos para paliar esta situación fue realizado por el Gobierno argentino que, en el año 2006, sancionó una Ley de Educación que plantea la obligatoriedad de la educación primaria y secundaria. Según el pedagogo y educador Juan Carlos Tedesco, “es la única manera de que hombres y mujeres se transformen en ciudadanos solidarios y reflexionen críticamente sobre las sociedades contemporáneas marcadas por el individualismo, el fanatismo, los prejuicios y los estereotipos”.

Dentro de esta política educativa, en el año 2008 el Ministerio de Educación argentino implementó el Plan de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios para Jóvenes y Adultos -FINES- a través de la articulación entre organismos estatales y organizaciones de la sociedad civil que, sumada a su cercanía con el territorio, posibilitan cubrir la demanda de la población en forma efectiva.

En los barrios vulnerables este plan se implementa en locales de organizaciones sociales, políticas y religiosas que, sin poseer infraestructura ni materiales adecuados para desarrollar una tarea educativa, ponen lo mejor de sí para recibir a miles de alumnos y alumnas. Por desdicha, el Estado, que no destina fondos suficientes para sostener estos espacios, tampoco garantiza que los docentes del plan -que están luchando por mejorar sus condiciones laborales- gocen de todos sus derechos.

Mural en una escuela autónoma zapatista en Chiapas (México). Más allá de estas críticas que evidencian una política que continúa reproduciendo la precariedad educativa sembrada por el neoliberalismo décadas atrás, la mayoría de las comunidades donde FINES sentó sus raíces estaban cubiertas por un manto de olvido e, indudablemente, este proyecto educativo, que tiene como horizonte la inclusión y universalidad de la enseñanza, transformó la desazón en ilusión de un futuro más próspero.

En efecto, a través de FINES, que “promueve diseñar propuestas educativas con aprendizajes autónomos, contenidos relevantes y contextualizados que valoren los saberes adquiridos por los jóvenes y adultos a lo largo de su vida”, el alumnado adquiere las herramientas necesarias para no ser más víctima de quienes Silvio Rodríguez llamó “los delimitadores de las primaveras que, presos de sus propias cabezas acomodadas, ríen con solo media risa”.

Con el fortalecimiento de estos planes, aquellas personas en Latinoamérica a quienes, décadas atrás, se había excluido del sistema educativo podrán adquirir los conocimientos curriculares indispensables para convertirse en artífices de una historia inclusiva colmada de justicia y equidad.

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