(Para los señores Olmert, Netanyahu, Barak, la candidata Livni y tantos otros.

Y con gratitud para tantos judíos admirables: como D. Barenboin, Isaac Rabin, y los miles de judíos que se manifestaron en Tel Aviv y otras ciudades israelíes en contra del genocidio de Gaza, silenciados por la prensa occidental).

¡Os maldicen millones de judíos,
Os maldicen las víctimas de Hitler.
Os maldicen Amós y Jeremías,
y los grandes profetas que alumbrásteis
tildándolos después de antisemitas!

Porque hacéis del horror del holocausto
más atroz y cruel de nuestra historia,
y de ese espectro inútil de la ONU,
o del miedo a la culpa del pasado
que atenaza a esta tibia Europa nuestra,
una coartada para vuestro crimen
y vuestro loco afán expansionista.

La viña de Nabot anuncia al mundo
que no sois más que Acab y Jezabel:
que la sangre y el llanto y los gemidos
y la vida de niños inocentes
claman a Dios y llegan hasta el cielo
porque son más sagrados que los votos
que pensais aumentar con vuestra infamia.

Lo mejor de vosotros os acusa:
“este pueblo me honra con sus labios,
pero su corazón está lejos de Mí” (Isaías 29,13).