Los personajes representan a mujeres del continente.Botswana contradice los principales tópicos sobre África, y por ello no sale en las noticias. Desconocemos una realidad africana radicalmente apartada de la corrupción, la pobreza extrema, el conflicto y el hambre. Pero, sobre todo, desconocemos muchos valores característicos de África que en un país como Botswana alcanzan todo su esplendor.

El estereotipo africano -y nuestra autoestima europea- deberían tambalearse cuando descubrimos que este país situado muy al Sur del planeta y cuyo territorio es mayoritariamente desértico, disfruta de gobiernos democráticos desde 1966, en una tradición pacífica no interrumpida desde el momento de su independencia.

Es cierto que Botswana tuvo suerte. Justo después de conseguir la independencia, se descubrieron en su territorio tres de los yacimientos de diamantes más importantes del mundo. Una buena redistribución de esta riqueza ha evitado problemas sociales y étnicos comunes en otros países. Sus estándares de estabilidad económica, educación y salud son sólo igualados en el continente por la vecina Sudáfrica. La actuación del gobierno ante un problema como la pandemia del sida, para la que aumentó el presupuesto en un 41%, es un ejemplo prácticamente único en el mundo.

Serie de televisión

Pero el orgullo de África no puede limitarse sólo a un país. África comparte valores mucho más sólidos que los tópicos que circulan sobre ella. Estos valores están hermosamente encarnados en algunos personajes de ficción, inspirados en muchos otros que existen en los miles de realidades africanas. El escritor escocés nacido en Zimbabwe Alexander McCall Smith ha creado una mujer de ficción, nacida en una serie de pequeñas novelas y que ahora protagoniza una serie de televisión rodada por Anthony Minghella. Se llama Precious Ramotswe, y dirige “la primera agencia de detectives mujeres” en Gaborone, la capital de Botswana.

Mma Ramotswe, como la llaman con respeto quienes la conocen, es una mujer “de complexión tradicional”, siempre dispuesta a aclarar sus dilemas morales ante una taza de té rooibos, y con una capacidad fuera de lo común para escuchar y entender a los demás. Y, sobre todo, una vocación africana convencida: Adoraba su país, Botswana, que es un lugar de paz, y amaba África pese a todos sus conflictos. «No me avergüenza que me llamen patriota africana«, decía. Ser africana forma parte de su forma de ser, de su misión en la vida: “Yo amo a todas las gentes que Dios creó, pero se me da especialmente bien amar a quienes viven en este lugar. Son mi gente, mi pueblo, mis hermanos. Considero un deber ayudarlos a resolver los misterios que surgen en sus vidas. Ésa es mi misión.

Su prometido en la serie, J. L. B. Matekoni, que más adelante, en un episodio lleno de emoción, se convierte en su marido, es un mecánico experto y bondadoso rodeado de aprendices inútiles, capaces de colmar su inmensa paciencia. Está comprometido hasta el tuétano con el orfanato de Gaborone, al que va con frecuencia para arreglar todo lo que se avería: la bomba de agua, el camión, el autobús… La directora del orfanato, Mma Potokwani, premia sus trabajos de mantenimiento con deliciosas porciones de bizcocho de frutas, y profundos ratos de charla. Las ideas de la directora del orfanato son siempre audaces, y es capaz de cualquier cosa para conseguir fondos para sus niñas y niños. Por eso, Mma Ramotswe y su prometido acogen a dos hermanos huérfanos, Motholeli y Puso, que necesitan un hogar. La enfermedad de Motholeli, que necesita ir en silla de ruedas, no impide que la niña se entusiasme con su capacidad para ser mecánica, como su padre adoptivo.

La historia de Mma Ramotswe muestra una y otra vez que la capacidad de escuchar y ponerse en el lugar del otro, la solidaridad y el respeto a las tradiciones africanas de la acogida son la mayoría de las veces la solución a la mayor parte de los casos y de los problemas de la vida. Sentada bajo una acacia con su taza de rooibos en la mano, viendo las siluetas de los tejados de Gaborone, reflexiona sobre la suerte de tener intuición e inteligencia suficientes para ayudar a los demás.

Así, buscar personas desaparecidas, descubrir si un socio es recomendable para un negocio, o indagar la fidelidad de un marido son retos que van mucho más allá que en una novela cualquiera.

África en comic

Otra mujer de ficción, mucho más joven y surgida del mundo del comic, que merece ser considerada entre los orgullos de África es Aya de Youpgon. Youpgon es un barrio marginal, un bidonville urbano de Camerún. Aya sueña con ser médico, a pesar de que en su familia no hay recursos para pagarle la carrera. Todas sus amigas tienen ambiciones mucho menos elevadas y sólo quieren tener ropa nueva, escaparse para ir a bailar y encontrar un novio con dinero para realizar un matrimonio conveniente. Son chicas más adaptadas a su realidad, que sufren menos pero tampoco tienen un futuro más allá de sus circunstancias.

A pesar del cariño por sus amigas, y de la necesidad de trabajar para ayudar a su familia, Aya se agarra a los libros con fuerza para que su sueño del estudio no termine en agua de borrajas. Mira con impaciencia unas veces y con condescendencia otras las travesuras de sus amiguitas, pero se compadece auténticamente de ellas cuando se quedan embarazadas muy jóvenes, cuando se casan sin amor, sólo para asegurar su futuro y el de sus bebés.

Aya cree que puede y debe luchar para ser alguien por sí misma. Y quiere ser médico porque en África ser médico significa poder ayudar a los demás a agarrarse más fuerte a la vida, a superar las dificultades básicas de la supervivencia. Los comics que cuentan la historia de Aya tienen unos preciosos anexos donde se cuentan muchos aspectos interesantes y admirables de la cultura africana: recetas de comidas, cómo caminan las chicas africanas moviendo espectacularmente las caderas para atraer las miradas de todos a su alrededor, cómo se visten con tres piezas de tela…

Precious Ramotswe y Aya son dos personajes entrañables, ejemplos dibujados con palabras o con líneas, que representan la vida de muchas mujeres de su continente. Mujeres que cada día superan todo tipo de dificultades, que asumen sin muchos aspavientos las dificultades, y que no se resignan a los estereotipos que las miradas ignorantes les asignan como mujeres, ni como africanas. Son dos ejemplos sencillos y emocionantes de por qué África puede ser también un continente orgulloso.