El Evangelio en una prisión peruana

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Los chicos de Anda en una clase de gastronomía. Este reportaje es fruto de la propuesta que Emi Robles, coordinadora de Proconcil, hizo a la parroquia de San Estanislao de Kostka, de Madrid y a alguna otra para encontrarnos el septiembre pasado con Norberto Nikolai, cura alemán de 50 años, que trabaja desde hace más de seis como capellán del penal de San Pedro, en Lurigancho (cerca de Lima) desarrollando un proyecto de acompañamiento y reinserción.

El reportaje está basado, además de en este encuentro, en un artículo que Emi publicó en Antena Misionera a su vuelta de Perú. Cuando Emi regresó, contó lo que había visto y oído. Por eso, cuando vino Norberto nos encontramos con él y con las personas con las que intenta hacer realidad la propuesta del Evangelio: “que todos tengan vida en abundancia”.

Norberto, el equipo del que forma parte y los reclusos son los protagonistas:

“En el exterior, dos hileras de puestos multicolores con mujeres comprando provisiones para sus familiares internos. Es día de visita. Hoy toca a las mujeres y niños. Los reclusos se concentran a la entrada, esperando a sus familias. Según se encuentran, se distribuyen por los diferentes pabellones. Los perros corretean a sus anchas por el interior del recinto.

El penal de San Pedro, más conocido como Lurigancho por el nombre del distrito en el que está ubicado, es el más poblado de Lima y en él convive la extrema pobreza al lado de la nueva clase media limeña, ubicada en urbanizaciones de reciente construcción.

Es una microsociedad que funciona entre rejas. Tiene un sistema complejo de castas y de liderazgos. Las «clases sociales» dentro de él y el lugar que ocupa cada preso dependen principalmente del barrio de procedencia, del delito por el cual está recluido y, sobre todo, de la carrera delincuencial y el grado de reconocimiento que haya tenido la persona en el mundo de la delincuencia.

Una pintura de Gianfranco realizada en el penal. El penal arrastra una historia de violencia, motines y muertes. Estos fenómenos han disminuido de unos años para acá, pero la violencia estructural, cotidiana, que se da entre los propios internos, la violencia que produce la corrupción de los funcionarios penitenciarios y de la policía, la falta de medicinas y de acceso a la salud, la gran cantidad de enfermos con tuberculosis y sida y el imperio de la droga que esclaviza y destruye a las personas siguen existiendo y configuran un escenario que no da mucho espacio para la resocialización de las personas, que sería el objetivo último de la cárcel, incluso, en la letra muerta de la ley peruana.

Los locales sencillos de la capellanía ofrecen un clima de limpieza y orden: la capilla, la biblioteca, las salas de reunión. Hay un jardín sencillo, cuidado. Un interno se hace cargo de la vigilancia de la zona para que no haya destrozos ni hurtos. Una treintena de personas trabajan en el equipo de pastoral penitenciaria prestando una atención integral a todos los internos que lo solicitan.

En la capellanía se ofrece la Eucaristía y los sacramentos, pero los talleres son abiertos, sin exclusión. Les gustaría favorecer un encuentro más ecuménico. No es tarea fácil, por el momento.

Atienden también dos mini pabellones, el de psiquiatría y de VIH-SIDA. Los recursos no dan para acoger a todos los enfermos, solo a quienes más lo necesitan y acuden voluntariamente. La intención es proteger a los más débiles.

Cuenta el cocinero de la estancia VIH-SIDA –que es otro interno– que, si no se alojaran aquí, serían capaces de vender su comida para sacar dinero para droga (algo muy fácil, ya que se produce en la misma prisión). De esta manera, les dan una alimentación saludable y a sus horas, para poder resistir los efectos de la medicación.

Norberto explica: “Es fundamental la implicación de los internos en los diferentes procesos; apoyan la pastoral y orientan a sus compañeros hacia los servicios que se brindan en la capellanía, de acuerdo a sus necesidades. Los ya recuperados hacen de hermanos mayores o responsables de casa con las personas con adicciones. No somos autosuficientes; son los propios internos los que nos guían y acompañan en estos procesos”.

Va habiendo cambios significativos en la mirada que los profesionales y fuerzas policiales tienen de los internos, muchos comienzan a mirarlos como a iguales, como persona que merece oportunidades, que tiene posibilidad de cambiar.

Norberto cuenta que, al principio, le costaba realizar su labor pastoral conociendo los abusos y corrupción en el interior de la cárcel. Ahora experimenta que merece la pena acompañar al interno en su proceso: “Me ayuda trabajar en equipo, sabiendo que no puedo resolver todas las necesidades de los internos pero que, dentro del equipo, hay alguien a quien derivarles”.

Taller ocupacional impartido en el Penal. La financiación del proyecto es precaria. No hay apoyo económico fijo, ni siquiera del obispado. Con algunas donaciones de amigos y comunidades cristianas se logra pagar los gastos de secretaría, de los dos terapeutas y de la enfermera. El resto del personal es voluntario. Adveniat y la Misión de Belén (Suiza) les prestan algunos apoyos puntuales de subvenciones y/o apoyo temporal con personal cualificado.

“Es un handicap no tener un apoyo económico estable para el personal que trabaja y para nuestro programa de alimentación especial. Necesitaríamos un psicólogo profesional para garantizar resultados sostenidos. Nos resultaría de gran ayuda, además del apoyo económico, recibir voluntarios de habla española, para ayudarnos y colaborar en los diferentes proyectos. Sería deseable poder contar con psicólogos, trabajadores sociales, asesores jurídicos, médicos, enfermeros… El apoyo debería ser, al menos, de seis meses, para poder conocer la realidad tanto del país como de la cárcel. Nosotros brindamos el alojamiento y, en los días de trabajo, el almuerzo en el penal. Y hay algo aún más importante que la especialización: el voluntario debe ser una persona de mente abierta, con un carisma especial de escucha y con capacidad de trabajar en equipo”.

Me despido agradecida. Mi compromiso, es contar lo que he visto y oído. Tal vez, alguien que lea esto se sienta llamado a colaborar en este proyecto de humanización y reinserción.

Para más información:

nikolainn@gmx.net
https://www.facebook.com/anda.comunidadterapeuticarehumanizadora

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