Educación y trabajo cooperativo

nortesur1-5.jpgLlegamos a Awra Amba desde Bahir Dar. Estamos en la región de Amhara, al noroeste de Etiopía. Ayer estábamos ante las cataratas del Nilo Azul y en las fuentes del Nilo. Eso vemos las turistas: ríos, paisajes, unas majestuosas montañas de un verde esmeralda por las que bien podría pasearse Tarzán si la deforestación no hubiera hecho estragos.

Las guías a veces no se limitan a los monumentos, y la nuestra despierta nuestro interés con las líneas que dedica a Awra Amba. Dice que es una comunidad que desde hace décadas trabaja cooperativamente, guiada por la convicción de que la salida para Etiopía no está en la religión ni en las plegarias, sino en la educación y el trabajo duro. Es una oportunidad de no limitarnos a los paisajes y los monumentos que no podemos desaprovechar.

Tras dejar la carretera principal entre Bahir Dar y Gondar, “la Camelot de África” por sus castillos medievales, tomamos una secundaria y, por fin, una pista de tierra que hace sufrir a Ishatu, el chófer.

Nos reciben Zumra Nuru, uno de los fundadores, Enaney Kibret, una chica silenciosa y sonriente, Amanu Ahmed, maestro, y Misgana Zubeny, que trabaja como médico en un pueblo cercano y hoy ha venido a visitar a su familia.

Un grupo de 20 personas, convencidas de que, para Etiopía, la vía de salida no sería la religión, sino la educación y el trabajo (al menos en esto, la guía no nos engaña), inicia la comunidad en 1972. En estas casi 4 décadas muchos han llegado y otros han marchado, incluidos algunas personas del grupo original. Actualmente viven en el poblado un centenar de familias, con un total de 400 personas, aunque muchas otras que viven en la zona forman parte de la comunidad y viven según los mismos principios, basados en los derechos humanos y la noviolencia, en la igualdad entre hombres y mujeres, el trabajo, el amor a la cultura, la participación de todos los miembros en el gobierno de la comunidad.

Paciencia y terquedad

Zumra Nuru nos explica, traducido por Misgana, cómo el maltrato de su padre hacia su madre le hizo pensar que había que vivir de otra manera, estableciendo relaciones de respeto e igualdad. Awra Amba significa, nos dice, “el terco”, y ciertamente ha hecho falta mucho empeño y una larga paciencia, además de muchos ensayos, para sacar la cooperativa adelante. No siempre ha sido fácil.

nortesur1bis.jpgAhora son más conocidos (la televisión les dedicó un reportaje), pero en el pasado han sufrido rechazo y persecución, porque su forma de vida choca y contradice algunas costumbres ancestrales: los matrimonios, nunca antes de los 18 años, no son concertados, sino que cada cual elige a su pareja, y no se hacen las costosas celebraciones que arruinan a las familias, ni para el matrimonio ni para los funerales; no hay trabajos de hombres y trabajos de mujeres; se atienden las necesidades de todas las personas, aunque no estén en condiciones de trabajar y hay alojamientos para los ancianos, los enfermos o los niños sin familia, que toma a su cargo la comunidad; existe el divorcio y está prohibido el adulterio y la poligamia; el robo, la difamación y el alcoholismo conllevan la expulsión.

Las decisiones se toman en asamblea, de la que son miembros todas las personas de la comunidad. Del gobierno ordinario se encargan 5 comités: planificación y proyectos, encargado de organizar el trabajo y de la economía, sanidad, educación, huérfanos y quejas. Cuando existe un conflicto, se plantea ante un comité de tres personas.

La biblioteca más pequeña del mundo

Enaney, Misgana y Amanu nos enseñan el poblado. Nadie pide limosna. Todos los miembros de la comunidad saben leer y escribir. Amanu nos enseña la pequeña escuela donde todos los niños son escolarizados desde los 4 años. A los 8, van a la escuela del pueblo, “donde son los mejores”, explica con orgullo.

Entramos, de una en una (es prácticamente unipersonal), en “la biblioteca más pequeña del mundo”, dice riendo Misgana. Es una minúscula choza circular, con techo de paja, cuyas paredes, salvo el hueco de la puerta son estantes de adobe, como toda la construcción. Luego vamos a la nueva biblioteca, espaciosa y luminosa, donde unas cuantas chicas leen. En los estantes también de adobe, muchos libros perfectamente clasificados, la mayor parte textos escolares.

Misgana nos enseña un cuadro con “las reglas de oro”, con los símbolos de las principales religiones. Awra Amba es una comunidad laica, que no da ningún nombre a Dios –“las religiones dividen a las personas”, explica Misgana-, lo que ciertamente resulta chocante en un país en el que la religión es omnipresente, especialmente la ortodoxa etíope, aunque también se ven un notable número de mezquitas y alguna iglesia de otras confesiones cristianas, y donde están convencidos de que guardan el Arca de la Alianza. Todo ello, al menos en las zonas del norte del país que hemos visitado.

nortesur1bisbis.jpgTrabajar para la comunidad

Puesto que no hay división del trabajo según géneros, hombres y mujeres se ocupan de los niños y la casa, y trabajan en el campo y en el telar. Cada persona trabaja un tiempo para sí y un tiempo para la comunidad. Generalmente, labran la tierra (la comunidad cuenta con unas 18 hectáreas de terreno) y tejen en los telares. La dueña de una de las casas que visitamos está tejiendo, mientras se cocina la injera, el pan etíope, en una ingeniosa cocina que, a la vez, proporciona calor a la vivienda.

Tenemos ocasión de ver esta organización igualitaria del trabajo en los telares comunitarios, donde hombres y mujeres se ocupan indistintamente de las distintas tareas que comporta hilar y tejer.
El dispensario está limpio y ordenado, pero no cuenta con mucho equipamiento ni medicinas. A Misgana le encantaría trabajar aquí, pero es imposible mientras el Gobierno no cree una plaza de médico en el poblado y se la conceda. Tiene que regresar a su lugar de trabajo.

Hacemos juntas una parte del camino y nos cuenta que un reto pendiente, que les gustaría solucionar en el futuro es conseguir que vuelvan los universitarios. En una población escolarizada y con los niveles de educación que Awra Amba cuenta, muchos chicos y chicas van a la Universidad. El problema es cómo conseguir que estas capacitaciones reviertan en la comunidad cuando acaban sus estudios. Los planes de futuro incluyen buscar salida profesionales para Misgana (y otros chicos y chicas) puedan ser médicos en Awra Amba.

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