Educación en tiempo de espera

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Foto: Entreculturas
Una bolsa como única pertenencia. Y en ella todo lo que se pueda meter, pero no más. Atrás queda todo, lo mucho o lo poco que se posea pero que no entra en esa bolsa que será lo único que miles, millones de desplazados puedan llevar en su huida en busca de un lugar donde poder vivir en paz, donde labrarse un futuro mejor. Su vivienda, sus utensilios, libros, recuerdos de familia, ropa… todo queda atrás. La bolsa como única posesión. Y con esa bolsa, todos llevan un deseo común: el de poder regresar algún día a su país.

El SJR (Servicio Jesuita a Refugiados) “fue fundado en 1980 con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos”. EL SJR celebra treinta años de servicio. En marco de esta celebración y como homenaje a las personas refugiadas y desplazadas, ha publicado un interesante informe donde analiza y aporta datos sobre esta realidad. El informe insiste sobre todo en la vulnerabilidad de las niñas y niños. De los 43 millones de personas refugiadas y desplazadas en el mundo, el 51% son niños, niñas y jóvenes menores de 22 años. Y en ellos se fija especialmente este informe realizado conjuntamente con la ONG Entreculturas.

El número de personas refugiadas y desplazadas en el mundo a causa de conflictos y persecuciones era de 43,3 millones en el año 2009, el más elevado desde mediados de la década de los noventa. Esta cifra incluye a 15,2 millones de personas refugiadas, 27,1 millones de personas desplazadas dentro de su propio país y a cerca de un millón de personas solicitantes de asilo, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El derecho a la educación

Éste es un derecho reconocido para todas las personas sin excepción, también para las personas refugiadas. Sin embargo, este derecho se vulnera de forma sistemática. La educación en los campos de refugiados es difícil de llevar a cabo por la dificultad de acceso a materiales escolares y especialmente por la falta de profesores docentes. En la actualidad, hay aproximadamente 22 millones de niños, niñas y jóvenes menores de 22 años refugiados y desplazados, que representan el 51% del total. Una gran mayoría de niños y niñas desplazados no recibe educación.

Los conflictos o desplazamientos actuales presentan como rasgo general una larga duración, lo que supone que, en la actualidad, la mayoría de la población refugiada lo estará durante un periodo largo, con una media de diecisiete años. Esto tiene importantes implicaciones para niños, niñas y jóvenes, ya que pasarán su infancia y juventud en campos de refugiados o en asentamientos improvisados.

La educación en los campos de refugiados, además de fortalecer sus capacidades para tener la posibilidad de afrontar un futuro digno, les facilita la capacitación y las estrategias de supervivencia necesarias, así como las herramientas para la resolución de conflictos y la construcción de la paz y, sobre todo, de una mirada al futuro. La educación asegura un entorno seguro y ofrece apoyo psicológico para mejorar las condiciones de vulnerabilidad en que viven los afectados.
Las niñas también

El informe hace un especial hincapié en el tema de género. “En general, un desplazamiento forzado o una necesidad de salir del país para muchas niñas y mujeres implica un aumento considerable de su carga de trabajo al tener que responsabilizarse de tareas relacionadas con el acopio de agua, leña, trabajo de la tierra y la atención y cuidado del hogar. También en muchos casos las mujeres asumen un rol de cabeza de familia”.

Leone Lam, del SJR del Sur de Sudán, contaba el trabajo que se está realizando para promover la permanencia de las niñas y las adolescentes en la escuela. Entre otras medidas está la de subvencionar el 75% de la tasa de matricula de las alumnas, ya que los padres preferían invertir en la educación de los hijos varones porque pensaban que la educación de sus hijas era una perdida de tiempo. Con los programas realizados han tomado conciencia de la importancia de la educación en sus hijas y como resultado de todo este trabajo, tanto los embarazos prematuros como los matrimonios forzados se han reducido. Lam acabó su intervención afirmando: “Si educas a una niña, educas a un pueblo. Si educas a un niño, educas a un individuo”.

Testimonio

«En 2005 huí de la República Democrática del Congo (RDC) con mi esposa y mis tres hijos a consecuencia de la guerra civil. Tardamos semanas en llegar a la frontera de Etiopía después de haber atravesado Kenia y Uganda. Cuando finalmente llegamos a la capital, Addis Abeba, nuestra ropa estaba destrozada y estábamos muy débiles. Presentamos nuestros casos y solicitamos asilo.

Durante los días siguientes vivimos en la calle comiendo sobras. Un día, un joven etíope nos llevó a la policía y les explicó nuestra situación. Unos agentes de seguridad del gobierno nos entrevistaron durante horas. Finalmente, nos indicaron que acudiéramos al Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), diciéndonos que allí encontraríamos ayuda.

En la oficina del SJR un hombre nos aconsejó sobre cómo adaptarnos a la situación. Nos dijo dónde podíamos encontrar ayuda y de qué tipo, cómo podíamos alquilar una vivienda y cómo utilizar el dinero de emergencia que habíamos recibido. Ese mismo día alquilamos una habitación cerca del Centro Comunitario para Refugiados (CCR) gestionado por el SJR. Después de una semana se nos concedió el estatuto de refugiados urbanos que nos permitió alistarnos en el programa de refugiados urbanos del ACNUR, a través del que recibimos una ayuda mensual de subsistencia, servicios de salud, y ayuda para pagar las tasas escolares de nuestros hijos.

En el CCR conocimos a refugiados de RDC, Sudán, Somalia, Yibuti y Burundi. Nos consolaba escuchar a personas hablar en nuestra lengua materna después de tanto tiempo. Todos compartíamos el mismo dolor por habemos visto obligados a abandonar nuestros países.

Recientemente, he terminado un programa de formación de capacidades vocacionales organizado por el SJR. Nuestra vida ha mejorado. Llegué sin nada, con las manos vacías, pero he adquirido las capacidades y la formación para ganarme el sustento”

Charles, refugiado de la República Democrática del Congo

Conclusiones del informe

1 La educación es un derecho de todas las personas reconocido por la comunidad internacional, que se vulnera.
2. En los casos en los que existe el acceso a la educación, ésta suele darse sólo en las primeras etapas educativas y la calidad es, en ocasiones, deficiente.
3. La educación es considerada fundamental por las propias personas refugiadas y desplazadas.
4. Hay una marcada discriminación en el acceso a la educación de las niñas refugiadas y desplazadas y, sobre todo, un abandono mucho mayor de la escuela.
5. La educación constituye una herramienta de protección para la población refugiada y desplazada.
6. La educación es una condición para el desarrollo.
7. La educación debe ser prioritaria en el trabajo con población refugiada o desplazada y constituye una acción fundamental en situaciones de emergencia.

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