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Jóvenes trabajadores en Lomé (Togo). Diversos estudios apuntan a que la mayor presión por la consecución de un empleo durante, como mínimo, los próximos 15 años se va a dar en África subsahariana, donde para el año 2030 se espera que cerca de 21 millones de jóvenes, de entre 15 y 24 años, se incorporen al mercado laboral.

Este potencial juvenil puede convertirse en un gran beneficio para los países de la región ya que, al contrario de lo que sucede en Europa, el sector de la población en edad laboral supera con creces al de los dependientes o al de los que todavía no pueden trabajar. Esta ventaja demográfica solo puede ser positiva si existen empleos remunerados que posibiliten una vida digna para todos los africanos y africanas.
Sin embargo, la realidad es muy distinta. Según el Banco Mundial, el 60 % de los jóvenes de África subsahariana están no tienen empleo y en muchos países se sobrepasa esa cifra.

Jóvenes e instituciones internacionales están poniendo mucha presión sobre los gobiernos africanos para que tomen medidas dirigidas a paliar este problema. Es imprescindible que se creen nuevos puestos de trabajo en el continente, independientemente de sector donde surjan: en el formal, en el de pequeños negocios familiares o en el agrícola.

Todas las políticas de empleo que se diseñen en el continente deben estar enraizadas en la educación básica, como mínimo, de la totalidad de la población joven del país. En un estadio superior, la formación profesional debería ser otro de los elementos determinantes de estas políticas y, finalmente, el acceso a tierras y financiación. Todos ellos son elementos que, combinados, potenciarían enormemente la llegada de los y las jóvenes al mercado laboral.

En la actualidad, muchos jóvenes tienen que compaginar varios trabajos para poder sobrevivir, por ejemplo la agricultura con algún pequeño negocio casero como la venta a pequeña escala de alimentos o productos básicos, actividades que caen en el llamado sector informal.

Un trabajador que descarga barcos en el puerto de Tema (Ghana).  Las estadísticas sobre el desempleo juvenil en África subsahariana excluyen a aquellas personas que están empleadas en el sector informal. Según estas, entre el 70 y el 80 % de los y las jóvenes de África tienen “auto-empleos” o trabajan en el sector informal. Gracias a estos trabajos sobreviven miles de familias en todo el continente, pero se trata de un sector donde no existen los buenos sueldos, donde es difícil desarrollar las propias cualidades y ascender y carece de seguridad a largo plazo.

Las perspectivas apuntan a que, en los próximos años, este sector seguirá empleando a la mayoría de la población joven africana si la tendencia no cambia. La necesidad de salir adelante ha obligado, tradicionalmente, a los y las jóvenes a agarrarse a la primera oportunidad que se les presente para sobrevivir. Para muchos de ellos y ellas, el dilema es trabajar en este tipo de empleos o emigrar y no todos consiguen el dinero o tienen el valor para intentar la aventura.

La inversión en educación y en agricultura podría mejorar la vida de miles de jóvenes a lo largo del continente. Sin embargo, a pesar de las promesas electorales, de los acuerdos firmados por los presidentes africanos y todos los informes sobre el tema, no parece que se esté haciendo mucho para cambiar la situación.

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