África y la economía informal

nortesur1-6.jpgLa primera vez que pisé Sierra Leona era de noche y acababa de llover. El coche que me llevaba desde el aeropuerto a la misión javeriana alumbraba a decenas de personas que caminaban entre mesas, apenas iluminadas por una vela o una lámpara de aceite, en las que se vendía todo lo imaginable: cacahuetes, latas de sardina, sal, velas, chanclas de goma, camisetas… Quizá ésta sea una de las imágenes más comunes a los distintos países africanos: cientos de personas vendiendo, trapicheando a cualquier hora del día o la noche.

Dicen los expertos que la llamada economía informal supone el 61% del PIB oficial de muchos países africanos, llegando, en algunos de ellos, al 80%. Esto, traducido en lenguaje para los no expertos, significa que gracias a la economía informal viven millones de personas en el continente: comen, se visten, mandan a sus hijos al colegio…

Es curioso ver cómo un generador de luz se convierte en un punto para recargar móviles, o un teléfono de segunda mano en un locutorio telefónico. Una cuchilla de afeitar y la sombra de un mango se convierten en una barbería. También hay personas que se pasan el día metiendo en trozos de plástico una cucharada de azúcar, de café soluble, de sal, de caldo concentrado, que es lo que se pueden permitir comprar sus clientes para la comida del día. Hay, también, cientos de mujeres cocinando en las aceras de las calles y vendiendo sus pastelitos, su arroz, sus fritangas…

Todos venden

En muchas ocasiones, tengo la impresión de que en África todo el mundo tiene algo que vender y que muchas veces los puestos callejeros ofrecen las mismas mercancías que los que están alineados junto a ellos. Siempre es un dilema decidir a quién comprar cuando todos te ofrecen la misma mercancía y al mismo precio. Tantas veces me he preguntado cómo es posible que todos ellos sobrevivan y salgan adelante. Es uno más de los misterios de África.

Los comerciantes suelen agruparse en asociaciones que tienen como objetivo la ayuda y protección mutua. En Sierra Leona, muchas de estas asociaciones conllevan un Osusu que no es otra cosa que la adaptación local de las “tontines”, un fondo común periódico, en la mayoría de los casos mensual, en el que cada participante espera su turno para recuperar el total. Es decir todos los miembros ponen una cantidad fija cada mes y uno de ellos se lleva el total mensual por riguroso turno.

Esto permite que muchos jóvenes puedan comenzar sus negocios. Papa es un buen ejemplo de esto: con apenas catorce años consiguió que alguien le prestase unas cuantas medidas de arroz para plantar. Cuando lo recolectó y lo vendió entró en un Osusu y contribuyó mensualmente hasta que llegó su turno y pudo tener una cantidad suficiente para iniciar su primer negocio que consistió en una caja de madera en la que portaba cigarrillos, mecheros, caramelos y chicles. Poco a poco aumentó su oferta con sardinas en lata, leche condensada, pega-pack (bolsas de plástico llenas de licor muy comunes en toda África occidental)…

Con el paso del tiempo, Papa construyó un chiringuito donde empezó a vender su mercancía y finalmente compró un generador de luz y un frigorífico, así pudo abrir el primer bar de Madina ofreciendo bebidas relativamente frías.

Es esta capacidad de sacrificio y perseverancia la que caracteriza a muchos jóvenes africanos y les permite una forma de salir adelante y de mantener a sus familias en un mundo donde los jóvenes tienen muy pocas oportunidades, principalmente por la falta de empleo o por los altos costes de la educación.

También las mujeres

Muchas mujeres africanas también se ven forzadas a buscar en la economía informal su sustento diario: Efe empezó vendiendo los productos que ella misma cultivaba en su huerto: mandioca, patatas, chile picante, cacahuetes… Con la ayuda de un Osusu consiguió el dinero suficiente para aumentar su negocio y empezó a ir a Conakry, la capital de Guinea, a comprar mercancía que luego revendía a las otras mujeres del mercado de Madina. Ahora Efe ha comprado una moto que le permite ir y volver en el día y traer pescado congelado y vegetales frescos a una zona del interior de Sierra Leona y tan aislada como es la selva del Tonko Limba.

El debate sobre el papel de la economía informal en el desarrollo económico de África se destacó en las décadas de los 80 y el 90 del siglo pasado, cuando las severas medidas macroeconómicas adoptadas por las instituciones financieras internacionales provocaron despidos de empleados del sector público, liberalización económica y privatización de empresas públicas. Como consecuencia, hubo una drástica reducción del empleo en los sectores formales, provocando que la economía informal adquiriera prominencia.

Según el Informe del Director General de la OIT en 1995 sobre “Promoción del Empleo”, la economía informal emplea, en África, más del 60 por ciento de la mano de obra urbana. El World Labour Report 1997-98, calculaba que, en África, alrededor del 61% de la mano de obra urbana está empleada en la economía informal y es probable que genere cerca del 93% de todos los puestos de trabajo adicionales de África.

En los últimos años, la incidencia de la crisis económica global ha provocado que empresas y ONG (uno de los mayores proveedores de empleo en el África subsahariana) hayan recortado el número de sus trabajadores. El paro ha empujado a gran número de estos antiguos trabajadores a refugiarse en el sector informal, por lo que éste ha experimentado, de nuevo, un gran incremento.

Transformar lo informal

Evidentemente, lo ideal sería el transformar el sector informal en formal porque así se regularizaría, se evitarían actividades delictivas que muchas veces se amparan en este mercado para pasar impunes y se ayudaría al Estado a recaudar más impuestos que podrían repercutir en servicios sociales para el ciudadano.

Pero cuando el Estado falla y la economía formal apenas genera trabajo y riqueza, la única forma que le queda a los excluidos para sobrevivir es invertir en la economía informal. Ésta es la que resuelve el día a día de millones de africanos y la que realmente genera trabajo y riqueza. Por ello es una contradicción el llamarla “economía informal” ya que no deja de ser una reacción social creativa e innovadora frente al fracaso del neoliberalismo y las ayudas al desarrollo: es el África del chanchullo y del apaño en todos los ámbitos y en todos los niveles para ir tirando.

Este modo de vida es un ejemplo más de la vitalidad y ganas de salir adelante de los hombres y mujeres de África: Utilizan su imaginación para inventar nuevas formas de supervivencia en un mundo que cada día los ningunea más y más.

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