Malos tiempos para inmigrantes en el campo

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Foto. Fito CarretoEn la distintas campañas agrícolas del país se está repitiendo la misma historia: las personas inmigrantes son ahora peor vistas que antes cuando, gracias a su participación, salvaban la economía, sobre todo la de los sectores más duros y peor pagados. Las administraciones intentan disuadirlas de buscar un trabajo para el que ahora se prefiere a nacionales. Sin embargo, los gestos de solidaridad continúan dándose en algunos puntos, como en Jaén, donde las comunidades cristianas y los movimientos sociales siguen volcados en la acogida y atención de los temporeros llegados de fuera de nuestras fronteras.

Las distintas administraciones han ido lanzando avisos disuasorios para evitar la llegada de personas extranjeras en busca de trabajo a las zonas agrícolas. Ante el alto desempleo, muchos expulsados de la construcción y de los servicios han vuelto al campo en busca de un jornal. Los recortes de los servicios sociales, especialmente para la población foránea, hacen todavía más difícil para los y las inmigrantes disponer de las condiciones adecuadas para mantenerse a la espera de obtener un contrato.

El caso más llamativo se encuentra en Lepe. El ayuntamiento de la capital de la fresa ya anunció durante el verano de 2011 que paralizaba la construcción de un albergue para inmigrantes, con la intención de ceder el edificio que se había empezado a construir con dinero de la Junta de Andalucía al equipo de fútbol de la localidad. Al tiempo, desde el propio Gobierno de la nación se había anunciado que la contratación en origen para la recogida de la fresa este año sería “residual” y que la intención del empresariado era cubrir la mano de obra con personas autóctonas o que tuvieran permisos de residencia.
Cáritas en Huelva cifraba en medio millar el número de inmigrantes que “malviven” actualmente en los asentamientos que existen repartidos por toda la provincia, concretamente en las localidades de Moguer, Lepe, Lucena del Puerto, Bonares y Palos de la Frontera. La situación en los asentamientos en los meses de verano era “más tranquila”, ya que la mayoría de las personas que vivían en ellos durante la campaña agrícola habían marchado a otros lugares para trabajar en otras campañas como la de la fruta en Lérida, el ajo en Albacete o la vendimia en la zona en Castilla-La Mancha. La realidad de los asentamientos, a juicio de los técnicos de Cáritas que trabajan directamente con personas inmigrantes, “ha cambiado y han pasado de ser estacionales y vinculados a la campaña de la fresa a ser permanentes”.

Con todo, la necesidad sigue obligando a los trabajadores inmigrantes a desplazarse para pelear por la oportunidad de hacerse con algunos ingresos. No ha faltado en la aceituna de Jaén. No tanto como otros años, pero todavía en un número significativo. Juan Cózar, médico de profesión y miembro de la institución teresiana, confirma que este año ha sido “el de menor presencia de inmigrantes en las calles de los últimos diez o doce”. La explicación es que muchos braceros “han preferido no venir ante las previsibles dificultades o han desistido de seguir esperando un jornal y se han vuelto”.

El Foro Provincial de la Inmigración apenas fue convocado días antes del inicio de la recogida de la aceituna. Todo un indicativo de la escasa importancia que las administraciones concedían a la preparación de los flujos migratorios. El albergue municipal de la capital jienense se abrió el 23 de noviembre, cuando las organizaciones sociales reclamaban su apertura para mediados de mes. En Santisteban del Puerto se llegó a convocar una manifestación interesada para exigir la contratación preferente de nacionales.

Sin dejarse arrastrar por las coyunturas, en respuesta al claro mandato evangélico “fui extranjero y me acogiste”, desde hace unos diez años algunos colectivos cristianos, junto con organizaciones sociales sensibles al fenómeno migratorio, desarrollan en la ciudad de Jaén una meritoria labor de acogida mientras dura la recogida de la aceituna. Este año no han faltado a la cita. A ellos habría que sumar la labor de las distintas Cáritas parroquiales, que en algunos casos se han encargado de la manutención y alojamiento de los jornaleros inmigrantes.

Cada uno de los siete días de las semanas de mayor presencia de personas foráneas, un equipo de voluntarios recorre las calles para ir al encuentro de los inmigrantes que pasan las gélidas noches de invierno al raso. Pertrechados con galletas y café caliente, ofrecen además de un ligero tentempié un poco de conversación y de calor humano. Quienes integran este dispositivo, cerca de 50 personas mayoritariamente cristianas, pertenecen a congregaciones religiosas como los maristas y salesianos, pero también a grupos parroquiales.
Esta temporada han logrado contactar con cerca de 70 personas, cobijadas en los cajeros automáticos, la estación de autobuses, bajo los aleros exteriores de algún edificio alejado de la ciudad… La mayoría, subsaharianos que decían tener sus papeles en regla. Algunos incluso tenían formación como informáticos y habían desempeñado estas funciones en nuestro país. Otros venían rebotados de la construcción y alguno pasaba su primera experiencia en España.

El Foro Social, integrado por miembros de Democracia Real Ya y de otras entidades políticas, habilitó su local para acoger a unas 40 personas durante las noches más frías. Es un dispositivo alternativo menos rígido que los de titularidad municipal, donde no se puede prolongar la estancia por más de tres días. Aunque la legislación obliga a la empresa a dar cobijo a los braceros contratados, todavía hoy en día perdura el mal hábito de salir cada día en busca de mano de obra para cada jornada que es devuelta al lugar de encuentro al llegar la noche y sin garantías de cobro ni mucho menos de continuidad en la faena.

Juan Cózar explica que al finalizar las rondas nocturnas volvía a casa “cargado de rostros de agradecimiento y gestos de ternura por parte de las personas inmigrantes. Al llegar nos recibían con la mejor de las sonrisas. Y no nos despedían sin agradecernos el gesto. La poca leche y las mantas son la excusa para llegar a lo verdaderamente importante: acercarnos, estar con ellos, acoger al inmigrante en su dignidad de persona igual a nosotros, compartir risas, deseos de trabajo y de mejorar su situación. Hacer que sientan que son importantes para nosotros, que se sepan acariciados por nuestras palabras, aunque sea un ratillo cada noche. Sabemos bien Quién nos convoca y une con ellos”.

La primera fase de la aceituna terminó al llegar la Navidad. Los voluntarios organizaron una vigilia de oración a las puertas del albergue municipal para agradecer el encuentro con los extranjeros. La cita reunió a varias decenas de personas, muchos voluntarios y braceros extranjeros, que invocaron un salmo “adaptado” en torno a un círculo de velas. Conforme discurría el acto, varios musulmanes salieron para unirse, Corán en mano, a la plegaria conjunta. “Fue una verdadera experiencia de Dios, llena de reciprocidad y participación”, admite Juan Cózar, para quien en esta ocasión, al ser menos, se han dado las condiciones para un acercamiento y encuentro más personal y más cercano entre los de aquí y los de fuera.

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