“Hemos de seguir, porque no hay conquistas sociales para siempre”

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Foto. ICIPEl pasado 29 de diciembre el Institut Català Internacional per la Pau (ICIP) entregó su I Premio ICIP Constructores de Paz al colectivo de objetores de conciencia e insumisos del servicio militar obligatorio. El premio fue recogido por Pepe Beunza, que fue el primer objetor por razones ideológicas en España, en 1971, junto con otros cuatro representantes del movimiento: Jordi Agulló, Jaume Llansó, Martí Olivella y Ramón Panyella. A continuación reproducimos el discurso pronunciado por Pepe Beunza en el acto de entrega de premios.

Hoy doy gracias a la vida por haberme dado tantos amigos, tan luchadores, tan pacíficos y tan generosos. Aquí me acompañan de todas las etapas, la objeción individual, la objeción colectiva, la objeción plantada y de la espectacular insumisión. Tambien Lluis Fenollosa y Angels Recasens, de los primeros grupos de apoyo y que fueron a la cárcel por pedir mi libertad. En nombre de todos recojo con orgullo y agradezco este premio “Constructors de Pau 2011” del Institut Catala Internacional per la Pau.

Querría destacar que los que más se lo merecen son los insumisos porque, ya en democracia, con su coraje, aguantando muchos años de procesos, cárceles, con acciones noviolentas de gran imaginación y con el apoyo social del espectacular crecimiento de la objeción de conciencia, conseguimos la desaparición del Servicio Militar Obligatorio (SMO) y casi también el sueño de todos los pacifistas, que era vaciar los cuarteles.

El fin de la “mili” estaba previsto para 2012 y tuvo que ser adelantado diez años, para evitar el desprestigio total de unos cuarteles vacíos. Fueron treinta años de dura campaña noviolenta con un balance espectacular. Casi un millón de objetores, 30.000 insumisos y más de mil años de cárcel cumplidos, que acabaron con el SMO.

Hemos de destacar el magnífico trabajo de apoyo de los familiares y amigos porque nosotros escogimos ir a la cárcel pero nuestros padres no escogieron tener un hijo preso y por esa razón tuvieron problemas y sufrimientos. El premio tambien es para ellos.

Estamos obligados a recordar a Kike Mur, insumiso que murió en la prisión de Torreros (Zaragoza) en 1997 en condiciones poco aclaradas. Su sacrificio no fue estéril, aunque los responsables no fueran juzgados. Los jóvenes que hoy se libran de la esclavitud del SM deberían recordar con gratitud su vida, como la recordamos nosotros. Tambien hemos de explicar que todavía hay países de Europa como Grecia o Turquía donde los objetores son perseguidos y encarcelados.
Pero hemos de seguir. Hemos pasado de una dictadura franquista a una dictadura financiera internacional a la que hemos de ser también insumisos. No se puede llamar crisis a una economía que permite que los doce más ricos de España sigan disfrutando de enormes beneficios mientras la mayoría sufre carencias básicas en un Estado de derecho.
Hemos de seguir porque no hay conquistas sociales para siempre. Estamos viendo cómo se pierden mejoras en sanidad, enseñanza, servicios sociales etc. de lo que era un principio de sociedad de bienestar conseguida con muchas luchas y penalidades.

Dicen que no hay dinero, pero nosotros sabemos dónde está. Es un escándalo que hay que denunciar con todas nuestras fuerzas. Con la cuarta parte de lo que el mundo gasta en armamento se podrían eliminar los problemas básicos de la humanidad.

El eslogan : “Menos armas más escuelas o gastos militares para gastos sociales” tenía vigencia cuando empezamos en 1971 y lo sigue teniendo ahora con mucha más razón.

Hemos nacido para disfrutar de la vida en este generoso planeta que, como decía Gandhi, da suficiente para cubrir las necesidades de todos pero no para la codicia de unos pocos.

Es monstruoso pensar que cada niño que viene al mundo, en vez de recibir lo necesario para una vida digna, es decir, comida, casa, amor, cultura etc. recibe quince condenas a muerte que es lo que nos toca a cada uno del enorme arsenal atómico acumulado. Esto hace que sea un milagro cada día que vemos salir el sol.

Hemos escogido un adversario poderoso, el complejo militar industrial que saca beneficios económicos de la muerte y la destrucción. Somos muchos, pero no los suficientes. Por eso hemos de aprender a superar nuestras diferencias, a crear complicidades, porque nuestra división es su fuerza.

Si queremos sobrevivir como especie especie humana, el desarme es un objetivo prioritario, porque ningún ejército nos puede defender de un ataque con armas atómicas, químicas o bacteriológicas. Por eso, todo gasto militar es un gasto inútil para nuestra seguridad y de esta realidad hemos de convencer también a los militares.

Pero queremos ser positivos; hemos de pasar de una cultura de muerte, capitalista y depredadora, de despilfarro, competencia, miedo, velocidad, egoismo, a una cultura de paz, donde la vida sea sagrada, basada en la cooperación, la generosidad, la proteccion del débil, la alegría, la sencillez, la compasión, valores que nos hacen personas y a las sociedades más felices.

Hemos de potenciar las organizaciones de paz para que puedan canalizar la enorme aspiración de los ciudadanos, para construir una sociedad más justa y pacífica donde el progreso sea el reparto de la riqueza.

Cataluña, nación sin ejercito, está en una magnífica situación para crear unas fuerzas de paz noviolentas que nos permitan intervenir en los conflictos en tareas de inter posición, mediación, inmovilización del adversario, diálogo, reconstrucción etc., porque si cuando hay un conflicto, solo tenemos ejércitos armados, la espiral de violencia está asegurada, como vemos continuamente.

Nosotros creemos en la defensa con las armas de la noviolencia. Ningún tirano, ningún invasor es capaz de resistir una huelga general, una campaña de no cooperación o de desobediencia civil. Pero para esto es necesario que la riqueza esté repartida, que la sociedad sea participativa y descentralizada y que el pueblo esté entrenado en estas técnicas.

De momento somos, como decía nuestro maestro Gonzalo Arias, aprendices de noviolentos. Hay mucha historia para explorar pero, cuando una campaña sale bien, como la que recordamos hoy, hemos de utilizarla para aprender y avanzar. Podemos cambiar las leyes injustas y las sociedades pueden mejorar.

Otro mundo no solo es posible sino que es necesario. La respuesta noviolenta de los jóvenes del 15 M a las cargas de la policía nos llena de esperanza. El camino de la noviolencia, con sus fases de confianza, denuncia, no cooperacion, desobediencia civil y sociedad alternativa, es ancho y largo y está lleno de aventuras apasionantes, de emociones, de alegrías y también, como es lógico, de sacrificios. Es un camino que nos hará libres e independientes. En definitiva, un camino para ser buenas personas. Hay sitio para todos y todas. Muchas gracias.

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