El circo de los Juegos Paralímpicos

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© Javier Regueros ONCE.En estas fechas, del 29 de agosto de 2012 al 9 de septiembre, se está celebrando en Londres una nueva edición de los juegos paralímpicos. Sin duda, un gran evento internacional con la discapacidad y el deporte pero… ¿no se asemeja más al circo de los romanos?
Me explicaré, porque dicho así, sin anestesia, parece una aberración dicho paralelismo, pero empecemos por analizar el nombre que todos y todas empleamos.

Según el diccionario, el prefijo “para”, que es lo único que lo diferencia de los juegos olímpicos, significa en este caso: “junto a” pero seguro que muchos y muchas de quienes estáis leyendo ahora estas líneas, habéis pensado la otra acepción más conocida que es: “fuera de o más allá de” y claro está que pensar que estos juegos son “fuera de los olímpicos” o, “más allá de los olímpicos” tampoco está del todo mal utilizado porque de entrada no he entendido nunca que se separen unos de otros… y se genere una exclusión concluyente.

Se aluden explicaciones técnicas para no realizarlos juntos, como al igual que sería un despliegue personal y de instalaciones tan grande que no podrían asumir muchas ciudades. Y esto, ¿nos lo creemos?
Evidentemente yo no. ¿Por qué no se organizan eventos multitudinarios con muchas más personas, países y complejidades como la cercana JMJ o Eurocopa o mundiales y en las que se mueven una barbaridad de dinero, necesidades, infraestructuras y pueblos muy distintos?

Creo que son excusas peregrinas y más en este siglo XXI, pero lo que más me duele es que luchamos día a día por la integración, la inclusión social en la mayoría de ámbitos buscando la normalización de las personas con discapacidad y cada cuatro años, en el mejor espejo en el que nos pueden ver la población mundial -como son los juegos paralímpicos- se nos vuelve a separar, para que contemplen las gentes a los “válidos” primero y, como en el circo romano, a modo de entretenimiento curioso, el espectáculo de los “inválidos”.
© Javier Regueros ONCE.
No es justo -y además en esta edición- un deportista sudafricano Óscar Pistorius, se puso de moda en los medios de comunicación estos años atrás por reivindicar su participación como deportista en los juegos olímpicos aunque lleve en ambas piernas prótesis por su tipo de discapacidad. Tuvo que presentar multitud de informes médicos, de potencia muscular para demostrar que sus piernas postizas no le aportan una ayuda extra respecto al resto de deportistas y una infinidad de pruebas para que los tribunales ratificaran que realiza el mismo esfuerzo -o más, si cabe- y al final ha conseguido que sea el primer deportista con discapacidad que se “cuele” en los juegos de “los normales”, único en la historia.

Y ¿no será que estéticamente quede mal ante las piernas rutilantes y perfectas de los olímpicos? Claro, meter a un “mutilado” entre tantos “titulados” con sus medallas rasca un poco

Es una percepción quizá equivocada por mi parte, pero tengo la sensación de que cuando el público visualiza el deporte paralímpico se fija más en ese miembro amputado, esas prótesis llamativas y en algunos casos seguro que cambian de canal por no aguantar esa imagen diferente. Sin duda es más agradable a la vista ver el cuerpo de un atleta o nadador con todos sus musculitos marcados, la famosa tableta, que, en cambio, posturas extrañas para conseguir el mismo objetivo del triunfo.
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Ocurre igual con la cobertura mediática, relegando a horas intempestivas o a mucha menos presencia horaria en la retransmisión de los paralímpicos en la televisión, con lo que ello connota.

Concluimos con el deseo de que algún día sean “juegos para todos y todas”, sin separatismos y que se valore la superación, el esfuerzo y la valía a cada uno, sea como sea, sin distinción de país, raza, sexo o condición, para que así el espíritu olímpico florezca verdadero y acoga a todas las personas.

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