Carta de un interno a los voluntarios

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pag15_movimientos_web-19.jpgTranscribimos literalmente una carta de un muchacho toxicómano que actualmente cumple condena en la cárcel de Navalcarnero que nos escribió a los voluntarios que vamos habitualmente a la cárcel.

Lleva bastantes años en prisión pero poco a poco va encontrando algo de luz para su vida. Pedro es un canto a la esperanza y al futuro. Gracias a personas como él cada día vamos descubriendo que merece la pena acompañarles porque es posible otro tipo de cárcel; y, sobre todo, que el Dios de la vida y de la misericordia nos visita en cada uno de ellos. En Pedro y en tantos otros se cumplen las palabras del Evangelio: “los publicanos y las prostitutas os precederán el Reino de los cielos”.

Al sentarme frente a este papel con la intención de plasmar en él mis vivencias gracias al voluntariado y la encomiable labor que desarrollan en el Centro Penitencial de Navalcarnero. Me asaltan las dudas de si seré capaz de reflejar en él la centésima parte de lo que estas personas, anónimas para la gran mayoría, cercanas -e incluso familiares-para algunos otros, hacen en este centro.

Yo tengo la gran suerte de encontrarme en este segundo grupo y, aunque suene paradójico, la calidad humana que he recibido por parte de ellos en esta cárcel tan solo la podría comparar con el cariño paternal.

Plantean su vida, su quehacer diario, contando con personas que, como yo, nos encontramos privados de libertad, para traernos a este lugar un poco de esperanza… Qué palabra tan bonita, ¡esperanza! Esperanza para saber que somos mejores personas de lo que nosotros mismos creemos y que podemos cambiar día a día para poder llegar a serlo. Esperanza de seguir creyendo en el ser humano y su buena voluntad y no en su mezquindad, algo que en estos lugares está tan a flor de piel.

Son tantos y tan buenos los adjetivos que podría usar para catalogar a estas personas voluntarias que esta carta sería muy extensa… así que me limitaré a dar las gracias. Pero no esas gracias de compromiso o educación que se dan entre dientes, sino unas gracias de todo corazón, desde lo más íntimo de mi alma… Brotan desde ella porque mi alma es mejor y más bonita desde que cuento en mi vida con estas personas.

No pondré nombres porque para mí todos los voluntarios que desarrollan esta labor tienen y merecen todos mis respetos. Pero quienes han compartido conmigo el camino en estos momentos difíciles ya siempre estarán en mi corazón.

“Bienaventurados los hombres de buena voluntad porque ellos heredarán el cielo”.

Me llamo Pedro y soy un canario muy lejos del mar, pero no estoy solo, pues cuento con personas que comparten mi soledad. Soy un reo cargado de sentimientos de culpa, pero puedo con ello porque otros me ayudan a cargar mi cruz. Soy un hombre lleno de vergüenza pero me están enseñando a contemplar también mi belleza.

Sé y siento que, desde que cuento con algunas personas en mi vida (y casualmente todas voluntarias), soy mejor persona cada día y la esperanza de serlo más y mejor mañana me motiva para seguir con fuerza adelante.

Desde aquí quisiera pedir, rogar, suplicar que no ceséis vuestra labor pues hacéis un gran y maravilloso bien. Y daros las gracias mil y una veces por todo el bien que hacéis a los que tenemos la suerte de encontraros en el camino.

“Porque tuve hambre, me disteis de comer
Porque tuve sed, me disteis de beber,
Porque tuve frío, me abrigasteis”.
Con todo mi corazón, gracias.

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