Armas por arados

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Foto. Renato Grisa.Isaías anunciaba un tiempo nuevo, en el que las lanzas se convertían en podaderas y las armas en arados, que son herramientas mucho más útiles, ¡dónde va a parar! Hoy también resultaría provechoso tal trueque aunque, personalmente, preferiría que no aumentaran las podaderas, que ya nos han podado más allá de nuestras posibilidades. ¡Arados, mejor arados! Los presupuestos públicos, sin embargo, no parece que hayan leído a Isaías, porque, en contra de lo que nos cuentan, el Ministerio de Defensa (¿de qué?) es, con gran diferencia, de los menos recortados.

Centre d’Estudis per la Pau J.M. Delàs, de Justícia i Pau, (www.centredelas.org) analiza cada año los gastos militares; el informe de 2012, “El Gasto Militar en España 2012. Una posibilidad para reducir la crisis”, firmado por Pere Ortega, pone negro sobre blanco estas cuentas. El Gobierno explicó que el promedio de disminución respecto a 2011 de los dineros de los ministerios es del 16’9%, pero el de Defensa (insisto, ¿de qué?) sólo mengua un 11%.

Resulta, pues, sorprendente que departamentos que afectan a derechos básicos o con trascendencia para la recuperación económica resulten más perjudicados: Sanidad y Servicios Sociales disminuye un 13’7% y Educación y Cultura, un 21’2%; Industria, Energía y Turismo cae un 31’9%; en Fomento, la obra pública retrocede un 18’4%, y las ayudas a la investigación en I+D retroceden un 25’6%.

No queda ahí la cosa: el 11% tampoco es real. Analizadas las cuentas militares con criterio OTAN, que aconseja sumar todas las partidas militares repartidas por otros ministerios y añadir los intereses de la deuda pública proporcionales al de Defensa, señala el informe que las cifras más que se duplican. Los presupuestos del Estado destinan a este Ministerio 7.411 millones de euros pero, hechas estas operaciones, resultan ser 15.834.millones, lo que significa que la disminución respecto al año pasado es del 6’95%.

Estas son las previsiones reales, pero no agotan los gastos militares. Sigue explicando el informe que una cosa es el gasto militar presupuestado y otra muy distinta el gasto real liquidado al cierre del ejercicio. A lo largo del año se van asignando considerables recursos a las partidas que han estado insuficientemente dotadas, procedentes sobre todo del Fondo de Contingencias, que es como se costean las misiones militares en el exterior. Por concretar: estas misiones tuvieron en 2011 un presupuesto inicial de 142 millones de euros, pero en realidad se gastaron 861. Lo mismo ocurre con buena parte de las inversiones en armas, donde al final del año se consumieron 582 millones de euros más que los inicialmente asignados.

En fin, que cuando el tiopaco (el de la rebaja: ¡no es una referencia histórica!) termina su tarea, la rebaja de la rebaja es más que notable. El presupuesto de Defensa del año 2011 se aprobó con una disminución confesa del gasto de 594 millones de euros, pero ahora sabemos –gracias al informe del Centre Delàs- que la liquidación provisional (aún no es definitiva) registra un incremento de 1.164 millones de euros sobre el total inicial, lo que representa un 6’75% de aumento; casi el mismo porcentaje (7%) que se anunció que menguaba. La realidad a veces es reversible. Es probable que termine pasando lo mismo en el presente ejercicio, pero lo que a estas alturas se sabe es que los gastos militares realmente presupuestados en el Estado español representan un recorte de sólo un 6’3% respecto a 2011, que significa el 1’6% del Producto Interior Bruto, el doble de lo que nos cuenta el propio ministerio. Bajando a cifras más comprensibles para quienes manejamos economías más domésticas, el conjunto de los españolitos y españolitas destinaremos cada día de 2012 al menos 46’6 millones de euros a estos guerreros quehaceres; es decir, 366 euros por cabeza al año.

Por encima de nuestras posibilidades

Un lema de esos que se corean en las manifestaciones reclamaba “los gastos militares p’a birras en los bares”; cuando consigamos (que solos no vienen) tiempos mejores, tal vez podamos volver a esta vieja reivindicación, pero ahora, con la que cae, conviene exigir otros destinos. El informe firmado por Pere Ortega señala que uno podría ser sanear las cuentas públicas a base de reducir el déficit y el endeudamiento. “Cómo hacerlo –explica- es sencillo, lo que se requiere es honestidad para explicar a la población los peligros y amenazas que se ciernen sobre nuestro Estado para mantener ese enorme gasto”.

Esa es la cosa, que las amenazas que cada día sentimos los seres humanos que formamos la población española real poco tienen que ver con soldados, cañones o aviones de combate. O sí; tal vez tienen mucho que ver, pero en sentido inverso. La naturaleza de las amenazas reales –paro, disminución de ingresos, recorte de derechos y servicios básicos, inseguridad económica y jurídica…- las hacen invulnerables a ejércitos y tanques, pero retraer fondos de marciales destinos e invertirlos en humanas necesidades y ciudadanos derechos mejoraría bastante nuestras condiciones de vida.

El informe del Centre Delàs propone algunas sensatas medidas, como disminuir el tamaño de “las fuerzas armadas, anular los contratos de los grandes Programas Especiales de Armamentos, eliminar la I+D militar y reducir la presencia de fuerzas armadas españolas en el exterior”. El ahorro así conseguido supondría entre 7.000 y 8.000 millones de euros anuales, que ayudarían a las arcas públicas a disminuir el endeudamiento y el déficit público y a salir de la crisis.

Hasta aquí, el informe. Bajemos ahora a nuestros bolsillos. Hay una manera bastante directa de hacer saber a los gobernantes que nuestras prioridades no son armas y soldados, sino justicia y derechos: recortar de nuestra declaración de la renta los gastos militares y dedicarlos a mejores fines. Es la objeción fiscal que cada año, con la primavera, suele visitar las páginas de alandar, invitando a decidir sobre lo que nos importa y nos corresponde. En www.grupotortuga.com/Campana-contra-el-Gasto-Militar, entre otros numerosos lugares virtuales, explican cómo hacerla. Es una manera de oponerse a guerrear por encima de nuestras posibilidades.

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