Allá donde la buena música no puede llegar

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La música es un alimento para el alma. Música de cualquier tipo, siempre que sea buena: esa forma de arte sublime, difícil, esforzado, que nutre nuestros espíritus y nos deleita en el día a día de mil maneras diferentes. Para ello nos ayudamos de grabaciones en múltiples formatos, pero nada sustituye a la vibrante experiencia de disfrutar de una buena pieza musical en directo.

Asistir a un concierto de música clásica, ya sea interpretado por una gran orquesta o por un cuarteto de cámara, es una experiencia inigualable que debemos regalarnos en algún momento. Es estar cara a cara con el sonido y con sus intérpretes lo que genera un suceso humano compartido y profundo que puede nutrirnos, transformarnos. Quien más y quien menos dispone en su entorno de la posibilidad de disfrutar de esta experiencia, aunque sea potencialmente, gracias a que sus recursos personales y físicos le permitirían asistir a una actuación dentro o fuera de su entorno cercano si así lo decidiera.

Sin embargo, existen muchas personas para las que acceder a la música clásica y disponer de una oportunidad para disfrutarla en vivo no es que suponga una dificultad, sino, muy a menudo, una misión imposible. Este es, precisamente, el público para el que hace ya más de 35 años se creó en el Reino Unido el proyecto Live Music Now, con el objetivo de llevar la música clásica en directo a aquellas personas que, por diversas razones, no podían acceder a ella. Aunque los públicos a los que se ha acabado dirigiendo se han diversificado en los últimos años, algunos de los principales destinatarios de esta organización son menores con necesidades educativas especiales y personas mayores, por ejemplo.

Para ello, Live Music Now ofrece becas de aproximadamente tres años a intérpretes de probado talento como una manera de ayudarlos al inicio de sus carreras. No se trata solo de llevar la música clásica en directo a contextos y públicos que inicialmente no podrían disfrutarla, sino también que sea una música de mucha calidad. La organización tiene en cuenta, en el riguroso proceso de selección al que somete a los intérpretes, que sepan “combinar un talento musical excepcional y la habilidad de comunicar y establecer una relación con los participantes”.

Una cellista en Alemania

Live Music Now se ha extendido también a otros países y trata de beneficiar cada vez a más destinatarios. Entre las personas que han disfrutado de este programa de ayudas encontramos también a jóvenes españoles que, lejos de sus casas, van forjándose paso a paso una sólida carrera musical. Tal es el caso de Cecilia Rubio, quien disfrutó durante tres años de este programa de becas en Alemania, donde vive en la actualidad. Esta licenciada en psicología, formada también en el Conservatorio Superior de Salamanca, recaló definitivamente en la ciudad de Münster, donde vive desde hace cinco años. Allí da clases de cello, dirige dos orquestas de niños y da conciertos con algunas agrupaciones fijas. También da clase a Tobias, un joven con discapacidad intelectual que aprende música mientras va adquieriendo nuevas capacidades. La música le hace feliz y para él es importante cualquier actividad en la que enseñe al mundo que él «sí que puede».

Cecilia nos ha descrito su experiencia con Live Music Now, esta forma particular de facilitar la formación de jóvenes talentos permitiendo a públicos con dificultades de algún tipo para acceder a la música clásica que no se pierdan esta experiencia, aunque sea durante una tarde.

Durante sus años de becaria, Cecilia tuvo la oportunidad de entrar en contacto, a través de los conciertos, con entornos ciertamente diversos: residencias de ancianos, cárceles psiquiátricas, colegios de educación especial, fábricas con trabajadores en riesgo de exclusión social, hospitales, centros para personas sin hogar… Los músicos tocan en diversas agrupaciones, según les necesiten, y adaptan el programa a las necesidades del público. Y también a los recursos del centro, pues a veces no hay un piano disponible o tocar música a un volumen demasiado fuerte resultaría inadecuado.

Una experiencia de encuentro

Tratar con públicos a menudo institucionalizados, marcados por la dependencia o la exclusión, permite contactar con reacciones peculiares pero también marcadas por la belleza o la ternura, dentro de ese marco musical que ofrece una oportunidad para abrirse al mundo y a una parte profunda de uno mismo. “En todos los colegios de educación especial donde hemos tocado, los niños se levantaban en las obras más rítmicas y se ponían a bailar tan contentos”, comenta Cecilia, “No es habitual que el público se levante para bailar ‘música clásica”.

Además, llama la atención el contraste que puede darse entre unas situaciones y otras. “Solo acceder a determinados lugares y personas ya impresiona. En una cárcel para hombres en Dortmund gritaban como si estuvieran en un concierto de rock en un estadio. Hemos visto a enfermos de alzheimer, que no reconocen a nadie de su familia, salir de pronto de su aislamiento y cantar con nosotros (por ejemplo, villancicos o canciones populares). Los pacientes algo nerviosos se calman durante los conciertos; los tristes, se alegran… La espontaneidad también sorprende”.

También está, a menudo, la petición de repetir. “Un día una tutora de la organización nos llamó a un clarinetista, a una acordeonista y a mí para tocar en una cárcel psiquiátrica”, nos relata Cecilia, “Elegimos un programa con obras representativas de diferentes países, a modo de ‘viaje por el mundo’, incluyendo algunas muy festivas (como el Klezmer, música tradicional judía). Funcionó tan bien que, desde entonces, nos llamaron principalmente para tocar en ese tipo de cárceles”.

La capacidad de adaptación es importante para realizar esta tarea. Una vez tocaron en un hospital sin ver al público, sino que la actuación era retransmitida por televisión a cada habitación. “Dependiendo de cómo fuera el público, explicabas lo que ibas a tocar a continuación de una manera o de otra. A veces no habían visto nunca un violoncello. Otras, son entendidos en música (topamos con varios en residencias de ancianos) y demandan otro tipo de información”. De ahí el interés de la organización por hacer de la interacción con el público y el establecimiento de un intercambio productivo con él una de las bases para participar en el programa: “Lo que más les gustaba era que contáramos alguna anécdota personal o por qué habíamos elegido esa obra. Al final de los conciertos siempre estábamos disponibles para todo aquel que quisiera charlar con nosotros. La mayoría se acercaba para darnos las gracias y pedirnos que volviésemos. Otros nos contaban qué era lo que más les había gustado y por qué”.

Uno se pregunta qué puede observarse en los ojos de esas personas que asisten al concierto, qué es lo que transmiten. La respuesta de Cecilia es clara: “Sobre todo mucha gratitud. Para la gran mayoría es un momento de felicidad, tranquilidad… Lo que piensan exactamente no podemos saberlo, pero era emocionante ver cómo les cambiaba la expresión según empezábamos a tocar”. Tranquilidad, disfrute y desconexión de los problemas es una parte importante de lo que las personas asistentes reciben de este intercambio. Son beneficios no solo para pacientes, sino también para quienes les cuidan y las personas que trabajan en los centros en los que se celebran los conciertos, ya que asisten también a ellos y pueden observar sus efectos beneficiosos.

Tocar fuera de casa

La situación económica de nuestro país es muy difícil, desde hace ya demasiados años. Esto está provocando un progresivo éxodo hacia el exterior de numerosos profesionales, jóvenes en su mayoría, que intentan desarrollar en otros países los proyectos que se ven incapaces de llevar a la práctica de una manera seria y digna en España. Tal es el caso de quienes se dedican a la música clásica. Un reportaje de El Mundo se hacía eco el mes pasado de las diferencias en cuanto a la protección y tratamiento de la música clásica entre algunos países de nuestro entorno (Alemania, Viena, Holanda) y España. Algunas respuestas no se han hecho esperar.

Preguntamos a Cecilia por este tema y trata de ser ecuánime sin eludir sus reivindicaciones: “No estoy de acuerdo con que en España no hay buenas orquestas, pero es difícil tener calidad si nadie te apoya y todo es a coste personal, la gente cumple el expediente y el resultado da igual, porque no se siente valorada”. La política de subvenciones, mecenazgos, donaciones privadas aligeradas en sus impuestos sí está más extendida en Alemania que en España, según nos cuenta ella.

Sin embargo, Cecilia no se considera una exiliada económica. Ya desde que inició el Grado Superior de Música en 2007 planeaba ir a Alemania para ampliar su formación (lo que, según ella, es una deseo muy normal y lógico en un músico). Su trabajo de estos años ha ido dando sus frutos y afirma que no le ha supuesto un esfuerzo quedarse allí y que nunca lo ha visto como un castigo a causa de la crisis. Considera que para alguien que se dedica, como ella, a la música, la vida en Münster es muy interesante y agradable. “Es fácil entrar en contacto con otros músicos y siempre tengo en mente nuevos proyectos”.

Lejos de idealizar la situación de Alemania, Cecilia trata de poner las cosas en su sitio a su manera, tal y como hace con la situación española: “Vivir de la música no es fácil en ningún país pero, obviamente, un ambiente cultural rico ayuda. Alemania tampoco es el paraíso. No basta con venir aquí y esperar a que alguien te llame para tocar. Es una lucha constante pero, ¿en España sería peor? La verdad es que no sé cuánto”. Para que la música pueda crearse, interpretarse y que la mayor parte de la gente la disfrute, tanto si tienen dificultades para ello como si no, hacen falta que muchos factores que se retroalimenten de manera positiva. Las políticas de apoyo a la cultura son algunos de ellos. “Aquí hay mucha tradición y demanda de conciertos. El interés por la música clásica es mayor, hay más orquestas, más conciertos, esto a su vez genera más público e interés… Y el IVA cultural es del 7% (en lugar del indecente 21% de España)”, sentencia, sin dudarlo, Cecilia.

Efectivamente, tanto si “tocas” dentro como si “tocas” fuera hay que aprender que nada es ideal. Toda búsqueda tiene sus renuncias y exige sus pequeños y grandes ajustes, igual que cada concierto de Live Music Now tiene que amoldarse a las características de su protagonista: el público. Le preguntamos por ello a nuestra entrevistada, una cellista que “vive en gris” lejos del sur pero que tiene una vida llena de música y de nuevas buenas amistades. “Lo mejor de vivir fuera es conocer otra cultura y a gente muy interesante, la sensación de independencia y de superación (de complicadas pruebas de acceso al conservatorio, conseguir quedar la primera en una entrevista de trabajo, resolver ciertos problemas cotidianos sin ayuda… y todo en otro idioma que desconocía antes de llegar). Lo peor es no poder ver a tu familia y amigos siempre que quieras. La sensación de no poder estar allí enseguida si te necesitan. Y la falta de luz y sol”.

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