Al Norte de la Utopía

movimientos3.jpgMiguel, Antonio o Ana son algunos de las miradas más inocentes de la Zona Norte de Granada, la parte de la ciudad más castigada por el paro, la droga y el olvido de las administraciones. Miguel, Antonio o Ana son ajenos a un mundo que les deja poco espacio a los hijos de presos, a los hijos de la exclusión. En su barrio de Almanjáyar han encontrado un hueco donde no sólo son aceptados, sino que también son felices. El párroco de la iglesia de Almanjáyar, Juan Carlos Carrión, ha dejado el espacio destinado al culto en un pequeño habitáculo y le ha regalado a los niños, las mujeres y los ancianos muchos metros cuadrados de la parroquia para que puedan disfrutar de un centro de día, un salón multiusos de juegos, una biblioteca o una sala informática.

En este espacio se atiende a todas esas personas olvidadas por la Administración, que no pueden acceder a un centro de día público, o las mujeres que tienen la oportunidad de desarrollarse lejos del yugo del macho que sólo las quiere en la cocina, o los peques que tienen la suerte de crecer ajenos a una dura realidad que les rodea. La utopía existe y Carrión cree en ella. “Aquí las misas las celebramos en familia, sentados en una mesa de camilla. Lo importante es el trabajo del día a día y eso es lo que esta comunidad de parroquianos tratamos de conseguir”. Detrás de esta iglesia, de ladrillo visto, se suceden las plazas de Almanjáyar, las hogueras que calientan el desconcierto de muchos adolescentes apocados en las esquinas.

Un taller de forja en crecimiento

Esos jóvenes de mirada perdida fueron el quebradero de cabeza de otro cura de esta Zona Norte de Granada, Manuel Velázquez, quien decidió habilitar un espacio en su parroquia de las Mercedes para enseñar el arte de la forja a esos menores objetores de las escuelas y adictos al fracaso escolar. Una manera de recuperar o de sacar de la calle a quienes están en ella por no tener otro sitio mejor donde ir. Aquel taller de forja fue creciendo… en todos sus sentidos. Y hoy, gracias también a la colaboración de Cáritas Diocesana, Velázquez ha podido montar otro pequeño taller de encuadernación que lo conduce un africano. Porque la otra pasión de este sacerdote son los desheredados del capitalismo, los sin papeles, y los parados. No sólo ha sacado a adolescentes de la calle enseñándoles un oficio; los árabes, senegaleses o rumanos copan la parroquia una tarde en semana para aprender castellano. Curiosamente, la mayoría de ellos, proceden de otras confesiones religiosas. Jesús nunca pidió el DNI a sus seguidores.
Julio, lo apodan también el ‘bailarín’ sus más amigos, es otro de los sacerdotes de esta parte obrera y humilde de Granada. Su iglesia está en el área más deteriorada del barrio de Cartuja, por delante y por detrás está rodeado de puntos donde se trafica con casi todo. Él ha sido uno de los impulsores de una plataforma ciudadana nacida hace cuatro años para recordar a las instituciones públicas que los vecinos de la Zona Norte también existen. Siempre dice que los políticos asoman por allí cuando hay campañas electorales, mientras tanto… la vida del barrio se rige por la ley del más fuerte. Además, anima a los gitanillos de Cartuja a explotar sus virtudes como bailarines o cantaores.
Los tres curas, junto con otros del entorno, firmaron un escrito el pasado mes de noviembre anunciando que donarían su paga extraordinaria de Navidad para calmar las necesidades de los parados de esta parte de Granada, donde el 40% de sus 40.000 vecinos están sin trabajo. Cuatro de cada diez, y es la barriada más joven de la ciudad, por la edad media de sus habitantes: hay más niños que mayores de 65 años.

El paro impulsa la creatividad

Precisamente el problema del paro ha llenado estas parroquias de iniciativas para ayudar a sus vecinos a encontrar un empleo. Carrión dispone de un tablón de anuncios y bolsa de empleo donde se van recogiendo las posibles ofertas de empleo. Velázquez ayudó a crear una asociación de parados quem tras un año de funcionamiento, ha logrado arrancar de la Junta de Andalucía un plan de empleo para el barrio y adquirir una furgoneta para dar portes. Sin olvidar que el presidente de este colectivo, Santiago Cortés, estuvo encerrado en la iglesia de las Mercedes, más de dos meses en huelga de hambre para evitar que el banco le embargara su piso y le dejara en la calle con su mujer y dos hijos. Al final logró su objetivo. Emotivo fue el día que abandonó su protesta y tomó la comunión en una iglesia abarrotada de gente.
Son los caminos de la utopía, de la esperanza, de la fe en el género humano, de la fe en un Jesús que siempre se fijó en los últimos para enseñar el rostro de Dios, de la felicidad y el amor. Aquí, en una de las zonas más deprimidas, estos sacerdotes han optado por el camino que hace Iglesia desde los hechos y no por ese otro que se pierde en palacios y recovecos medievales donde resulta casi imposible estar, creer y confiar.

La solidaridad sembrada desde sus parroquias salpica a sus vecinos de una forma bestial. Hay mucha gente en este rincón de Granada que lo ha perdido todo con esta maldita crisis. Todo menos el corazón. Los vecinos saben bien quiénes pueden o no llenar la cesta de la compra. Y son cada vez más frecuentes las recolectas para llevar alimentos a quien no puede comprarlos. Incluso los platos calientes de comida circulan de puerta a puerta. Se practica, sobre todo, con quienes tienen más problemas para reconocer su difícil situación personal. Aquellos que siempre han gozado de un trabajo y ahora no tienen salario ni prestación. A ellos y ellas, les llegan muchas cestas de la compra de forma anónima. Muchas de estas parroquias están detrás de esas bolsas de comida. Es el rostro de un tal Jesús, la humanización de Dios, la solidaridad… Mientras tanto, nuestra respetada Conferencia Episcopal anda preocupada por la ex comunión de los políticos católicos que apoyaron la última reforma de La Ley del Aborto, o el Vaticano de procurar su acercamiento con los anglicanos.

Los curas de la Zona Norte de Granada, en su gesto solidario de ceder la paga extra de Navidad, le pidieron al arzobispo de la ciudad, Francisco Javier Martínez, que siguiera el ejemplo y repartiera la suya entre la gente más necesitada. No hubo contestación. Al menos, los pequeños Miguel, Antonio o Ana saben que al Norte de Granada existe la utopía y ella es la encargada de sembrar esperanza entre tanta desazón. Hay otra forma posible de hacer Iglesia, de vivir en este mundo.

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