Julio Lois: Una vida coherente

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Aunque ya hace unos días de la muerte de Julio Lois no quiero dejar de ponerle unas líneas desde este blog.
Julio fue uno de los primeros colaboradores e impulsores de alandar. Participó en la elaboración de dos de los tres Catecismos alandar y siempre fue el amigo que estaba ahí para lo que pudiésemos necesitar.
Ya se ha escrito en algún gran medio y se seguirá escribiendo sobre él, se lo merece.

Yo en estas sencillas líneas solo quiero subrayar una cosa. Tuve la suerte de tenerle como profesor en el Instituto de Pastoral en Madrid y desde el primer momento le envidié. Si, le envidié con una envidia muy sana, esa forma serena y apacible que tenía de decir las cosas más serías y controvertidas. No dejaba de decir aquello que quería, aunque no fuese del agrado de quien escuchaba, y lo decía sereno y con esa sonrisa que mantenía de forma casi continuada.

Julio también escuchaba y no entraba en descalificaciones. En una ocasión y con motivo de unos insultos contra mi persona, yo estaba muy dolida y dispuesta a una buena defensa. Julio me dijo.»Déjalo no merece la pena entrar en estar discusiones que no llevan a nada». Y es verdad, lo he ido aprendiendo a lo largo de la vida. Siempre hay alguien dispuesto a juzgarnos y a decirnos lo que tenemos y no tenemos que hacer, lo que deberíamos haber hecho y no hicimos, pero lo más importante es hacer lo que queremos hacer, en coherencia con nosotros y nosotras mismas. Y seguir avanzando, como Julio lo hizo.

Gracias Julio por tu coherencia de vida y por haber podido compartir una pequeña parcelita de ella.

Autoría

  • Charo Mármol

    Nací hace ya mucho tiempo en la huerta murciana. Cuando apenas daba los primeros pasos me trajeron a Madrid y aquí se ha desarrollado toda mi vida, personal, académica y profesional. Hoy estoy felizmente jubilada y jubilosa. Gracias a mi profesión, comunicadora, he tenido la oportunidad de viajar bastante: América, África, Asia, Europa… he conocido distintas culturas, distintas realidades… y según iba aumentando mi conocimiento, iban cayendo mis seguridades, esas que cuando eres más joven te hacen creer que son inamovibles y las únicas verdaderas. He visto de primera mano las injusticias, las desigualdades… por tener distinto color de piel, distinta opción sexual, por ser pobre y sobre todo por ser mujer. A lo largo de mis ya muchos años me he encontrado con mucha gente buena que trabaja por otro mundo posible y distinto. A ellas y ellos uno mi voz y mi trabajo, en la iglesia y en la sociedad, antes y ahora. Hasta que el cuerpo aguante.

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