Padre Nicodemo con su clase de 6ºA. Nótese cómo todos los alumnos esconden el móvil entre las manos para que no se lo pille el padre cura.

Si la vuelta al cole suele ser complicada y estresante, y este año más por el COVID, ¿se imaginan cómo ha sido la vuelta al seminario? El paso de las vacaciones a las vocaciones ha sido terrible para las familias de los futuros sacerdotes debido a lo difícil de la situación y a la falta de organización.

Mientras todas las administraciones se afanaban en planificar con semanas la vuelta al cole (contratando profesores, mejorando instalaciones y estableciendo protocolos con muchísima antelación), nadie se preocupaba por los seminarios. El 8 de septiembre los seminaristas se presentaron con sus sotanas y carteras de Spiderman a la espalda sin saber cómo se les presentaba el curso. Y estas semanas no han sido nada fáciles para ellos.

Así, el director del Seminario Conciliar de Madrid se quejaba de que las medidas que imponía la Consejería de Educación eran difícilmente aplicables. En declaraciones para Alfa y Omega (ya que a nosotros no nos concede entrevistas) ha dicho: “Primero nos pidieron que redujéramos el número de seminaristas en el aula y les tuvimos que explicar que, si reducíamos el número habitual de seminaristas, no iba a quedar nadie. Después pidieron que aumentásemos el número de profesores y les dijimos que ya no quedaban sacerdotes en el paro, que había que importarlos, pero la mayoría de los países actualmente prohíben estos viajes. Luego nos pidieron grupos burbuja y aclaramos que ya trabajamos con un modelo de grupos burbuja. Así que al final tuvimos que optar por enseñanza semipresencial”. Ahora los seminaristas están yendo tres días por semana y el resto hacen las actividades que les piden los profesores. “Mucho no se lo curran. Al final siempre es un enlace a un podcast de Radio María”, dice Antoñín, uno de los seminaristas.

Pero esto no está siendo duro solo para los propios afectados. Sus padres también se quejan, puesto que reconocen que la fe no se aprende igual en casa que en el seminario, y añaden que muchos de estos chicos son más rebeldes e irrespetuosos en casa. Federico Guzmán es padre de uno de estos seminaristas y accedió a darnos su opinión cuando le dijimos que éramos de Alfa y Omega: “Esto es muy difícil para nosotros. Les tenemos que explicar las lecciones y la mayoría no somos sacerdotes, por lo que nos resulta muy difícil. El otro día, por ejemplo, le tenía que explicar a Antoñín el análisis sintáctico de la frase siguiente: << Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros>>. Y por lo visto no se lo expliqué bien porque << el Verbo>>  es el sujeto y el verbo es <<habitó>> y yo le había dicho que el verbo es el que habitó entre nosotros. Un lío. Y ahora le piden que escriba una oración subordinada adverbial y no sé si vale el gloria.” Para comprobar si el problema de Federico es generalizado, decidimos preguntar al hampa. Solo nos cogieron el teléfono para decirnos que ellos son un conjunto de personas que viven de forma marginal cometiendo acciones delictivas de manera habitual, que probablemente nos habríamos equivocado y queríamos hablar con el AMPA, sin hache. Efectivamente, lo que buscábamos era la asociación de madres y padres de alumnos, pero los muy rojeras no nos quisieron atender por ser de Alfa y Omega.

Hoy en día la Consejería de Educación trabaja (y no es broma) para que los seminaristas no dejen de adquirir las competencias básicas. “Sabemos que es un curso difícil, pero estamos poniendo todos los medios para que salga una nueva promoción de sacerdotes a su debido tiempo”. El asunto es de vital importancia ya que si las administraciones siguen trabajando como hasta ahora para controlar la pandemia, van a hacer falta muchas extremas unciones.