Una semana ecológica y solidaria difícil de olvidar

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-	Una oración durante el encuentro de donde se mezcló la espiritualidad con la conciencia medioambiental. “El lujo pulula junto a la miseria”, constataba el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes… En nuestra primera jornada, la película Home se encargó de ponernos al día sobre las dimensiones planetarias que ha llegado a alcanzar aquel “abismo desolador” que se vislumbraba ya en la década de los años 60. Fue una primera sacudida, a la que seguirían otras en esta «Semana de Vida Consagrada en clave ecológica y solidaria», que ha tenido lugar en Valladolid del 21 al 28 de julio.

Ahora, ¡es demasiado tarde para ser pesimistas! Urge el cambio de hábitos en nuestra forma de vivir. Aunque ninguna de las 20 participantes íbamos vestidas con “hábito”, había entre nosotros diez congregaciones religiosas diferentes. Y todas las participantes, todas –pues no hubo ninguno de la vida religiosa masculina– reconocimos que nuestro estilo de vida se había sentido “tocado” en este encuentro.
En palabras prestadas que tuvimos ocasión de meditar:

Ahora ya lo sabemos. Todo está relacionado. Si no queremos que otros mueran como mueren, debemos dejar de vivir como vivimos.

Todo está relacionado: la manera que tenemos de desplazarnos, de producir y transportar los alimentos que comemos. La ropa que vestimos. La polución atmosférica. El agotamiento de suelos, acuíferos y océanos. El deshielo de la Antártida. El cambio climático y la pérdida acelerada de la biodiversidad. Los cada vez más frecuentes “desastres naturales”, que sufren sobre todo los más pobres.

Todo está relacionado: El uso que hacemos del ordenador, del móvil y demás aparatos electrónicos. Los criterios con los que nuestro dinero se gasta y pasa por nuestra cuenta corriente. El cinismo de los gobernantes y la pasividad de los gobernados. La pérdida de derechos civiles que tanto nos costó conquistar. El auge de la información deportiva y la exaltación del fútbol. La creciente concentración de la riqueza en cada vez menos manos. La indiferencia internacional ante gobiernos totalitarios, salvo cuando se trata de países ricos en recursos naturales…

Taller de cocina ecológica. En la evaluación final coincidimos: la semana había superado con mucho nuestras expectativas. Hemos valorado los contenidos, los talleres, las celebraciones y las experiencias que ya están en marcha, así como el testimonio de tanta buena gente que hemos conocido. No ha habido en ningún momento un doble discurso entre teoría y práctica: hemos querido vivir en la práctica durante esos días lo que el itinerario de contenidos nos iba sugiriendo. Para ello, el lugar ha sido idóneo: la Escuela Agraria INEA, de los jesuitas, en un entorno rural bañado por el río Pisuerga a las afueras de Valladolid (con acceso en autobús urbano), con abundantes huertas de producción ecológica que tuvimos la oportunidad de conocer ¡y de trabajar! Además de la propia huerta de INEA, de la que nos nutrimos esos días, trabamos contacto con algunos de los veteranos que cultivan las parcelas que la Escuela, en colaboración con el Ayuntamiento, pone a su disposición. Este carácter teórico-práctico ha favorecido nuestra toma de conciencia y ha despertado en nosotras el deseo de “enREDarnos” en lo que ya es evidentemente posible.

Todo lo que hemos visto estos días tiene que ver con todo y con nuestra forma de estar viviendo en este planeta en el que cada día mueren 40.000 personas de hambre. Nos ha quedado claro que el principal atentado histórico contra la soberanía alimentaria ha sido el monocultivo: los países del Sur han perdido su capacidad de alimentarse porque sus mejores tierras se dedican cada vez más a la exportación. El 73% de los cereales utilizados en España van destinados a la alimentación animal. Habiendo personas desnutridas, es inmoral engordar el ganado con alimentos aptos para el consumo humano. Con el agravante de que en la conversión del alimento vegetal en carne animal hay una notable pérdida nutricional: para producir 1kg de ternera se necesitan 9,5 kg de pienso… Entramos así en las nuevas dimensiones de la abstinencia de carne –¡todo un tema que aquí no cabe!– poniendo en práctica durante esa semana una forma de dieta vegetariana y ecológica.

Las personas que participaron en el encuentro de este verano. ¿Qué podemos hacer? Es la pregunta que nos hemos hecho y respondido en cada uno de los talleres: de cocina responsable, de jabones caseros, de masajes, de residuos. Algunas respuestas las hemos contestado viviéndolas intensamente en el devenir cotidiano, mientras cocinábamos cada día sin carne ni pescado, usábamos jabones y productos de limpieza caseros, aprendíamos a vivir felices con lo suficiente, usábamos el transporte público, cuidábamos residuos y envases, recolectábamos en la huerta ecológica las verduras o el postre, vivíamos en comunidad rezando juntos, compartiendo nuestras experiencias o contrastando nuestras opiniones.

Otros días, la respuesta se nos regalaba hecha vida en los maestros y maestras que compartían con nosotros cómo están haciendo ellos la conversión de su modo de vivir. Casi parece increíble la cantidad de colectivos sociales de Valladolid que nos ofrecieron de forma directa su experiencia: Red Íncola, cooperativa Come Sano Come Justo, Stop Desahucios, Portillo en Transición, Ecologistas en Acción y Fiare. ¡Cuánta buena gente poniendo en práctica estilos de vida en conversión!

Gracias especiales a José Eizaguirre y a Vicente Felipe, porque no dejaron ningún cabo suelto. A Félix Revilla, que estuvo pendiente de nosotros en todo momento. Y gracias a todo el grupo por el clima de alegría y participación que supimos mantener. Supongo que esto ha sido solo el principio.

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