Un nuevo modo de ser Iglesia

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pag10_iglesia_web-11.jpgEn América Latina, las comunidades cristianas de base empezarán a definirse como “un nuevo modo de ser Iglesia”. Al acentuar la convivencia horizontal y de pequeño grupo, viven la vocación eclesial (el ser Iglesia) de una forma propia y nueva. Pero, poco a poco, las cebs (comunidades eclesiales de base) han descubierto que, para ser un nuevo modo de ser Iglesia, necesitan ayudar toda Iglesia, en su conjunto, a vivir su misión de una forma mueva. Es necesario que la Iglesia tenga un nuevo modo de ser para que un grupo determinado pueda vivir una forma nueva de inserción eclesial. Eso puede parecer un juego de palabras, pero no lo es. Es una reflexión que viene del Concilio Vaticano II, del que ahora celebramos los 50 años, en el deseo de que aquella primavera vuelva para la Iglesia y para el mundo. Durante este año de 2013 me propongo profundizar con ustedes en algunos puntos de la renovación del Concilio que aún son actuales. El primero es un elemento eclesiológico: el Vaticano II ha devuelto a la Iglesia la conciencia de ser comunidad de discípulos y pueblo de Dios.

Hasta hoy, algunos sectores de la jerarquía tienen miedo de usar la palabra pueblo. La consideran por demás sociológica y cargada de contenidos igualitarios. Pero es una expresión bíblica y el Concilio la asumió para afirmar una Iglesia inserta en el mundo, compuesta de hermanos y hermanas con derechos iguales y constituida como asamblea reunida en nombre de Dios. En un famoso discurso al Concilio, el papa Pablo VI preguntaba: “Iglesia, qué dices de ti misma?”. Podemos hoy rehacer esta pregunta interrogándonos sobre la imagen que la Iglesia da de sí misma al mundo. Al ver las ceremonias del papa en el Vaticano, reproducidas por la televisión, al leer las declaraciones actuales emanadas de la mayoría de los obispos, ¿qué imagen puede tener la juventud de hoy de la Iglesia?
La sociedad actual tiene como una de sus características el cambio. Es una sociedad de permanentes innovaciones. ¿Cómo una sociedad que vive esa cultura puede comprender una Iglesia que tendría por naturaleza exactamente mantener las tradiciones y no cambiar nada? En la época del Concilio, el papa Juan XXIII hizo la distinción entre la gran Tradición (con “T” mayúscula) y las tradiciones (con “t” minúscula). Propuso el adjornamiento, o sea, la actualización para hoy, también de tradiciones venerables.

El Concilio dio criterios importantes para la renovación eclesial, pero no tuvo tiempo de elaborar las reglas y medidas necesarias para ponerla en práctica. Por eso, desgraciadamente, su espíritu fue traicionado y hoy amplios sectores de la jerarquía y de la cúpula eclesiástica se pronuncian contra el espíritu transformador del Concilio. Es hora de que los grupos de base retomen un nuevo modo de ser Iglesia para ayudar toda la Iglesia, desde las bases, a renovarse y constituirse como un nuevo modo de ser Iglesia.

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